Retrato de un filósofo desconocido: Philipp Mainländer

MainländerSi buscamos en el Diccionario de Filosofía de Ferrater Mora –herramienta de referencia básica en el mundo filosófico hispanohablante– la entrada “Mainländer, Philipp”, caemos muy pronto en la cuenta del gran vacío que existe sobre esta figura en el contexto académico de nuestra disciplina. A pesar de su encomiable esfuerzo y de su titánico trabajo, Ferrater apenas dedica veinte líneas a este filósofo alemán, prácticamente desconocido para los lectores de habla hispana. En ellas, además de una brevísima nota biográfica y de un muy compendioso resumen de sus tesis principales, leemos que “Mainländer recibió sobre todo sus inspiraciones filosóficas de Schopenhauer”, por lo que, acaso, el autor del Diccionario duda de la originalidad del pensamiento de nuestro protagonista.

Podemos preguntarnos, en este sentido, a qué se debe la falta de información sobre Mainländer, y si, quizá, existe alguna razón por la que los especialistas no se han hecho cargo de las obras de este pensador de tan breve existencia (1841-1876) que se encuentra en tan interesante periodo del devenir filosófico de la segunda mitad del XIX. En efecto, el periplo vital de Philipp Batz (quien adoptaría el pseudónimo de “Philipp Mainländer” para remarcar su hermanamiento con la ciudad que le vio nacer, Offenbach am Main) transcurre a caballo entre la muerte de uno de sus inspiradores, Arthur Schopenhauer (1788-1860), y el florecimiento académico, literario y filosófico de quien, con el tiempo, recogería diversos frutos de su pensamiento, nada menos que Friedrich Nietzsche[1] (1844-1900).

Puede que su temprano suicidio en 1876, así como su particular modo de vida (en el que primó un voluntario aislamiento que no dejó de extrañar a sus allegados), contribuyeran al escaso éxito de sus escritos en su propia época. Sin embargo, no podemos permitirnos, pasado un tiempo más que suficiente para considerar el auténtico valor de su obra, obviar la original aportación de su pensamiento al devenir de la historia de la Filosofía. Una aportación que no se ciñe a la publicación –el mismo año de su muerte– de su obra magna, la Philosophie der Erlösung (Filosofía de la redención[2]), sino a todo un conjunto de textos en prosa y verso que, aún hoy, siguen sin ver la luz en castellano[3] a pesar de su enjundia literaria y profundidad filosófica. Y es que hasta bien avanzado el siglo XX (o mejor dicho, hasta casi acabado), no comienza a tenerse en cuenta la importancia de Mainländer en el contexto filosófico.

mAINLÄNDER

Edición de la “Filosofía de la redención” de Carlos Javier González Serrano y Manuel Pérez Cornejo

Es en un viaje a Italia, en un país mediterráneo que ofrecía posibilidades anímicas hasta entonces desconocidas para un todavía joven Philipp, donde se produce su encuentro con Spinoza y, sobre todo, con Schopenhauer, a través de la lectura casi enfermiza (un influjo, el del filósofo de Danzig, que también experimentaría el propio Nietzsche[4]) de El mundo como voluntad y representación. A pesar de las recomendaciones de uno de sus profesores, de huir “como de la peste” de la filosofía, Mainländer sucumbe irremediablemente a los encantos del genio schopenhaueriano: la vocación quedaba sellada, el joven Philipp veía ante sí un vasto panorama, el abierto por Schopenhauer –y, previamente, por las obras de Kant–, pero que sin embargo podía explotarse aún más. En el prólogo de la Filosofía de la redención, apuntará Mainländer que su pensamiento no es más que “la prosecución de las doctrinas de Kant y Schopenhauer, y la confirmación del budismo y del cristianismo más puro. Aquellos sistemas filosóficos se corrigen y completan mediante dicha filosofía, al tiempo que ambas religiones se reconcilian a través de ella con la ciencia”.

