Juana Inés de la Pluma

Nocturna, mas no funesta,
de noche mi pluma escribe.

antologia-poetica-sor-juana-ines-de-la-cruz-alianza-D_NQ_NP_796136-MLA26488829636_122017-F.jpgSí, Juana Inés de la Pluma, instrumento a un tiempo espada y escudo en la peripecia vital de esta mujer, gema iridiscente que irradió su fulgor, su energía inusitada condensada en una corta vida (1648 o 1651-1695). El marco, nada propicio, una sociedad que había sufrido una mutación descomunal a partir de 1519, la Nueva España (el México colonial). Hemos suprimido “sor” y “de la Cruz” en el título; no porque no fuera católica, que lo fue, sino por ser los brotes de su pluma el origen de la dicha pero también de la cruz que hubo de cargar a cuestas quien tomó los hábitos monjiles por aversión hacia el matrimonio, seguro castrador de la plasmación de sus inquietudes intelectuales de haberse perpetrado. Citaremos el párrafo luminar donde nos aclara su razón al final del trabajo.

Ahora volvemos sin dilación al título. Lo hemos escogido asimismo porque ella escribe “pluma” en no pocas ocasiones a lo largo de su obra. Baste un ejemplo, aparte del escrito en los dos versos iniciales del artículo: “En reconocimiento a las inimitables Plumas de la Europa…”Puntos suspensivos nuestros, porque si escribiéramos el título completo del romance al que pertenece la cita, dejaríamos de comentar más de lo que ya habremos de orillar: ¡24 palabras! Al gusto barroco.

También omitimos los apuntes biográficos por la misma razón, y porque están a mano en Google si no se desea consultar la copiosa bibliografía en papel. Y, para mayor comodidad, en esta revista han sido trazados por Virginia Moratiel en “Imágenes en un billete: sor Juana Inés de la Cruz”. Másel blog de Antonio Priante contiene “Sor Juana Inés de la Cruz. La doncella y el dragón”,en tres entregas. Ambas aportaciones son de gran interés y limpia y sugerente escritura. Que discrepemos en algún detalle no nos apea del elogio. No somos clones, por fortuna.

Juana Inés es hueso duro de roer. Penetrar su lenguaje es labor complicada; lo hemos logrado sólo en parte. Y no principalmente por el motivo más aducido por otros comentaristas (ese gusto por la sintaxis distorsionada del hipérbaton y otros retorcimientos barrocos), sino porque a varios de sus escritos, para entenderlos en profundidad, habría que acercarse como a una caja fuerte cuya clave se conoce. Y la ignoramos, así que el cofre custodio de la cumplida interpretación de sus composiciones nos hace una mueca a la vez burlona, esquiva y díscola.

Desgraciadamente, y ya en plena faena, suprimimos lo dispuesto sobre los trabajos excelentes de Moratiel y Priante. Excepto señalar que ambos y varias otras autoras y autores que han tratado de hincarle el diente al pensamiento de la doncella vocacional destacan, pero en diverso grado, el flanco del feminismo en la personalidad de la novohispana. Entonces, claro, no existía como tal movimiento, pero sí anidaba en la conciencia de tantas mujeres la evidencia indubitable de su sometimiento, de su trato por el varón en general (y por la Iglesia en particular), en el mejor de los casos, como menores de edad. Tampoco podemos entrar, sino mencionar de refilón que hay estudiosos para quienes esto del feminismo de Juana Inés es una incorrecta y descontextualizada exégesis, casi una memez propia de personas desnortadas, a veces nacidas en EEUU, que no tienen el castellano como lengua materna y que acaso ni lo conocen como segundo idioma.

Escogemos por todo ello centrarnos en una mujer poco conocida y en una obra menor. Los estudios de Octavio Paz y otros notables de las letras han sido comentados hasta la saciedad. Así que preferimos Enigmas de La Casa del Placer, que además está casi recién salido de las prensas (diciembre 2018) en la edición de María-Milagros Rivera Garretas (en adelante, Garretas), quien nos aclara que “son veinte acertijos o adivinanzas cada una de las cuales es una redondilla. En todos ellos, la respuesta al enigma o acertijo es ‘Amor’“.Construye su discurso Garretas en torno a un feminismo extremo, arrebatado, fervoroso. De la virreina arribada en 1680, María Luisa, condesa de Paredes de Nava y Juana Inés señala su enamoramiento y “relación intensísima”, sin explicitar si estamos ante una relación huérfana de sexo o carnal. No creemos que sugiera esa orfandad con la inclusión de estos versos de Juana Inés (ortografía original en “muger”):

Ser muger, ni estar ausente
no es de amarte impedimento;
pues sabes tú, que las almas
distancia ignoran, y sexo.

