Contra la dictadura de la felicidad: el dañino pensamiento positivo

En las últimas décadas, la literatura dedicada a la autoayuda, la psicología positiva y las llamadas “nuevas espiritualidades”, como en el caso del mindfulness, ha crecido exponencialmente y ocupa gran parte de las estanterías destinadas al ensayo en numerosas librerías. Estas “luminosas” corrientes suelen venderse como un producto aparentemente inofensivo presentado bajo capa de crecimiento personal. Un producto que, sin embargo, oculta contraproducentes dictaduras afectivas asociadas al más despiadado neoliberalismo, que se apropia emocionalmente de los individuos y los transforma en sujetos del rendimiento en total connivencia con las grandes corporaciones mundiales.

En primer lugar, fomentan lo que algunos autores han denominado “privatización del estrés”: no sólo es que el estrés se haya patologizado y hecho extensivo a grandes capas de la sociedad, sino que se culpabiliza a quien lo sufre por no saber gestionarlo, por no contar con las herramientas necesarias para neutralizarlo. Como si, en efecto, fuéramos máquinas que hay que rentabilizar. Más aún: que se tienen que rentabilizar a sí mismas. Este tipo de libros silencian el hecho de que el estrés responde, casi siempre, a causas sistémicas, y se obvian las formas de hacerle frente desde un punto de vista social. Por supuesto, no sólo el estrés, sino también otros trastornos como la ansiedad, la depresión o los déficits de atención.

Gran parte de la literatura de autoayuda fomenta –con una violencia silenciosa y hasta complaciente– el establecimiento y continuidad de un statu quo que perpetúa las desigualdades sociales. La felicidad, con la que se comercializa como si fuera un producto que puede adquirirse en forma de recetas mágicas o productos milagrosos, se ha convertido en toda una industria que ha conseguido despolitizar el estrés, convirtiéndolo en un asunto estrictamente privado y particular: es el individuo quien ha de enfrentarlo en soledad, lo que da como resultado, a su vez, una religión del yo que, falsamente endiosado, y tras comprobar que también está sujeto al fracaso, cae fácilmente en el abatimiento y la zozobra emocional.

Muchas de estas fórmulas (“Cree en ti mismo”, “No hay nada imposible”, “Con esfuerzo lo lograrás”, «Querer es poder», etc.) no son más que prescripciones soterradas para mantener el poder. Si es el individuo quien tiene el problema, quien ha de aprender a gestionar sus emociones y sentimientos, se exime de culpa a las empresas, al Estado o a cualquier otro organismo que pueda estar ejerciendo aquella silenciosa opresión. No en vano se ha dicho que la máxima de nuestros tiempos es la de “adaptarse o morir”: adaptarse a unas condiciones sociales, laborales, psicológicas… de cuya introducción el individuo no tiene culpa más que como sujeto paciente, pero es una culpa que, sin embargo, tiene que ser expiada y aliviada por el sujeto mismo. En este sentido, la autoayuda y el pensamiento positivo provocan un autocontrol que roza lo obsesivo y, lo más preocupante, causan una miopía social que nos aleja de la colectividad y de los auténticos responsables de las desigualdades sociales. Si no gestionas tus emociones, serás tú el responsable de no encajar en la sociedad: así opera la lógica de la autoayuda y del pensamiento positivo.

Por eso, es indudable la relación que existe entre estrés (y ansiedad, y depresión, etc.) y opresión social. La nueva servidumbre no es física o material, aunque también, sino eminentemente emocional, pues el individuo ha de aparentar sin descanso una cordura mental en un escenario en el que resulta muy difícil mantenerla. Por ello, en paralelo, se ha patologizado el pensamiento disidente o crítico: quien protesta tiene un problema, ya sea emocional o de inadaptación social. Bajo la apariencia de un lenguaje transformador (“Llega a ser quien eres”, “Puedes alcanzar lo que te propongas”, etc.), el pensamiento positivo y sus esbirros apoyan el sostenimiento del statu quo y, mientras se centra en el yo y en crear seres obsesionados con su situación personal, descuidan las vulnerabilidades sociales, el cuidado por lo común, por las estructuras colectivas y la interdependencia. Los individuos acaban aferrándose a tales fantasías de felicidad al no encontrar proyectos de crecimiento comunes: la retórica de la autoayuda camufla la posibilidad de la lucha política porque debilita la solidaridad y la búsqueda común de la justicia social. El problema eres tú: aprende a gestionarte.

