Filosofía de la biología: una recomendable introducción

 

No son pocos los autores que, a lo largo de la historia del pensamiento, han mostrado reparos a la hora de estudiar conjuntamente disciplinas propiamente científicas desde un punto de vista filosófico. Hasta bien entrado el siglo XIX, las humanidades y las ciencias corrían por calles separadas, y su posible inclusión en un nuevo campo de indagación era catalogado muy pronto de híbrido deforme.

En particular, la denominada filosofía de la biología (rama de la filosofía de la ciencia), en la que se toma la propia biología como objeto de análisis, cuenta con una historia relativamente reciente, si bien autónoma y relevante en el ámbito académico.

Hasta finales de los años sesenta y principios de los setenta de la pasada centuria, la filosofía de la ciencia se centró de forma casi exclusiva en el examen teórico de la física. Fue por aquel entonces cuando la biología comenzó a interesar de manera especial a los filósofos.

Como explica Antonio Diéguez, autor de La vida bajo escrutinio y catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la Universidad de Málaga, hemos de tener en cuenta que “determinados problemas de la biología son susceptibles de un enfoque interdisciplinar en el que las herramientas analíticas y conceptuales del filósofo han mostrado ser de gran utilidad. Podría decirse que esos problemas son aún tan biológicos como filosóficos”. Así, define Diéguez, “La filosofía de la biología es la rama de la filosofía de la ciencia que toma a la biología como objeto de análisis, en especial sus procedimientos metodológicos, sus peculiaridades explicativas y sus problemas conceptuales”. El biólogo Ernst Mayr denunciaba que:

Muchos físicos y filósofos suponen ingenuamente que lo que se aplica a la física se aplicará igualmente a cualquier rama de la ciencia. Desafortunadamente, muchas de las generalizaciones realizadas en esas filosofías de la física son irrelevantes para la biología. […] Muchos fenómenos y descubrimientos de las ciencias biológicas no tienen equivalente en las ciencias físicas y son, por tanto, omitidos por los filósofos de la ciencia que se basan en la física.

La vida en escrutinio filosofía de la biología

Estos importantes asuntos a los que Diéguez se refiere giran en torno a los dos avances principales que hizo la biología en el siglo XX. En primer lugar, el desarrollo de la teoría sintética de la evolución (integración de la genética de Mendel y Darwin). Por otro lado, el descubrimiento de la estructura molecular del ADN. Gracias a estos hallazgos, la biología alcanzó gran popularidad y, desde entonces, la filosofía de la biología ha permitido proporcionar nuevos y enriquecedores enfoques al estudio de viejas cuestiones filosóficas (por ejemplo, el determinismo y el libre albedrío, el papel del azar en la naturaleza, o las bases biológicas de la cognición y del comportamiento moral). “En este sentido –apunta Diéguez– la filosofía de la biología no se limita a ser una disciplina metacientífica, sino que usa datos y teorías de la biología para obtener nuevas respuestas a preguntas filosóficas de larga data”. Argumenta el autor que la filosofía de la biología:

… se compromete con lo que en filosofía se denomina “enfoque naturalista”. El enfoque naturalista consiste básicamente en propiciar el acercamiento entre la ciencia y la filosofía mostrando que los resultados y los métodos de las diversas ciencias son relevantes para el planteamiento de problemas filosóficos.

En este admirable libro, escrito expresamente para abrir las puertas de su disciplina a los interesados en la confluencia entre filosofía y biología, Antonio Diéguez aboga por un enfoque naturalista en el que propicia el acercamiento entre ambas para mostrar que “los resultados y los métodos de las diversas ciencias son relevantes para el planteamiento de problemas filosóficos”, pues, en última instancia, la ciencia y la filosofía forman un continuo en el que no pueden trazarse fronteras claramente definidas. A su juicio, no hay que caer en el reduccionismo radical (según el cual la biología es reductible a fin de cuentas a la física y a la química) ni en el antirreduccionismo radical (la biología como ciencia completamente autónoma en sus métodos, fines y teorías).

Su cometido es dar a conocer y clarificar, desde un punto de vista filosófico y mediante un lenguaje accesible a un amplio público, sin perder nunca el rigor, conceptos de raigambre tradicionalmente científica como los de gen, especie, adaptación, biodiversidad o eficacia biológica. El lector encontrará en esta obra un ilustrado compañero de viaje con el que descubrirá extensos y variados análisis sobre diversos temas tan actuales como la teoría de la evolución, la libertad o la genética, teniendo siempre en cuenta que “la biología es una ciencia peculiar que presenta diferencias con sus hermanas la física y la química”, y que, de la mano de la filosofía, tiene mucho que ofrecer.

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