Comienza de este modo, tras el prodigioso descubrimiento de Schopenhauer, a pergeñar Mainländer el modo de continuar de un modo original lo que el gruñón de Danzig había iniciado: la odisea del espíritu humano hacia una posible liberación (Erlösung) que parece vedada por la idiosincrasia misma de nuestra existencia, plagada de deseos por cumplir, anhelos por satisfacer y penas con las que bregar, una odisea que desea fundamentar Mainländer sobre “el saber”, sobre la filosofía y su modo propio de argumentar, alejado de una fe ciega que sólo conduce a ilusorias soluciones al problema de nuestra existencia.

Aunque, desde luego, Mainländer nunca asistió –ni pudo haber asistido– a las clases que Schopenhauer impartió en Berlín, es innegable que las consecuencias del “Libro Cuarto” y sus respectivos “Complementos” de El mundo voluntad y representación hicieron honda mella en el ánimo de Philipp. En sus lecciones sobre la metafísica de las costumbres[5], justo al final de sus notas para impartir sus clases, Schopenhauer señalaba que, si algo caracteriza al ser humano, es la “oscuridad que se extiende sobre nuestro ser” u cuyo sentimiento hace exclamar a Lucrecio ‘En qué tinieblas de la vida, / en cuán grandes peligros se consume / ese tiempo tan breve’. Esta oscuridad que provoca la menesterosidad respecto de la filosofía y cuyo espíritu filosófico es llevado a la consciencia en un santiamén, con tal viveza que a otros puede parecerles rayana en el delirio; esta oscuridad de la vida –concluía Schopenhauer– no se puede intentar dilucidar”[6].

Tal oscuridad será la que tome Mainländer como patrón de la existencia humana, de la que parte y hacia la que se aproxima… ¿inevitablemente? Quizá exista una vía de liberación, un deuteros plous que merezca la pena experimentar con el fin de hacer frente a los designios de un Dios que, a juicio de Mainländer, se vio obligado a comenzar a morir para, precisamente, comenzar a vivir. La vida de Dios constituye, en este sentido, el lento proceso por el que el mundo muere poco a poco[7]. En la “Metafísica” de la Filosofía de la redención, nuestro filósofo asegura que “Dios tenía la libertad de ser como quisiese, pero no era libre respecto de su determinada esencia. Dios tenía omnipotencia de ejecutar su voluntad de ser de cualquier modo; pero no tenía igual poder para no ser”. Con la aparición de Dios, con su decisión de ser, se inaugura asimismo el imperio del no-ser: el mundo constituye así el resultado de este proceso que nos atraviesa, en nuestro interior, como una auténtica enfermedad ontológica. Nos encontramos fatalmente heridos por la doble cara del no-ser: por nuestra conciencia cierta de la muerte (y por tanto, por el miedo que nos inspira el fin de nuestro fenómeno individual) pero, a la vez, encontramos consuelo en virtud de una oscura tendencia hacia el no-ser.

Cubierta Mainländer11

Por primera vez en español se publica el poemario del filósofo Philipp Mainländer

De este modo, el ser humano es el único animal que, transido por el miedo a su desaparición, no deja de anhelar la paz que espera encontrar en su fin. Y es que no resulta extraño en absoluto que, en vista de que el “apremio y la fricción” son las notas comunes en el universo de las acciones humanas, siempre rodeadas de una “penosa necesidad” y del “egoísmo más despiadado”, Mainländer proponga acudir a la muerte como auténtica –y única– solución a la mencionada y funesta enfermedad ontológica, singular lacra del género humano.

El desbordado pesimismo de Mainländer, que confirma la sospecha schopenhaueriana sobre una posible mejora moral del ser humano (en contra de lo defendido, por ejemplo, por Lessing en Die Erziehung des Menschengeschlechts), no es más que el resultado de su creencia fundamental: somos el saldo arrojado por el suicidio de Dios, quien ni siquiera, aun contando con la omnipotencia, logró soportar el puro Ser. Su elección de decantarse por el No-Ser, lejos de resultar una opción del hombre (como sí ocurre en Nietzsche), hunde al ser humano en un pozo en el que, irremediablemente, se siente perdido. Queda, como Mainländer escribía en su poema “Segunda voz – El hijo de la luz”, una sola lección por asimilar: “¡Ah, cuán vana, cuán triste / es la lucha por la existencia. Aprende, ¡oh hombre! / como primer principio de la sabiduría / que por un bien […] tu alma está en vilo. […] ¡Aprende a amar con el espíritu, mortifica / el amor del corazón; y bendice, / bendice con alegría cada hora que más cerca de la tumba / te conduce!”.

