Jung y el inconsciente

CGJungCarl Gustav Jung nace el 26 de julio de 1875 en Kesswil, cerca del lago suizo de Thurgau. Éste explica, ya anciano, que su juventud no puede entenderse más que a partir del concepto de misterio: una personalidad solitaria que creía tener consciencia de un saber desconocido. Muchos años más tarde, el rechazo absoluto de los últimos escritos de Jung por parte de sus antiguos colegas en el comienzo de la Primera Guerra Mundial aceleró su crisis personal, entrando en un proceso que él mismo calificó de “confrontación con lo inconsciente”. “La conciencia individual está rodeada por los abismos del inconsciente como por un mar amenazador”, escribiría más tarde, “No está segura ni inspira confianza más que en la apariencia; en realidad, es algo frágil, vacilante sobre su base”.

En una conferencia pronunciada en 1914, un mes antes del estallido de la Gran Guerra, Jung define lo inconsciente como “todos los procesos psíquicos que están bajo el umbral de la conciencia”, y nos recuerda que “en las personas normales la función principal de lo inconsciente consiste en efectuar una compensación y producir un equilibrio”, roto el cual aparecerá el trastorno mental.

Es sorprendente la transformación que se opera en el carácter de un individuo al irrumpir en él las fuerzas colectivas. Un ser humano afable y sensato puede tornarse un maníaco o una bestia salvaje. Propendemos en todos los casos a inculpar a las circunstancias exteriores, mas nada explota en nosotros que no existiese de antemano.

A principios del siglo XX, Jung defiende a ultranza los trabajos de Sigmund Freud, aunque cuestiona desde el principio la etiología exclusivamente sexual de la histeria y de los trastornos psicológicos. No obstante, se adhiere completamente a su método psicoterapéutico e intenta adentrarse con él en los fenómenos psicóticos. Al comienzo de su turbulenta relación, Jung llegó incluso a mostrar veneración por el maestro, y éste afirmó que Jung sería, sin duda, el “continuador y perfeccionador de mi labor y sucesor”.

Es cierto que nos halaga ser los dueños en nuestra propia casa. En realidad, dependemos, en proporciones angustiosas, de un funcionamiento preciso de nuestro psiquismo inconsciente, de sus sobresaltos y de sus fallos ocasionales.

Nada que ver con el difícil y oscuro final del nexo entre ambos alrededor de 1914. Karl Abraham, tercero en discordia, afirmaba sobre algunas conferencias que Jung pronunció criticando la libido y el incesto que “[Jung] ha hecho una exposición totalmente incorrecta de las enseñanzas de Freud” en contradicción “con sus anteriores escritos” sobre sexualidad infantil. Abraham percibe “en los escrito de Jung la obra de tendencias destructoras y reaccionarias”, y concluye que “no tiene ya el derecho de aplicar la designación de ‘psicoanálisis’ a las opiniones que propone”. En 1930 Jung escribía que…

… el psicoanálisis […] no es sólo un método terapéutico, sino también una teoría psicológica que no se limita en absoluto a las neurosis y a la psicopatología general, que trata también de incorporar a su dominio el fenómeno normal de los sueños y, más allá, el extenso ámbito de las ciencias del espíritu: la literatura, las artes plásticas en general, la biografía, la mitología, el folclore, la ciencia comparada de las religiones y la filosofía.

Carl Gustav Jung

El fundamental artículo “La contraposición entre Freud y Jung” (fechado en 1929) se centra en la insalvable diferencia de presupuestos, psicológicos y sociales, que explica la oposición entre ambos. En 1953, Jung confesaba en una entrevista que aceptaba “los hechos que Freud ha descubierto, pero sólo parcialmente su teoría. Únicamente pongo objeciones a la exclusividad de la sexualidad”. Jung califica su método de fenomenológico, en el que “trata de sucesos, de acontecimientos, de experiencias, en resumen, de hechos. Su verdad es un hecho, no un juicio”, llegando a asegurar que “La psique existe, más aún, es la existencia misma”.