Inundación castálida

Cuatro versos cuya palabra final podría llamar a engaño. Así que es capital tratar de interpretarla. Pensamos que, a pesar de lo que leemos en los dos primeros, no hemos de tomar “sexo” como manifestación de un amor lésbico, sino de que las almas (las personas en este caso) han de estar en pie de igualdad, sea uno u otro su sexo. Anhelo de la intrépida Inés tan noble como misión imposible en aquella sociedad (y hoy mismo en la mayor parte del mundo).

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Garretas se enoja con los críticos del siglo XX que no saben digerir “la grandeza, la libertad y el desenfado de esta obra”. Y, no desenfado, sino enfado les adjudica, además de ignorancia y temor ante “la independencia simbólica de todas las mujeres, poetas, y lectoras de poesía, que intervinieron en la edición y en el éxito de este libro”. ¿Qué es “independencia simbólica”? Lo  ignoramos.

Se ayuda de unas palabras de Un cuarto propio (Virginia Woolf): “los profesores suelen estar muy enfadados”. Nada superfluo destacar que emplea los términos “matrocinio” y “matrocinadoras”. Jamás los habíamos leído. No lo afeamos, no somos puristas del lenguaje. Al contrario, nos resultan apropiados, pues se trata de “las monjas y las matrocinadoras que constituían la soberana Asamblea de La Casa del Placer”. Verbigracia, una empresa femenina.

La relación con la virreina María Luisa, Lysi, si fue o no íntima en sentido amatorio, quizá sólo ellas lo supieron, pero sí la consideramos propia de dos espíritus de remarcable finura. E, importante, “Al volver a España, la Condesa de Paredes se ocupó de la publicación de las obras completas de sor Juana Inés de la Cruz. El primer tomo saldría a la luz en 1689, en Madrid, […] incluía la Inundación castálida, obra dedicada a la Condesa de Paredes, obra llena de poemas de amor y de amistad a la que era su amiga y su más fiel aficionada”. Dos páginas adelante escribe que “Es una obra altamente irreverente, ya en su forma, con la Iglesia y el Estado”.

Luego entra en una singular interpretación de la vida monástica “inventada [sic] a finales del siglo IV” por santa Macrina la Joven, quien “puso en su núcleo la castidad, entendida como inhibición de la heterosexualidad procreadora y sus afanes, no de la sexualidad”.

¿Castidad no inhibidora de la sexualidad? Estamos por decir que Garretas, en su fervor por la poetisa novohispana, resulta deudora a veces de su lenguaje críptico. Y sigue describiendo una vida monástica, ahora ya medieval, en la que alguno de sus conspicuos representantes escribe un volumen laudatorio de “un tipo de amistad cristiana en la que el amor carnal y el espiritual eran inseparables”. Amistad, amor carnal y espiritual en la misma coctelera, y agitada por un hombre de Dios, San Elredo de Rievaulx, o Rieval (1110-1167), en De spirituali amicitia (De la amistad espiritual).

Sorpresa tras sorpresa, añade que dicha obra estuvo “siempre disponible y nunca condenada por la Iglesia”. Ahora veremos si entendemos por dónde va:

A este ambiente cultural cristiano responden los Enigmas de La Casa del Placer. No son debates ficticios ni entretenimientos o pasatiempos de monjas y aristócratas lascivas, como sostiene la crítica literaria masculina (y sus seguidoras), que da por hecho que todo el cristianismo del siglo XVII se atenía a los dictados del concilio de Trento.

Concilio celebrado a mediados del XVI, con gran repercusión en el XVII. Al parecer, y en contra de las pruebas que desnudan la corrupción del cristianismo casi desde sus albores, habrían florecido comunidades monásticas libres del espíritu ñoño, sombrío, flagelante y sectario característico de la Iglesia (espíritu que perdura hoy, si bien aggiornado). Obsérvese también ese desdeñoso “como sostiene la crítica literaria masculina”, y más el dardo lanzado a las mujeres que condescienden: “(y sus seguidoras)”.

Ya destacamos muchas líneas atrás el intachable catolicismo de Juana Inés (y de la virreina y demás personajes). Lo recordamos para encuadrar esta nueva cita de Garretas, muy acertada en lo relativo a la Iglesia, pero en la que sacude de nuevo a la crítica literaria masculina:

Ninguna interpretación del mensaje de Cristo es heterodoxa hasta que choca con los intereses anticristianos de las instancias de poder de la Iglesia y de la crítica literaria masculina que, con frecuencia, sabe más de ideología patriarcal que de escritura femenina.

En esta otra alusión no creemos que se dé controversia: “Como Emily Dickinson, supo desde niña que tenía talento para la poesía”:

Sè que nacì tan Poeta,
que açotada, como Ovidio,
Suenan en Metro mis quexas.