Quizá sea útil recordar en este punto, y para terminar, uno de los libros más comprometidos que se escribieron a lo largo del siglo XX, redactado por la apasionada pluma de Simone Weil: las Reflexiones sobre las causas de la libertad y de la opresión social (1934). En esta obra, Weil apunta con extremada finura que “los miembros de una sociedad opresiva no se distinguen sólo por el lugar más elevado o más bajo en el que se encuentran enganchados al mecanismo social, sino también por el carácter más consciente o más pasivo de sus relaciones con dicho mecanismo”. Por eso, defiende Simone Weil, más que nunca es tiempo de ejercer la dignidad del pensamiento, en particular del filosófico, que si bien no nos libera de las cadenas, sí nos hace conscientes de ellas. Y es que, predijo Weil, “Nunca se vio el individuo tan a merced de una colectividad ciega, y nunca se vieron los hombres más incapaces no sólo de someter sus acciones a sus pensamientos, sino hasta de pensar”.

Conviene hacer un esfuerzo por pensar y pensarnos en medio de esta tiranía emocional a la que, con tanta complacencia, nos entregan las nuevas “espiritualidades”, y afirmar, con Simone Weil, que “todo lo demás se puede imponer desde afuera por la fuerza, movimientos del cuerpo incluidos, pero nada en el mundo puede obligar a un hombre a ejercer el poder de su pensamiento ni sustraerle el control de su propio pensamiento”, porque, en lo que se refiere al pensamiento, el individuo es superior a la colectividad. Las colectividades no piensan; por eso es tan necesario que haya individuos que lo hagan y nos inviten a despertar: colectivamente.

18 comentarios en “Contra la dictadura de la felicidad: el dañino pensamiento positivo

    • Si bien hay instrumentos para el control social o del individuo, no debe confundirse las disciplinas de sociología con opresión, mucho menos debe reducirse las emociones positivas sin conexión social con emociones sociales, siendo estás estudiadas por la sociología. Es más, confundir irá, estrés y ansiedad con vinculaciones políticas es un absurdo, tal vez deberían hablarse de vergüenza, ira, indignación, venganza y miedos como aquellas que se vinculan con las luchas sociales. Por otro lado, me preguntó ¿Cómo pensar críticamente cuando el individuo sufre de ansiedad y estrés? ¿Miedo reivindicarme desde el miedo o la ansiedad de rendimiento?
      Estás preguntas ostentan relación con la sociedad, la interacción social, la participación política y la lucha. Se confunden ambas cosas: sentimientos individuales y sentimientos sociales. Pensar que la empresa puede hacernos felices para rendir más, es pensar que hasta ahora no han habido resistencias, movimientos sociales que aún lucha, a pesar de estar emocionalmente estables.

      Si se quiere hablar de instrumentación del hombre y la sociedad desde las emociones, debe pensarse en que es un proceso complejo, y que así, como se piensa que de ansiedad a paz se puede pasar, puedo decirse, que de ira a participación política. Esto merece ser tratado desde una profundidad mas amplia y extensa que no tenga en cuenta especulaciones de que hay grupos neoliberalismo que se sientan e invitan a otros escritores no sicólogos o académicos a dominar desde las emociones. Sugiero estudiar más a fondo la complejidad que se pretende desentrañar.

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  1. Por otra parte, las religiones judeo cristianas, imprimen una mentalidad de aceptación del sufrimiento como camino vital para ir al encuentro del reino celestial donde la felicidad es segura.
    La cultura tiende las trampas convenientes a la perpetuacion de sistemas polititico sociales que reciclen la economía desigual de paises y personas. Toda revolución acaba por seguir esa orientacion como fatal equilibrio que necesita de la enfermedad mental de los individuos para llamarse humanidad.

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  2. Es la sociedad de consumo la que ha impuesto esta ideología de la autocomplasencia, ajena a toda empatía entre los miembros de una comunidad. El humanismo se encuentra en extinción ante este tipo de ideología utilitaria. Tanto las familias como otras instituciones tanto educativas como otros servicios han sido enajenadas dando lugar a una corrupción generalizada, donde la delincuencia ha rebasado los intentos de sancionar la delincuencia. Los poderes del estado igualmente se encuentran copadas por esta ideología del consumo compulsivo.

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  3. Este relato, intenta vender que la culpa de la exacerbada felicidad es culpa del neoliberalismo, es risible que semejante torpeza se cometa actualmente, cuando los que promueven un mundo ideal, de felicidad eterna, de colorines, nubes rosas y unicornios, es precisamente el progresismo social comunista.

