Desentrañar el misterio del mundo: la sabiduría oculta de las Upanisad

Como dejó apuntado el filósofo Arthur Schopenhauer (1788-1860) en el segundo volumen de sus Parerga y Paralipómena, título que le otorgó fama definitiva a partir de 1851 y por cuyo éxito fue reconocido como el Buda de Frankfurt, “en cada página de las upanisad aparecen pensamientos profundos, originales y sublimes, mientras que una seriedad elevada y sagrada se extiende sobre todas ellas”. Fue el propio Schopenhauer uno de los primeros introductores del pensamiento de Oriente en el contexto cultural europeo, y reivindicó con vehemencia intelectual –tanto a viva voz como a través de sus escritos– la importancia de la tradición del pensamiento hindú para suscitar la aparición de una auténtica conmoción espiritual que desembocara en la definitiva transformación de nuestro espíritu, en un nuevo nacimiento (Wiedergeburt). Hasta el punto, incluso, de llegar a negar no sólo nuestra propia voluntad, sino la Voluntad toda, universal, cósmica, ese monstruo omnipotente que todo lo domina y devora en su inevitable despliegue.

La preciosa e inmejorable edición que Juan Arnau nos presenta, a cargo del exquisito y siempre delicado gusto de Ediciones Atalanta, se abre precisamente con la antepuesta cita de Schopenhauer. Una de las muchas en las que el filósofo alemán mencionó y reivindicó las upanisad. En su introducción, breve y enjundioso ensayo filosófico-histórico que sitúa y guía al lector, Arnau –sin duda el mejor conocedor de estos textos en el contexto hispanohablante y uno de los más brillantes sanscritistas del mundo– explica que:

… las upanisad […] son la culminación del pensamiento védico y uno de los grandes episodios en la historia del espíritu humano. Depositarias de una visión singular del mundo y de una filosofía profundamente intuitiva, contienen diálogos, poemas, aforismos y enseñanzas cuyo fin es vivenciar el principio y la fuerza sagrada que lo anima todo.

Upanisad

El influjo de las upanisad en la cultura occidental se ha hecho patente en muchas ocasiones. En ellas quedan establecidos los fundamentos de las doctrinas capitales del hinduismo clásico, y constituyen una fuente continua de enseñanza dentro de esta religión aún en nuestros días. No son sólo textos de especial importancia para el hinduismo, también han resultado decisivos en el inicio y desarrollo del jainismo y el budismo. La propuesta general de los upanisads consiste en identificar un principio único fundamental que aporta forma al mundo y que dan en llamar brahman. Este principio lo es desde dos puntos de vista:  cosmogónico (lo Uno de donde procede lo diverso, la pluralidad) y cosmológico (esencia de todo cuanto existe que se sitúa como el núcleo que otorga verdadera identidad a cada individualidad). Como apunta Juan Arnau, “En la India, las upanisad conservan todavía hoy un carácter profundamente sagrado. En total se reconocen más de doscientas”. Este volumen reúne por primera vez en español la traducción directa y completa de las trece upanisad principales, llamadas mukhya, con las que se cierra una etapa del pensamiento védico y se abre otra. La traducción de Arnau resulta, sencillamente, encomiable y del todo laudable: el ritmo, la prosa, la versificación (cuando se trata de poemas) harán las delicias del lector no sólo en lo espiritual, sino también en lo lingüístico.

Y es que hay que tener muy en cuenta, y nunca perder de vista, este componente “literario” de las upanisad, que remite, a su vez, a la vertiente eminentemente mistérica de su contenido. Como leemos en la introducción, “según las upanisad, entre los distintos elementos de lo existe, prima facie independientes, hay ciertos vínculos ocultos que la ciencia védica irá desvelando y cartografiando. Se trata, pues, de un arte del descubrimiento de las afinidades que componen la urdimbre del mundo. Y dado que la sabiduría consiste en profundizar en tales afinidades y transmitirlas al abrigo de la iniciación, el término upanisad acabará significando también ‘doctrina secreta'”, un término que Arnau traduce como “correspondencia”; esas correspondencias, mistéricas, como decimos, que la realidad alberga y que, acaso, podamos descubrir en la lectura de estos textos milenarios. Por ejemplo, en la Chandogya upanisad contamos con los siguientes versos, tan bellos como enigmáticos y sugerentes:

El que sabe mirar no ve la muerte, / la enfermedad, la angustia. / El que sabe mirar todo lo ve, / todo completamente lo hace suyo.

O estos otros:

No envejece al cumplir el cuerpo años. / No muere cuando el cuerpo yace muerto. / Ésa es la ciudadela del gran bráhman, / que en sí todo deseo ha contenido.

O, en fin:

Como niños hambrientos / sentados al abrigo de su madre, / en torno al sacrificio, al alto fuego, / se reúnen los seres.

El ser humano –y junto a él, todo animal y ser orgánico o inorgánico integrante de lo existente– no escapa a aquella unidad primordial de la que participamos: las upanisad postulan una identidad esencial entre el Yo de los seres humanos (al que denominan atman) y el brahman o realidad esencial. Dicho brevemente: lo profundo de nuestro Yo yace en la raíz de toda existencia, proporcionando una visión integradora del mundo y de la experiencia humana en general. En este sentido encontramos en la Isa upanisad –una de las más bellas y breves a juicio de quien escribe, y que quizá debiera leerse cada mañana al despertar- las siguientes fórmulas:

Todo aquello que es, / inerte o animado, / habita en el Señor. / Líbrate de lo vano, / nada hay que codiciar; A aquel que todo en sí lo ve y comprende, / y al que en toda figura se revela, / a ese nunca el atman lo abandona.