Inundación Castálida

En el parágrafo luminar a que aludimos al principio explica a las claras las razones de su toma de los hábitos: en resumen, su aversión al matrimonio, que habría jubilado su actividad intelectual. Permítasenos trasladar la conocida frase “los caballeros las prefieren rubias” a “los caballeros las prefieren tontas”, léase obedientes y complacientes. No todos, claro, apostillamos. Pero para muchos varones la inteligencia femenina era una afrenta a su posición dominante y algo propio de machorras.

Juana Inés Cruz

También se ha dicho que las señoras de fina inteligencia tienen a veces rasgos físicos viriloides. Quizá sea así en algunos casos, pero no en el que nos ocupa, pues en Juana Inés la sapiencia y sensibilidad van de la mano de una belleza rutilante, como se puede admirar en varios retratos anteriores a su toma de los hábitos. Incluso después, aunque menos, pues ese mandato de cubrirse cuello, cabeza y parte de la cara resta hermosura (lo observamos hoy en las musulmanas, obligadas a cargar con sus diferentes pañuelos, hasta el extremo de la mazmorra andante llamada burka). No olvidamos el párrafo luminar:

Entrème Religiosa, porque aunque conocìa, que tenìa el estado cosas (de las accesorias hablo, no de las formales) muchas repugnantes à mi genio; con todo, para la total negación, que tenía al Matrimonio, era lo menos desproporcionado, y lo más decente, que podía elegir, en materia de la seguridad, que deseaba, de mi salvación.

El empleo de inicial mayúscula en palabras que no deberían llevarla (aquí “Religiosa” y “Matrimonio”), no es, en opinión de Garretas, “arbitrario sino significativo de la escritura femenina (Emily Dickinson, Nieves Muriel…)”. Seguimos quedándonos a dos velas, tampoco poseemos la llave del arcón de esta comentarista. Hemos contado las veinte redondillas: en siete hay uso de esas mayúsculas, pero no sólo iniciales. En la segunda leemos “L” en pronombre personal pospuesto, enclítico:

¿Qual será aquella aflicción
que es con igual tiranía
el callarLa, cobardía,
dezirLa, desatención?

En definitiva, hemos escogido una obra y comentarista menos conocidas que otras, a propósito, aun a riesgo de recibir menos lecturas. Y obviado el hálito filosófico, metafísico si se prefiere, que emana de muchos versos de esta mujer descollante, tal vez la más cumplida escritora de todas las Américas hasta finales del XIX o incluso principios del XX.

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7 comentarios en “Juana Inés de la Pluma

  1. El machismo no solo nos ha caricaturizado, también nos ha impuesto extrañas patologías a lo largo de la historia de la humanidad, ha generado la mayor cantidad de estupideces (Harari, 2017, 2018) que, han ocasionado el mayor desastre para este planeta que nos alberga.

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  2. ¡Maravilloso…/ Julio, de una exquisitez deslumbrante…
    algo que no es nuevo en ti/ -da igual el tema que trates…-
    Ese estilo/vocabulario/toque tan especial… lo llena de interés/intensidad… gracias/

    Me gusta leer/seguir tu blog y tus aportaciones/colaboración en ” El vuelo de la lechuza”
    Un abrazo/saludos!!
    Lucio

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  3. Siempre tan amable mi amigo en la distancia el poeta Lucio. Distancia kilométrica, se entiende, porque en otros aspectos te siento más cercano que a otros (y otras) que cuando me hablan cierro la boca, pues las andanadas de perdigones no son sólo las de las escopetas. Que pases muy buena noche, Lucio, y a ver cuándo agavillas en libro tus poemas, como le he dicho a otro bloguero que podría intentar hacer con sus relatos. Muy amable, muchas gracias.

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  4. Buenas tardes, señor Aitor Boada Benito,
    Leo en facebook que es Vd..uno de los que han calificado “Inés de la Pluma” con un “me encanta”.
    Se lo agradezco, al tiempo que le informo de que no es el artículo que habría deseado plasmar, pues mi intención era titularlo “Juana Inés de la Pluma: más allá del feminismo”·. Es decir, que con espacio suficiente habría compuesto un ensayito. muy distinto de la entrada que ha resultado.
    Saludos cordiales
    PD,- Sólo uso facebook para ver los resultados de las entradas lechuceras, que aparecen de forma muy distinta a como se ven el la página que tenemos cada colaborador.

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  5. Hola compañero! Me gusta tu artículo, creo que entiendo por qué dices que se parece al mío… En cualquier caso, la división entre Matrimonio y Religiosidad (que hoy sería “Trabajo”) ha dejado de ser una lucha entre dos frentes irreconciliables, desde el feminismo caminamos para que pueda juntarse en algún tipo de equilibrio…Es triste que haya que renunciar a una de las dos, y me parece que corresponden al mismo esquema esclavista.

    P.D: Siempre he pensado que la Iglesia era una tapadera de la homosexualidad. El intelecto no puede prescindir de lo carnal.. ¿no es cierto? En fin, me quedo con las ganas de saber más de la autora. Gracias por compartirla! :D

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