    Ese que nos dice que no nos preocupemos, que ellos se van a dedicar a solventarnos la vida, con sus medidas asociales, creando escudos, paradigmas ciudadanos, para que nuestras vidas no se vean desgraciadas por el neoconsumismo, la neoeconomia, el neoliberalismo, la neopropiedad privada, y la neoderecha, bla bla bla!!

    El liberalismo mal entendido por aquellos con falta de conocimientos, esos que se dejan llevar por la propaganda neosocialcomunista, repiten el mismo mantra.

    Soy liberal, que significa ser libre de decidir por tu vida, en conjunto con mi familia, vivir en consonancia con la sociedad, con respeto siempre, respetando a quien respeta mía ideas y forma de vida, no que me la quieran imponer por una ideología trasnochada.

    Yerra el articulista al mezclar churras con merinas, dejando ver su ideología, al criticar erróneamente el pensamiento personal, y dejando claro que es mejor el pensamiento de manada.

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  4. Parece que no sabes quién es Saint Germán. La Gente, el gobierno, la sociedad hace lo que quiere, yo decido que me afecta y que no, no veo nada de consumista. Aunque si se creo una industria al rededor del tema, pero yo tomo lo que me sirva y lo que no. Cómo mi yo enfermo podría ayudar a la sociedad?

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  5. La espiritualidad no tiene nada que ver con este problema, es un concepto mal entendido, primero por las religiones tradicionales y ahora por las nuevas corrientes de pensamiento. En todo caso, la sociedad capitalista y mercantilista, supuestamente socioliberal y… mayoritariamente Cristiana, debería haber desaparecido hace tiempo.

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  6. Lo que ocurre es que estamos en sociedades globales polarizadas, a derecha e izquierda, cada día un poco más al extremo que el día anterior. Esto es una práctica política que tiene efectos en la sociedad. El tema que tratado es un reflejo de la sociedad actual.

    Podríamos decir que:

    1. Ni todos los problemas te los tienen que arreglar otros, que el esfuerzo propio y crear hábitos saludables de trabajo y esfuerzo como promotores de la dopanima endógena no está mal. Pasa que desde un polo político se pretende que papá estado y el sistema te lo proporcione todo. Tú lo vales.

    2. Qué hay cosas y problemas estructurales sociales que ni haciendo 24 horas de mindfulness, que en la vida existen muchos actores que con independencia de tu esfuerzo, te van a fastidiar y depredar.

    Yo creo que la salud mental es siempre siempre siempre una cuestión de equilibrios. Un poco de esfuerzo y un poco de ayuda sistémica. Pues por mucho que los neoliberales quieran individualizar los problemas humanos, el ser humano es un ser social.

    Y en el polo opuesto pro comunista, que te lo den todo gratis y pienses que te lo mereces y ni muevas un dedo es igual de nocivo.

    Yo creo que existen y han existido prácticas capitalistas razonables y liberales sobre muchos ámbitos de la vida de las personas.

    Y algunas ideas progresistas pueden ser útiles para ejercer un control de ciertos aspectos, muy propios del neoliberalismo tardío.

    En fin, que hablando de espiritualidad y pasando por el ying y el Yang, creo que se trata de eso en el fondo

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    • Muy de acuerdo con tus argumentos. No podemos caer en los extremos. El tema del artículo es interesante en cuanto que nos invita a la reflexión.
      El equilibrio personal es algo que cada uno tiene la posibilidad de conquistar, independientemente de sus circunstancias. Sin duda, a algunos les toca más difícil que a otros. Pero el que quiere, realmente puede. Lo digo por propia experiencia. Un ejemplo interesante, desde mi punto de vista, es la historia de Stephanie Land, narrada magistralmente (para mi), en la miniserie «Maid, cosas por limpiar», de Netflix.
      El equilibrio emocional también significa aceptar que el dolor, el sufrimiento y las dificultades son parte inherente de la vida y que son necesarios para crecer. La felicidad permanente no existe. El «éxito» se puede entender de diversas maneras y en eso si el neoliberalismo ha vendido una idea falsa que a muchos atrae, subyuga y oprime.
      La realidad es muy compleja. Los seres humanos somo complejos y debemos (necesitamos) encontrar un equilibrio entre nuestra individualidad, nuestro pensamiento, nuestra espiritualidad y nuestra necesidad-esencia de ser seres relacionales. El otro da valor a mi existencia y yo doy valor a la existencia del otro. Cuando hago el bien a otros, me hago bien a mi mismo. Cuando hago daño a otros, me hago daño a mí mismo.
      En fin, en mi humilde opinión, cada persona tiene la posibilidad de conquistar su propia libertad. Algunos lo logran bastante bien, otros, infortunadamente, no y caen en las garras de la sociedad de consumo, o en otras esclavitudes que pueden venir de diferentes lados, de diferentes «supra-entes» sociales oscuros y manipuladores.