Mientras esta visión del todo en el Uno no sea acogida y aceptada por el ser humano, éste proseguirá dando vueltas, incesante y dolorosamente, en la rueda de la Vida, en la esfera de los seres que viven y mueren sin descanso (a lo que hace alusión la noción hinduista de samsara). Así, encontramos estas bellas e incitadoras expresiones en otra de las más representativas y compendiosas upanisad, Katha:

Cuando se han detenido la mente y los cinco sentidos, y ni siquiera se agita el intelecto, se alcanza el estado más alto. “Es es el yoga”, dicen cuando los sentidos están firmemente sujetos; gracias a él uno se libera de las distracciones. El yoga es tanto nacimiento como extinción. […] Una vez que la Muerte le hubo revelado este conocimiento y la ciencia del yoga, Naciketas quedó libre de sus ataduras, abandonó sus pasiones y alcanzó el bráhman.

Otro de los puntos fundamentales de las upanisad, que las hacen tan presentes y actuales, es su carácter eminentemente moral; una deriva que, sin embargo, no adoctrina, sino que inquiere y aconseja suave y certeramente, sin que el lector se vea por ello obligado o empujado, sino más bien invitado a pensar en su propia circunstancia, en el motor de sus actos. Por ejemplo, el tat twam asi hinduista –al que tanto recurrió, por cierto, Schopenhauer– hace referencia al reconocimiento del sí mismo en los otros, en el imperativo de no dañar a nada ni a nadie deliberadamente: la mirada de los individuos que derrocan el velo de Maya traspasa el principio de individuación, el ensueño producido por la pluralidad o multiplicidad –que en definitiva no es más que la envoltura de los fenómenos, su apariencia–. El más común de los errores humanos es pensar que el otro es un “no-yo”, una cosa distinta de nosotros mismos. Sobre este punto, Schopenhauer llegó a afirmar que la auténtica virtud no procede de la razón, sino del conocimiento intuitivo e inmediato de la identidad metafísica de los seres, aspecto fundamental de las upanisad. Para despertar nuestra compasión por el otro no se precisa de un esfuerzo intelectual, sino de una suerte de iluminación. El torturado y el torturador son, al fin y al cabo, lo mismo, y participan de la misma esencia.

Upanisad Atalanta

Como comenta Arnau, “las upanisad no constituyen una única obra sino muchas”. Estos textos “hablan de la necesidad de vivenciar el fundamento de lo real, de revivir la experiencia de los sabios de la antigüedad”, fraguándose de este modo “una consciencia muy clara de la reciprocidad y correspondencia entre el hombre y lo divino: quien ama a los dioses es amado por ellos. Lo cual hace posible el retorno cíclico de la inspiración poética, cuyo origen descansa en el orden cósmico”. En todos habita un sí mismo o atman, ya mencionado, que mora en todo, y que “cabría considerar trascendente y podría llamarse consciencia”.

El tono de la upanisad es eminentemente optimista, pues nos invita de forma permanente a acceder a un estado libre de miedo y ataduras. Al componente intemporal e indestructible del Ser. Una condición que es posible atisbar, escribe Juan Arnau, “en momentos precisos y generalmente breves”, al modo de una iluminación, como un acto amoroso que se da en forma de arrebato extático. “Momentos puntuales de reconciliación con el mundo, de confianza plena en que todo está en su lugar”. Nos resulta posible reconocer la verdad en tanto que la sabiduría posee en él su morada, como dice la Chandogya upanisad: “Tan grande como el espacio universal es el espacio del corazón”. Y apuntala Arnau: “Hay una sabiduría oculta en el corazón que puede vislumbrarse mediante esos vínculos secretos”. Una conquista que implica la liberación de las ataduras del samsara, del ciclo constante de reencarnaciones, y que nos desliga de la perpetua rueda de Ixión.

Este libro constituye un volumen de implacable e irremplazable importancia, tanto literaria como espiritual. Las upanisad –en esta magnífica y única traducción de Juan Arnau, en preciosa edición de Atalanta– se postulan como una invitación a aquella ansiada liberación, y nos incitan a develar el enigmático vínculo que une a la consciencia con la naturaleza. Textos de auténtica e insustituible relevancia en tiempos de descreencia y escepticismo hacia todo lo que huele a metafísica, a espiritualidad. Todas las upanisad aparecen precedidas de una breve nota del traductor, que ha construido con este libro no sólo la puerta más genuina y apropiada para adentrarse en la tradición védica de las upanisad, sino también todo un vademécum para iniciarse en la cultura y espiritualidad orientales, en particular en la religión hindú, que tanto tiene que decirnos en la actualidad. Un libro imprescindible que aún hoy resulta imprescindible por su hondura e implicaciones morales, éticas, literarias, históricas y espirituales. Un must para los amantes de los estudios etnográficos y religiosos, pero también un volumen que hará las delicias de cualquier lector interesado en descubrir los vericuetos de un mundo que, la mayor parte de las veces, se nos presenta como un inenerrable jeroglífico.

El vidente comprende que no hay muerte, / ni enfermedad alguna, ni agonía. / El que de veras contempla el Todo, / y hace del Todo el cuerpo de su ser.

Ese ha comprendido. Ese ha visto. Ese habrá comprendido la hondura de la sabiduría upanisádica.

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