Jesús Zamora Bonilla: “La filosofía se estanca cuando una de sus corrientes se convierte en un monopolio intelectual dominante”

Sacando consecuencias Jesús Zamora Bonilla Tecnos.jpgJesús Zamora Bonilla, decano de la Facultad de Filosofía de la UNED y catedrático de Filosofía de la Ciencia, publica nuevo y sugerente libro sobre la actualidad de la filosofía y su papel en la sociedad de nuestros días: Sacando consecuencias. Una filosofía para el siglo XXI (Tecnos). Charlamos con él sobre esta publicación.

¿Por qué escribir hoy un libro de filosofía, cuando parece que las humanidades viven una suerte de ocaso?

Creo que la “crisis de las humanidades” es más una percepción que una realidad: ¿cuándo no han estado “en crisis”? A mí me parece que hoy se escribe y se publica más que nunca sobre esos temas, pero en realidad nunca le han interesado mucho al gran público. De todas formas, sí que es verdad que los que nos dedicamos a las humanidades hemos tendido a focalizarnos en nuestros terrenos super-especializados, y en particular los filósofos parece que hemos perdido la ambición de ofrecer aquello que siempre fue la vocación de la filosofía: una gran cosmovisión que permita al ser humano entenderse y entender el mundo en el que vive. Mi libro intenta ser una modesta reacción contra esa tendencia al ensimismamiento de los filósofos.

¿A qué alude el título? ¿A qué consecuencias, y de qué, se refiere?

El título juega con cierta polisemia. En primer lugar, el libro defiende la tesis de que es más útil entender el pensamiento como capacidad de inferir que como capacidad de representar el mundo; es una concepción típicamente pragmatista del pensamiento. En segundo lugar, también intento “sacar las consecuencias” que se siguen, a propósito de los tradicionales problemas filosóficos, de lo que la ciencia nos ha descubierto sobre el universo y nosotros mismos: que somos nada más que uno de los muchos frutos de la evolución biológica, en un mundo regido por las leyes de la física.

El subtítulo alude a “una filosofía para el siglo XXI”. ¿Hay filosofías, en plural, para distintas épocas?

Claro, la filosofía siempre es múltiple, plural. La filosofía se estanca cuando una de sus corrientes se convierte en un monopolio intelectual dominante. Yo sólo pretendo mostrar una variedad del pensamiento filosófico, que no es demasiado popular, además.

Como decano de una Facultad de Filosofía, ¿qué papel ocupa hoy, en la cultura occidental, los estudios de esta disciplina?

Creo que no ha cambiado mucho desde hace siglos. La filosofía ofrece un esfuerzo de comprensión global del mundo, del ser humano, de la moral, etc. Afortunadamente, eso es una necesidad permanente, y siempre habrá gente lo suficientemente interesada en estas cosas como para que se mantengan los estudios universitarios de filosofía. Otra cosa es el peso que se dé a esta disciplina en la enseñanza secundaria: cuanto mayor sea ese peso, mayor será la “demanda” de profesores de filosofía. Los últimos años no nos han traído precisamente buenas noticias a este respecto.

Jesús Zamora Bonilla.jpg

El libro se inaugura, a modo de pórtico, con una partitura musical. ¿Qué tipo de nexo existe entre filosofía y música? ¿Y entre filosofía y arte en general?

Por desgracia, aunque soy un gran aficionado a la música y amante de la literatura y del arte en general, no he tenido ocasión de reflexionar con un mínimo de profundidad sobre esos temas desde un punto de vista filosófico. Por ofrecer un apunte personal: tanto cuando escribo filosofía, como cuando escribo literatura, me parece que sigo un cierto impulso estético, y no muy diferente en los dos casos.

En su libro se habla de verdad, justicia, ateísmo, espíritu, pero uno de sus capítulos reza “Desinflando la metafísica”. Parece que ciertos conceptos de raigambre más metafísica que positivista no dejan de perder su vigencia. ¿Por qué seguir hablando de estas “realidades metafísicas” en un tiempo en el que parecen imperar la técnica y la ingeniería?

Es que no pretendo “eliminar” la metafísica (en el sentido de la reflexión sobre los conceptos más generales referidos a la realidad), sino sólo mostrar que todo lo que podemos decir sobre esos temas, o bien es bastante trivial, o bien es negativo, en el sentido de que podemos negar con mucha seguridad la existencia de algunas cosas de las que tradicionalmente se encargaba la metafísica: la mente, dios, los valores (entendidos éstos como realidades objetivas e inmutables), etc.

Zamora BonillaTirando de este hilo, ¿qué aporta hoy la filosofía de la ciencia al avance y desarrollo de la propia ciencia?

Decía el físico Richard Feynman que la filosofía de la ciencia es más o menos igual de útil para los científicos como la ornitología lo es para los pájaros. Yo no llegaría a tanto: hay áreas de filosofía de la ciencia donde la colaboración y el debate entre científicos y filósofos es muy intenso y productivo. En general, lo que la historia nos enseña es que las ciencias se vuelven hacia la filosofía buscando su ayuda cuando entran en una época de crisis, y los debates que se generan ahí sirven para hacer avanzar tanto la ciencia como la filosofía.

¿Debe salir la filosofía de los muros de la Academia? ¿Cómo fomentar su estudio fuera de ámbitos no especializados?

Una iniciativa importante sería hacer más filosofía en público. Los profesores de filosofía estamos acostumbrados a contar las teorías de “los clásicos” (incluyendo los clásicos contemporáneos), y no nos atrevemos a elaborar una argumentación propia, o al menos, a centrarnos en los argumentos más que en los autores. Y cuando lo hacemos, nos dirigimos sobre todo a nuestros colegas, no al gran público. Se nos llena la boca de decir que la filosofía enseña a argumentar, pero actuamos como si sólo enseñara a repetir argumentos.

Últimamente asistimos a una cierta mercantilización de la filosofía (los bancos hablan de “digilosofía”, empresas de merchandising hacen camisetas de pensadores y las venden como productos mainstream, etc.). ¿Qué piensa de esta deriva tan “filosófica” como comercial?

Conseguir que algo “le suene” a la gente es sumamente difícil. No veo mal que cosas relacionadas con la filosofía lleguen al gran público aunque sea de esa forma tan descafeinada y distorsionada. Así, por lo menos, podemos tener un punto de enganche cuando iniciemos una argumentación más seria.

¿Por qué debemos leer su libro?

No creo que sea yo el más indicado para recomendarlo con objetividad, por supuesto. Pero por contestar a la pregunta: aparte de porque es bastante entretenido (a pesar de ser un libro de filosofía), yo diría que, sobre todo, conviene leerlo porque es una experiencia filosófica muy poco habitual.

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