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    • De acuerdo totalmente.
      Creo que, si bien este post invita a una reflexión sobre «las dictaduras» soterradas a las que, de una u otra manera, todos estamos sometidos, no es bueno generalizar y tampoco es tan cierto, creo yo, que la industria generada por la literatura de autoayuda y las ahora famosas terapias de coaching respondan necesariamente a unos intereses políticos particulares (oscuros y malintencionados).
      La verdad no creo. Pero es solo mi punto de vista
      Todos los seres humanos tenemos la posibilidad de conquistar la libertad y un sano equilibrio emocional. Para algunos es más fácil que para otros. Eso no lo pongo en duda.
      Es verdad que las circunstancias socioeconomicas influyen (y mucho) en las posibilidades de lograr un cierto bienestar económico y emocional. Sin embargo, hay muchos casos particulares que demuestran claramente que dichas circunstancias no son absolutamente determinantes.
      Un caso que muestra esto es la historia de Alex en la miniserie «Maid: Las cosas por limpiar», de Netflix. Una historia de la vida real, narrada magistralmente en esta reciente producción cinematográfica. Subrayo que es mi punto de vista.
      Por otro lado, la felicidad no es una meta, ni es un trofeo. Es una actitud, un estado de la mente y del espíritu. Nunca es algo permanente. Es necesario conquistarla día tras día.

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  7. Esto es sumamente importante, el sistema nos quiere a todos individualizados y sin ningun tipo de pensamiento critico, para que así, seamos mas faciles de manipular y explotar. La filosofia es realmente necesaria, si no hacemos lo posible por intentar pensar mas alla de lo que nos imponen las industrias y los que estan en el poder, jamas nos podremos liberar de las cadenas que por siempre nos mantendran en el abismo de la ignorancia, y con ello estaremos bajo el estres, ansiedad, depresion, etc. Cuando nos demos cuenta que no se trata de salvarnos solos a cada quien o de forma individual, y pensemos tambien en los demas, como una verdadera sociedad, un enorme colectivo, quiza así juntos podamos hacer algo al respecto.

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  8. Bien utilizada la herramienta de «positivismo» cómo lo llaman, también ayuda a la sociedad. No se trata de callar y aguantar todo, si no saber actuar con inteligencia, no a lo borrego.
    No concuerdo con el autor, todo lo quieren politizar y hacer creer que todas las propuestas de cualquier índole son a favor o en contra de la política en curso.
    Para curar al mundo, hay que empezar por curarse uno mismo. Un ciego no guía a otro ciego

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  9. En el origen de todo esta la necesidad del ser humano de defenderse y protegerse contra las amenazas del medio externo (Estado, sociedad, religion) cuando estos quieren imponerse sobre los individuos, y al mismo tiempo encontrar defensas interiores contra la angustia existencial. En el fondo siempre estara la busqueda de felicidad, pero esta felicidad no puede ser solamente personal y privada, es necesario que la comunidad,donde vivimos y la sociedad en general, disfruten de condiciones de vida aceptables, que si bien no garantizaran nunca la «felicidad» por lo menos ofrezcan un cierto grado de bienestar.social. El problema siempre ha sido que desde el Poder, algunos se abrogan el derecho a decidir como, cuando y con que se puede y se debe ser feliz, y a veces hasta con buenas intenciones, de adjudiquen el derecho a decidir por nosotros, con la excusa de «el bien comun» . A lo largo de la historia sin embargo, lo que ha prevalecido es la busqueda y el mantenimiento del Poder politico y economico, por cualquier medio, (guerras, invasiones, golpes de Estado, etc) y en el ultimo siglo y medio,, a traves de la manipulacion psicologica, de la publicidad, la television, el cine, los medios de comunicacion de masas,y sobre todo, ultimamente, Internet. El verdadero Poder cada vez se reduce mas a unos pocos miembros,. El resto lo conformamos una masa facilmente manipulable a traves de las redes; .La busqueda de esa felicidad egoista y aislante de los problemas sociales, se ha convertido en un «Salvese quien pueda» donde muchos caen, porque luchar contra eso requiere de mucha consciencia individual y mucho compromiso social

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