¿Qué es propiamente la psique? Un prejuicio materialista indica que no es sino un mero epifenómeno, un producto secundario de los procesos orgánicos del cerebro. [Pero] es un prejuicio casi ridículo suponer que la existencia no puede ser sino corpórea. De hecho, la única forma de existencia de la que poseemos conocimiento inmediato, es psíquica. […] Nuestro espíritu no puede aprehender su propia forma de existencia, porque no tiene su punto de Arquímedes en lo exterior; no obstante, existe. La psique existe, más aún, es la existencia misma.

Respecto a la religión, la psicología, a juicio de Jung, sólo se ocupa de este fenómeno como actividad de la psique humana, es decir, en el modo como se manifiestan en la mente del ser humano las ideas religiosas, las ideas que éste tiene de Dios, o del hecho que no tenga ninguna. Estas ideas son aceptadas por la psicología como hechos, “pues –afirma Jung– es el hombre quien las tiene y quien crea para sí mismo imágenes”, si bien no pueda inmiscuirse en el problema de la realidad absoluta que la fe religiosa les atribuye.

Los fenómenos religiosos no suponen una mera sublimación, sino una auténtica y legítima función del psiquismo humano. Esta psique es un factor autónomo, y sus manifestaciones religiosas ponen de manifiesto ciertas confesiones psíquicas que en último término obedecen a procesos inconscientes.

La actividad religiosa del espíritu se halla mucho más profundamente arraigada en el hombre moderno que la sexualidad o la adaptación social. Así, conozco a personas para quienes el encuentro interior con la potencia extraña representa una experiencia a la que atribuyen el nombre de “Dios”. También “Dios”, tomado en este sentido, es una teoría, una concepción, una imagen que el espíritu humano crea, en su insuficiencia, para expresar la experiencia íntima de algo impensable e indecible. La experiencia viva es la única realidad, el único elemento indiscutible.

Jung Alianza InconscienteY es que Jung fue siempre un firme defensor de una psicología “del alma” (que define como una fuerza motriz o vital), apartándose del influjo más marcadamente materialista y positivista que la medicina y la psicología adoptaron a partir de los inicios del siglo XX, apartándose a la vez de explicaciones eminentemente metafísicas o especulativas, teniendo en cuenta que “Nada sabemos de las cosas últimas. Sólo esta confesión nos devuelve el equilibrio”. Aunque, a la vez, reconoce un nexo inextricable entre filosofía y psicología, entre las que reina “una conexión indisoluble, conexión que se debe a la compenetración de sus objetos. En pocas palabras: el objeto de la psicología es el alma; el de la filosofía, el mundo”.

Jung apunta que pretender obviar el contenido inconsciente de la mente no es más que una ignorante ilusión. A pesar de la intensidad en la que se manifiesta nuestra vida consciente, ésta no es más que un fenómeno efímero y puntual, adecuada a cada circunstancia; sin embargo, el inconsciente, es el “tesoro prodigioso de las estratificaciones depositadas en el transcurso de la vida de los antepasados”. Si el inconsciente pudiera ser personificado, observa Jung, “tomaría los rasgos de un ser humano colectivo que viviera al margen de la especificidad de los sexos, de la juventud y la vejez, del nacimiento y de la muerte, dueño de la experiencia humana”. Es por eso que la inconsciencia “originaria” asalta por todas partes a las conciencias individuales y que, por ello, la psicología debe definirse como “la ciencia del inconsciente”.

Podemos suponer que la personalidad humana comprende dos cosas: primero, la conciencia y todo cuanto ésta abarca, y segundo, el amplio fondo indeterminablemente grande que constituye la psique inconsciente. La personalidad consciente es definible con menor o mayor claridad; tratándose de la personalidad humana en su conjunto, hemos de reconocer la imposibilidad de una descripción completa. En otros términos: en toda personalidad hay, inevitablemente, algo adicional, ilimitado e indefinible, puesto que la personalidad muestra una parte consciente y observable, pero a fin de explicar determinados hechos nos vemos obligados a postular ciertos factores no contenidos en dicha parte consciente.

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3 comentarios en “Jung y el inconsciente

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