Entrevista a Rafael Argullol: “Todo nuestro arte es una captación de la muerte y una protesta contra la muerte”

Rafael ArgullolRafael Argullol, profesor en la Universidad Pompeu Fabra de Barcelona y catedrático de Estética y Teoría de las Artes, es uno de los ensayistas (La atracción del abismo, El Héroe y el Único), narradores (Devalú o el dolor, La razón del mal, Pasión del dios que quiso ser hombre) y poetas (El afilador de cuchillos, El poema de la serpiente) más reconocidos de la escena cultural española y europea. Sus obras, además de encerrar una brillante altura erudita, atesoran una calidad en su prosa irresistible tanto para especialistas como para legos, lo que convierte a sus muy numerosos libros en auténticos referentes estilísticos de muy placentera lectura. Argullol es, sin duda, un clásico contemporáneo. Hablamos con él sobre filosofía y arte, con ocasión de la publicación de uno de sus últimos ensayos en Acantilado: Maldita perfección. Escritos sobre el sacrificio y la celebración de la belleza.

Comienza Maldita perfección (Acantilado, 2013) con una apelación al dictado délfico “conócete a ti mismo”. Un verbo en reflexivo, “conocerse”, que propone enfrentar o complementar con “reflejarse”. ¿Qué encierra el arte de autoconocimiento? ¿Es lo mismo conocerse que verse reflejado en las propias obras?

Creo que de la misma manera que es imposible reflejarse, también es imposible conocerse en términos absolutos. Si fuéramos un único rostro o si fuéramos un único yo quizá fuera posible este tipo de realización, pero como estamos constituidos de muchos rostros y albergamos muchos yos el máximo conocimiento al que podemos aspirar es una travesía en la que vamos avanzando de isla en isla. Al final, lo que queda es el archipiélago que somos y, simultáneamente, islas vírgenes, islas misteriosas, en nosotros mismos, que afortunadamente nunca conoceremos.

Si no como narración, la vida sí se da, al menos, inserta en el tiempo, al modo de una historia. ¿Nos está dado falsear lo que somos? ¿Qué peligros, o incluso, qué notas positivas puede albergar esta malversación de lo que somos?

No debemos falsear lo que somos. Esto sería un fraude. El principal fraude que podríamos cometer. Mi perspectiva es otra: estamos constituidos por una multiplicidad de identidades que incluye una multiplicidad de mitos. De la misma manera que las comunidades colectivas, al buscar sus orígenes, incurren en una representación mítica, nuestra memoria no es sólo aquello que pragmáticamente hicimos sino aquello que creemos que hemos hecho e, incluso, aquello que hubiéramos deseado hacer. Somos, indisociablemente unidos, nosotros y nuestro mito. Y no sabemos qué es más “verdad”. Del mismo modo en que no sabemos qué es más “realidad”, si aquello que ocurre en nuestra conciencia de vigilia o aquello que ocurre en nuestros sueños.

Maldita perfecciónExplica que tanto la literatura como la pintura inauguran un “juego de sinceridades y enmascaramientos”: ¿cree que ocurre lo mismo con la filosofía?

Sí, indudablemente. Es un gran error creer que la filosofía es el paso del mito al logos, tal como se enseña en las escuelas. La filosofía es la busqueda de construcción de un logos a través de muchos mitos. Es como si la araña buscara el centro sin recurrir a la tela que ha tejido, sería imposible. La conciencia es imposible sin la red formada por los mitos. Y en igual dirección podemos decir que no existe posibilidad de pensamiento sino es en el bosque de las sensaciones, en el cual hay tanto camuflajes como desenmascaramientos.

En La atracción del abismo (Acantilado, 2006) apunta a que aquella necesidad de los románticos por pintar lo que llamamos “pintura de paisaje” respondía, a su vez, a una necesidad por comprender y aprehender la Naturaleza. Todo cuanto existe de abismático en las pinturas de Füssli, Friedrich o Piranesi se contrarresta con un “valor cósmico” o “civilizatorio”. ¿Es el arte una suerte de puesta en orden del sí mismo?

Como ya apuntaba con mucha insistencia Leonardo Da Vinci en su Tratado de pintura, el auténtico arte es, simultáneamente, un viaje exterior y un viaje interior. El artista es un mediador, es aquel que hace visible lo invisible. Simétricamente, también es aquel que, a través de formas visibles, nos permite el acceso hacia lo invisible. No únicamente el Romanticismo sino toda la gran pintura europea se ha basado en esta dialéctica. Los grandes paisajes de Caspar David Friedrich, por ejemplo, son paisajes físicos y paisajes del alma. El caminante sobre el mar de nubes es una visión abismática del propio yo. Y algo semejante podemos afirmar respecto a El monje mirando al mar. Friedrich aseguraba que el ojo más fiel es el ojo espiritual. En el campo poético Novalis decía que el verdadero viaje es siempre un viaje hacia el interior.

Aunque es una pregunta por la que han corrido ríos de tinta y de compleja respuesta, ¿podría apuntar en qué se asemejan y en qué se diferencian arte y filosofía?

Yo diría que, también al contrario de lo que nos enseñaban en la escuela, hay líneas paralelas que sí, en la última lejanía, coinciden en un punto. Arte y filosofía coinciden en la interrogación del misterio. En el camino, sin embargo, parece que vayan por vías distintas, una, la filosofía, a través de los conceptos, otro, el arte, a través de las imágenes. En mi caso, he tratado de apoyarme en ese punto de conciliación al que acabo de aludir. Por eso en mi escritura he necesitado continuamente transformar los conceptos en sensaciones y narraciones y las imágenes, en pensamientos.

