Narrativa y sensibilidad: Carmen Frías

Ora pro nobisOscar Wilde se refería al dolor en uno de sus textos más célebres, editado y conocido bajo el título De profundis, como un sentimiento único tras el que siempre se esconde un alma singular, humana, sintiente. En este documento de incalculable valor histórico y literario, Wilde refleja su ambición por hacerse cargo de su vida pasada, por asumir todos aquellos errores que pudo cometer a lo largo de los años. Y es que “hay en el dolor una intensa y extraordinaria realidad” que no se deja sortear.

Este movimiento de regresión biográfica, aunque esperanzado, alberga un carácter incómodo de primera magnitud: enfrentarse a la posible incriminación de una culpa que no siempre es justa, merecida, ni siquiera esperada. Como es sabido, Wilde cumplía condena en la cárcel, acusado de sodomía y homosexualidad, mientras redactaba De profundis. “Todo cuanto se hace hay que pagarlo”, aseguraba el irlandés, sumido en una acuciante depresión de la que no sabía –a ciencia cierta– si sentirse víctima. ¿Somos culpables de todo por lo que hemos de pagar?, se preguntaba Wilde, acosado por la mirada de los inquisitivos días de su pasado.

El sello independiente Ediciones Xorki publicó hace unos años Ora pro nobis, novela de Carmen Frías –sin duda una de las mejores escritoras del panorama narrativo español– en la que se relata el tortuoso camino anímico, psicológico y social que Manuel –joven protagonista de la narración– se ve obligado a recorrer en busca de una acaso imposible libertad de espíritu, envuelto en uno de los episodios más turbulentos de la historia de España, cuando el país afrontaba su segundo y fallido ensayo republicano.

Miedo, soledad, inseguridad, y sólo saber que el camino espera y que hay que andar con esta tragedia de una elección definitiva, de un estilo de vida que me hará para siempre. El desconcierto.

Se trata de una obra en la que, con sensibilidad extrema y singular, la autora aborda la peliaguda relación entre Iglesia, Estado y homosexualidad, a través de la biografía (en forma de diario, y por tanto, de confesión) de un joven que no puede dejar, a su vez, de hacerse cargo de un insoslayable sentimiento religioso –siempre encauzado a través de la figura humana de Cristo–.

¿Para qué o por qué vivir? Supongo que por inercia, o por un vago resquicio de fe, o simplemente por pereza, por la dulce pereza de afeitarse todos los días parsimoniosamente, de vestirse con lentitud, de mirar con fatiga, y seguir así, hora tras hora, con la única confianza puesta en esta enfermedad del alma que, tarde o temprano, acabará con toda posible alegría. Esperar con resignación que los días se alarguen, esperar sin saber cómo ni con qué llenar este tremendo hueco de la existencia que se conforma en el espacio de mi cuerpo. ¿Para qué vivir? ¿Para qué habré vivido yo? ¡Qué sinsentido!

La figura de Manuel es abordada desde todos los puntos de vista (político, social, sexual, religioso, etc.), lo que hace escapar al relato de la mera narración, convirtiéndolo con sobresaliente habilidad en una revisión muy acertada de algunos prejuicios eclesiásticos aún insultantemente vigentes. Una obra muy recomendable para destapar, desde la imparcialidad y un crítico respeto, algunas de las vergüenzas de nuestros días, al hilo de una historia que desgarrará y alentará dulcemente, por su sinceridad y cercanía, el corazón del lector.

El tiempo: el agobio del tiempo. Llega un momento en que empieza a acompañarte todos los días, sin saber muy bien cómo, cuándo, ni por qué este agobio se ha instalado en ti. Cuando era pequeño dejaba resbalar el tiempo y vivía más feliz. […] Mis horas no tenían que ser productivas, sólo mías, para vivirlas, para disfrutarlas, para compartirlas, sin más.

Cinco notas Carmen FríasSe publica ahora, en la misma editorial, la nueva y brillante novela de esta magnífica autora alicantina con el título de Cinco notas. Un relato en el que su protagonista, Oché, ha de reencontrarse –al igual que el Wilde de De profundis– con su pasado, con una carga de la que no se hace plenamente consciente hasta que la entrada de la senectud hace oscura (pero esclarecedora) presencia.

Al igual que en Ora pro nobis, la emotiva pluma de Carmen Frías nos enfrenta a los más comunes demonios humanos. La vida de Oché se desliza ante los ojos del lector como parte de un escaparate en el que sólo es posible observar: nada de lo que allí se muestra puede alcanzarse, tocarse, modificarse. Aquel pasado, impertérrito, sólo espera a ser juzgado, aunque bien sabe que el veredicto de tal juicio no ha de alterar su incólume naturaleza: perseverar en el Ser de lo acontecido para siempre.

Pero también la luz, en forma de esperanza, se da cita en Cinco notas. La biografía de Oché muestra igualmente, con matices de agridulce alegría y el resplandor propio de tiempos mejores, que la existencia, aun plegándose raramente a nuestros deseos, siempre guarda sorpresas imposibles de prever. El amor, la amistad, la adolescencia perdida pero siempre evocada y evocativa, la espera de lo anhelado, la pasión desbordada, etc., son indicios de que la vida se abre siempre paso a pesar de las desdichas no anunciadas, inevitables. Carmen Frías abre en Cinco notas el espacio de combate donde necesidad y libertad pujan por adueñarse del ánimo del protagonista, que se debate en una lucha incesante entre lo posible y lo imposible, entre lo irrecuperable y lo todavía por hacer. Aspectos que hacen de esta obra una suerte de Bildungsroman “invertida”: Oché cobra consciencia, ya pasado el tiempo, de que no podrá volver a manejar las circunstancias de su pasado, e intenta sacar provecho, en los años de su postrera madurez, de las enseñanzas que ese carácter imperturbable de lo ocurrido le ofrecen.

Cinco notas es una novela versátil, dinámica, amablemente trágica, sensible, cercana y a la vez plagada de ricos símbolos: el mar, omnisciente y cadente, las fotografías que rememoran lo que nunca volverá, la muerte que cercena la ilusión, el presente que engaña con argucias de inmediatez, el pasado aleccionador, el futuro pavoroso y tranquilizador. Carmen Frías muestra de nuevo su dominio del aparato narrativo para hacernos partícipes de la indescriptible hondura del corazón humano. Una novela que emociona de principio a fin y que muestra, con suma delicadeza, el carácter bifronte de esta terca existencia, sumida en una oscuridad que, en ocasiones, queda ninguneada por fulgurantes y maravillosos destellos.

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