El Nietzsche más desconocido: vida y poesía

Busto NietzscheFriedrich Nietzsche suele ser (re)conocido por obras como El Anticristo, La genealogía de la moral, Aurora o El origen de la tragedia. Sin embargo, su producción no se ciñe a la colección de escritos canónicos que en el ámbito académico suele estudiarse. Además de la ingente publicación de sus fragmentos póstumos y de su ferviente actividad epistolar, el pensador alemán compuso una cantidad nada desdeñable de poemas de la que, gracias a la labor de Laureano Pérez Latorre, hoy podemos disfrutar en el volumen Poesía completa (publicado por Trotta).

Aunque en los textos de Nietzsche es posible rastrear una clara relación con los distintos avatares de su biografía, es sin duda en sus composiciones en verso donde mejor podemos descubrir a un Friedrich del todo íntimo, que abre no sólo su intelecto, sino su corazón, al posible lector, a quien comunica sus inquietudes, miedos y deseos. Sin embargo, como apunta Pérez Latorre, no debemos pensar que sus poemas respondan a un mero desahogo anímico, ni mucho menos que constituyan “la sede de su auténtica personalidad”. Nietzsche elige el verso para comunicar ciertos pensamientos porque la prosa le resulta en ocasiones insuficiente para expresar los movimientos de su siempre convulso espíritu.

… tortuosos van grandes hombres y torrentes, / tortuosos, pero hacia su meta: / su mayor valentía / es no temer los caminos tortuosos.

En una de las poesías que el autor alemán redactó para La gaya ciencia, observamos, por ejemplo, el fuerte influjo que la (im)posible reconciliación de los contrarios (doctrina de Heráclito que tanto repercutió en el Nietzsche más maduro) ejerció en el devenir de su constitución personal y filosófica. “Toda felicidad en la tierra —escribía Nietzsche— / amigos, el combate la otorga. / Sí, para convertirse en amigos / se precisa el humo de la pólvora. / Los amigos son uno en tres casos: / hermanos en la necesidad, / iguales ante los enemigos, / y libres… ¡ante la hora final!”.

Juego del mundo, imperioso / mezcla ser y apariencia: / ¡dentro nos mezcla a nosotros / la perpetua demencia!

A pesar de esta dinámica vital (en apariencia insondable), en la que el contraste y la lucha resultan componentes comunes, Nietzsche considera la poesía como un híbrido a caballo entre el arte y la filosofía que, al emplear las palabras justas con la sonoridad adecuada, puede aventajar incluso a la ciencia a la hora de descubrir los territorios más ocultos del alma humana. Al igual que el superhombre al que invocara en sus escritos, nuestro protagonista quiere instituirse como prototipo de creador total. Un aspecto globalizador, el que encierra la poesía, que la convierte en un instrumento del todo adecuado para expresar y comunicar la pluralidad, siempre multivalente, de la realidad. Y es que, cuando se ama el abismo —como anota en uno de sus poemas—, es preciso tener alas. Por su parte, la filosofía (o la ciencia, en cualquiera de sus vertientes) carece en ocasiones de los elevadores adecuados para adentrarse, o arrojarse, en el enrevesado abismo donde campan a sus anchas las corriente anímicas.

¡Arroja al fondo tu pesadez! / ¡Olvida, hombre, olvida! / ¡Divino es el arte de olvidar! / Quieres volar, / quieres ser un nativo de las alturas: / ¡arroja tu mayor pesadez al mar! / ¡Aquí está el mar! ¡Arrójate al mar! / ¡Divino es el arte de olvidar!

Nietzsche poesía completaEn este conjunto de poemas, magníficamente traducidos por el profesor Pérez Latorre en la imprescindible edición bilingüe de Trotta, es posible localizar la mayor parte de los episodios —algunos más turbios, otros más solaces— de la vida de Nietzsche: los amores imposibles con Suzette Gontard o Cosima Wagner, la soledad personal e intelectual a la que se sometió (no siempre voluntariamente) durante largos años, la incomprensión ante amigos y estudiosos o, incluso, ciertas visiones sobre su futura y fatal enfermedad. Circunstancias que el pensador siempre asumió bajo la creencia, nunca confesada (pero del todo sentida), de una suerte de Providencia que, a fin de cuentas, convertía la casualidad en causalidad: “Te sigo, destino! Y aunque no quisiera, / entre suspiros tendría que hacerlo”.

Como se apunta en el prólogo, es sin duda la mujer uno de los puntos de atención de Nietzsche en sus poemas. Y es que hay que tener en cuenta que los intentos amorosos de Nietzsche, desde los más tempranos a los más postreros, estuvieron siempre abocados al fracaso. Además, como recuerda Pérez Latorre, la dependencia emocional que Nietzsche mantuvo durante toda su vida con su madre y su hermana fue sin duda “difícil de sobrellevar para un espíritu tan orgulloso como el suyo”. A pesar de este dato, en estos poemas Nietzsche se muestra más atemperado que en sus ensayos más clásicos, donde la misoginia hace acto de presencia más claramente. En estos escritos, como decimos, la posición ante la mujer parece más moderada, e incluso en ocasiones amable.

Dice el dolor: ¡pasa pronto! / Mas todo gozo quiere eternidad, / ¡quiere profunda, profunda eternidad!

Un volumen imprescindible para entender la desazón y turbaciones de un espíritu siempre en conflicto consigo mismo que hubo de bregar con multitud de inquietudes en una seca y dura soledad, en el que encontramos a un Nietzsche contundente, pero siempre comprensivo con los problemas más acuciantes del ser humano.

No quedes en la llanura; / no subas hasta la cima. / En la mitad de la altura / más bello el mundo se estima.

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3 comentarios en “El Nietzsche más desconocido: vida y poesía

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