[1] Véase, por ejemplo, NIETZSCHE, F., Correspondencia. Vol. III. Enero 1875-diciembre 1879, Trotta: Madrid, 2009, p. 187, donde Nietzsche reconoce en misiva a Overbeck que tanto él como Paul Rée han “leído mucho a Voltaire”, pero que “ahora le toca el turno a Mianländer”.

[2] El autor de estas líneas ha publicado la edición completa en castellano de esta obra, junto al profesor Manuel Pérez Cornejo —a quien debemos sin lugar a dudas el mayor acercamiento en el mundo hispanohablante a la filosofía de Philipp Mainländer—. He tenido la inmensa suerte de poder trabajar codo con codo con el profesor Pérez Cornejo, a quien me une no sólo mi franca admiración por su trabajo, sino una sincera amistad, en la preparación final del texto de la Filosofía de la redención, que vio la luz en 2014 en Ediciones Xorki. Siempre que se cite en adelante esta obra, la edición corresponde a la obra MAINLÄNDER, P., Filosofía de la redención. Edición de Manuel Pérez Cornejo y Carlos Javier González Serrano. Ediciones Xorki: Madrid, 2014.

[3] Carlos Javier González Serrano y Manuel Pérez Cornejo han publicado el poemario completo de Philipp Mainländer en versión bilingüe: Diario de un poeta (Aus dem Tagebuch eines Dichters). Es de reseñar asimismo el imprescindible artículo de Pérez Cornejo, recogido en un libro que yo mismo coordiné en 2012, Galería de los invisibles (Ediciones Xorki: Madrid): “Una gnosis contemporánea: Philipp Mainländer y la filosofía de la redención”. El doctor Pérez Cornejo también ha publicado en la editorial de la Universidad de Valencia un escrito de otro schopenhaueriano de primera línea: Lo trágico como ley del mundo y el humor, de Julius Bahnsen.

[4] Conocidas son las palabras del filósofo en NIETZSCHE, F., Schopenhauer como educador, Valdemar: Madrid, 2006, pp. 49-50, traducción de Luis Fernando Moreno Claros: “Pertenezco a esos lectores de Schopenhauer que, tras haber leído una primera página suya, saben con certeza que leerán todas las demás y escucharán cada una de las palabras que haya dicho. […] Lo comprendí como si hubiese escrito para mí”.

[5] Contamos en español con la traducción de Roberto Rodríguez Aramayo en SCHOPENHAUER, A., Metafísica de las costumbres, Debate-CSIC: Madrid, 1993.

[6] Ibid., pp. 199-200.

[7] Cfr. MAINLÄNDER, P., Filosofía de la redención, ed. cit., “Física”: “Esta unidad simple ha existido [ist gewesen], pero ya no existe [sie ist nicht mehr]. Se ha hecho añicos [zersplittert], transformando su esencia completa y enteramente en el mundo de la pluralidad. Dios ha muerto y su muerte fue la vida del mundo [Gott ist gestorben und sein Tod war das Leben der Welt]”.

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5 comentarios en “Retrato de un filósofo desconocido: Philipp Mainländer

  1. Wow…excelente….magnifica descripción del lado parco..estéril y sin sentido de nuestra existencia…. Aunque en lo personal me resisto a las ideas absolutas…..tengo mucha fe….aunque tal vez sea un mecanismo para paliar la tragedia misma….o producto de la certeza de la multiplicidad de factores….

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  2. Muchas gracias por el excelente artículo. A mí me interesa la obra de Mainländer y en México sólo tenemos una breve antología publicada por FCE. Me atrevo a preguntar, ¿cómo es que puedo conseguir tanto la edición completa de La filosofía de la redención, como este Diario de un poeta?
    Saludos

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  3. Pingback: Obras en español de Philipp Mainländer, discípulo de Schopenhauer | Schopenhaueriana

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