Monje frente al mar - Friedrich

Al final de Maldita perfección escribe algunas páginas a modo de elogio de la poesía, que presenta como un arte vinculado al silencio, e incluso, se puede decir, como un modo de vida, alejado del mundanal ruido que tanto contamina nuestras vidas. Escribe que el poeta es “el maestro del eco”, de quien sabe recoger los frutos del silencio. También la filosofía, como la lechuza (en conocida expresión de Hegel), emprende su vuelo al atardecer, cuando el resto de disciplinas se han retirado. Si ignoramos ahora los dictados platónicos, ¿ofrece la poesía algún tipo de conocimiento?

A lo largo de mi trayectoria literaria he escrito tanto desde el ruido como desde el silencio. A veces lo narrativo, e incluso lo ensayístico, se mueve necesariamente en el ruido de la actualidad. Esto proporciona un conocimiento que, aunque sea transitorio, nos ayuda a navegar de puerto en puerto. El conocimiento que ofrece lo poético, tal y como yo lo entiendo, es un conocimiento más cercano a lo esencial, a lo permanente. A través de él navegamos menos en distancia pero nos sumergimos en aguas más profundas.

Kersting espejoEn lo tocante al arte existen varios conceptos que se consideran clave. Entre ellos, quizá, el más reconocido pero el más difuso, controvertido o indefinible es el de inspiración. ¿En qué consiste esta suerte de roce con las musas, tan tratado en estética y teorías del genio?

Creo que puede desglosarse en dos movimientos: el primero sería colocarse en estado de predisposición, de estar abierto a los experimentos de la existencia; el segundo es quizá sencillo de enunciar pero difícil de llevar a la práctica y se puede resumir en la definición que Baudelaire dio, precisamente, de inspiración: trabajo, trabajo, y más trabajo.

Cuando escribe sobre autorretratos en Maldita perfección explica que, en algunos de ellos, se palpa con especial facilidad el “combate solitario” del artista en el desempeño de su labor. ¿Hasta qué punto es el arte una construcción social, y no sólo individual?

En la época moderna, desde el Renacimiento, el arte es social en cuanto que refleja el esfuerzo individual por dar respuesta a preguntas universales. Me da la impresión de que la cuestión no radica en la sociabilidad o individualidad del arte sino en la capacidad que este puede tener para expresar lo universal a través de lo particular, lo eterno a través de lo fugaz, y la totalidad a través de lo fragmentario.

La filosofía siempre ha intentado encontrar, a través de la estética, desde Platón a Kant, hasta llegar a la actualidad, un patrón de “belleza objetiva”. ¿Cree que es posible hacer objetivo el gusto estético? Y si tenemos en cuenta los dictados más contemporáneos, tendentes al deconstruccionismo de Derrida, ¿cree conveniente o adecuado que exista un “gusto objetivo” u “objetivamente mensurable”?

A veces puede sorprender que lo estético fue altamente objetivo en nuestra cultura hasta el siglo XVIII y que el juicio subjetivo sólo se impone en las dos últimas centurias. Yo soy partidario de encontrar una mediación entre lo subjetivo y lo objetivo. Para definirlo de alguna manera, hablaría de una complicidad de subjetividades que pueda derivar en un determinado consenso. El objetivismo puro lleva a arquetipos glaciales; el subjetivismo sin trabas, como se ha demostrado en la época contemporánea, puede llevar fácilmente al simulacro y al fraude. Reivindico que el artista vuelva a ser en cierto modo un artesano. Esto quiere decir que reivindico que lo subjetivo reintegre una tradición objetiva.

Argullol

En ocasiones, arte y filosofía se han fusionado de manera casi indiscernible, como en el caso de William Blake. Si acudimos a la wagneriana obsesión por el “arte total”, ¿cree que es posible una unidad total de las artes en una única pieza que, al modo en que explicaba Schopenhauer con la música, destape y explicite la “esencia de lo humano”, caso de existir algo parecido a esto último?

Antes me refería a cómo estamos constituidos por realidad y mito. Si esquivamos la razón pragmática somos lo que somos y también lo que evocamos. En la historia de la cultura Occidental hay una expresión que, en nuestras evocaciones, representa ese ideal de obra de arte total. Se trata de la tragedia griega. A la tragedia, sea históricamente cierto o no, le otorgamos una capacidad de integración de los lenguajes artísticos y, lo que es más importante, una unificación de lo sensitivo y de lo verdadero. Todo arte que aspira a entrañar esta unificación sería, por así decirlo, una manifestación de obra total.

Para terminar, en el capítulo “El gran hechizo” menciona al protagonista de Der Zauberberg (Hans Castorp), una novela (o tratado filosófico en forma de novela) en la que cobra especial relevancia el paso del tiempo. ¿Estima que el arte en general, y la pintura en particular, nos ofrece una experiencia temporal genuinamente propia?

No sé en otras tradiciones, como la de la metafísica hindú, pero en la nuestra estoy convencido que todo nuestro arte es una captación de la muerte y una protesta contra la muerte. En el mismo momento en que el hombre adquiere conciencia del tiempo, que es el sendero hacia la muerte, adquiere conciencia de la necesidad de rebelarse contra él. El arte, con sus distintas máscaras, es el fruto de esta rebelión.

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