Kant: “el conocimiento de la naturaleza humana es algo de lo que carecen la mayoría de los filósofos de la moral y los clérigos”

Quienes no se han introducido de un modo definitivo en la lectura de Kant, el filósofo por antonomasia de la Ilustración alemana, lo tienen por pensador farragoso o, al menos, del todo complejo, cuyos dictados no son objeto fácil de estudio.

Sin embargo, el egregio regiomontano, artífice, entre otras muchas obras, de la Crítica de la razón pura, fue igualmente autor de numerosos textos que intentaron acercarse, con la máxima claridad de exposición, a los asuntos que más interesan a los seres humanos: las relaciones que mantienen mutuamente entre ellos y las dificultades que de ellas se derivan.

El conocimiento que permite aplicar las ciencias de forma adecuada es el conocimiento mundano [Weltkentniß]. Éste consiste en el conocimiento del ser humano, sobre cómo podemos resultar complacientes [a los seres humanos], etc. El conocimiento mundano impide por lo tanto que la erudición se convierta en pedantería. […] El conocimiento del sujeto es el fundamento de todo conocimiento.

En la nueva y rigurosa edición de la llamada Antropología, excepcionalmente preparada por el profesor de la Universidad de Granada Manuel Sánchez Rodríguez para la editorial Comares, el lector encontrará un conjunto de apuntes de clase transcritos por estudiantes que asistieron a las charlas que el filósofo pronunció en la Universidad Albertina de Königsberg, lecciones que dieron comienzo en 1772 y en las que damos con reflexiones de Kant que complementan el contenido de sus obras canónicas y que, en este sentido, ayudan a comprender el proceso de creación y desarrollo de aquéllas, asistidos en todo momento por el exhaustivo y extenso aparato crítico del profesor Sánchez Rodríguez.

Cuanto más se hace, tanto más se ama la vida. Al ser humano le gusta hacer todo aquello que le permita sentir su existencia. Todos los agrados de la imaginación radican quizá en que ellos ponen en juego nuestras fuerzas y favorecen nuestra actividad. En las horas solitarias se prefiere tratar de atrapar quimeras antes que quedarse sin pensar nada en absoluto.

Kant frente

“Para que la moral y la religión alcancen su fin último deben estar en conexión con el conocimiento del ser humano”

Esta magnífica y llamativa pluralidad de escritos encierran así una importancia capital, ya que ayudan al estudioso del sabio de Königsberg a adentrarse en el taller donde se forjaron sus ideas. Pero, además, permiten entender, como asegura Sánchez Rodríguez, que Kant “lleva a cabo a través de su actividad académica un verdadero programa de formación destinado a la praxis, la educación ilustrada del ciudadano como un hombre de mundo y la enseñanza didáctica y sensible de la moral, la práctica religiosa o la política”. Y es que, como explica el propio Kant,

Toda destreza [Geschichlichkeit] que uno posea exige en última instancia un conocimiento sobre el modo como se deba hacer un uso de la misma. El conocimiento presupuesto en la aplicación se denomina conocimiento mundano [Kenntnis der Welt]. El conocimiento mundano es el conocimiento del escenario en el que podemos aplicar toda nuestra destreza.

Las Lecciones de Antropología esconden un tesoro de incalculable valor: el programa no sólo teórico, sino también y sobre todo práctico de Kant, quien impartió clases sobre esta materia a gentes de todo tipo (militares, diplomáticos, hombres de mundo, etc.), que querían adentrarse en el arte de tratar a y con la gente. Así, leemos:

La antropología pragmática no debe ser psicología […]. Aquí investigamos al ser humano no en relación con lo que sea de forma natural, sino para saber lo que éste puede hacer por sí y cómo pueda ser empleado.

El mismo Kant asegura que su intención es “posibilitar las fuentes de todas las ciencias que tengan que ver con el método de formación y gobierno de los seres humanos en las costumbres, la destreza y el trato, por lo tanto todo lo práctico”. Un conocimiento al que le interesa mucho más su utilidad que su verdad: por eso debemos estudiarnos a nosotros mismos (los infiernos del sí mismo, escribe Kant), “y, puesto que queremos aplicar esto a los otros, debemos estudiar la humanidad, pero no de forma psicológica o especulativa, sino en un sentido pragmático, pues todas las teorías pragmáticas son teorías de la prudencia”. Por eso…

La antropología se ocupa de las reglas subjetivas prácticas, observa sólo la conducta real del ser humano; la filosofía moral busca reducir la buena conducta de uno a las reglas, es decir, se ocupa de lo que debe ocurrir. […] La ciencia de las reglas sobre cómo haya de conducirse el ser humano es la filosofía práctica, y la ciencia de las reglas de la conducta real es la antropología

Un programa, como vemos, que a Kant interesa por la amplitud de sus miras y porque, antes que todo, hemos de vérnoslas con el mundo y con quienes en él habitan, los otros, los seres humanos. Como escribe el profesor Sánchez Rodríguez, “ciertamente Kant tenía una doble vida: una actividad ‘escolástica’, destinada a la defensa de sus ideas frente a los eruditos del mundo intelectual, a través de áridas obras filosóficas, y una actividad docente, destinada a abrir y transitar los caminos por los cuales el conocimiento había de llegar a la sociedad. Y esta segunda vía no fue menos decisiva que la primera para la difusión y la recepción del criticismo en las universidades y las Academias de finales del siglo XVIII y principios del XIX”.

El núcleo de nuestros pensamientos reside sólo en nosotros mismos, y éste es el verdadero tesoro del alma humana. Aquello que hasta hoy ha sido desvelado es infinitamente pequeño frente a lo que aún se podría desvelar. Todo los metafísicos y moralistas deben contribuir a la ilustración de las representaciones oscuras en el ser humano.

Una edición excelentemente presentada, acompañada de un aparato crítico titánico, que introducirá a los neófitos kantianos en un universo multiforme y muy atractivo (aparentemente inaudito en el filósofo de Königsberg), pero que también y sobre todo servirá a los especialistas como clave y guía en el arduo proceso de estudio de la obra de Kant.

Antropología Kant Manuel Sánchez Rodríguez

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