El feminismo de Rosalía de Castro

Rosalía de Castro e o poder sexual .jpgLa escritora y pensadora María Xosé Queizán (Vigo, 1939), directora de la revista Festa da palabra silenciada (elaborada por FIGA –Feministas Independentes Galegas–), publica en Xerais un conciso, original y reivindicativo ensayo en el que pone de relieve la vertiente feminista de la obra y el pensamiento de Rosalía de Castro, quizá –con permiso de Cela, Valle-Inclán, Pondán o Castelao– la figura literaria gallega más universal.

El libro, escrito en el idioma que Rosalía tanto defendió y empleó en sus escritos, el gallego, presenta un significativo y elocuente título: Rosalía de Castro e o poder sexual (en adelante, se traducen al español las citas reproducidas del libro de Queizán). A juicio de la autora, uno de los conceptos clave en la obra tanto poética como narrativa de Rosalía es el de seducción, “entendiendo ésta como el poder sexual que los hombres ejercen sobre las mujeres”. Queizán sostiene como tesis principal que Rosalía fue la primera escritora gallega del siglo XIX cuyo Leitmotiv fue la sexualidad y el poder patriarcal: “fue pionera, con originalidad y con audacia, en un tema vigente y de actualidad, causante de un holocausto que no cesa”, asegura Queizán en contundente y certera expresión. Un “holocausto”, tan gravoso como peligrosamente silente, que esconde cientos de muertes que la violencia machista se cobra cada año en España: “las víctimas tienen derecho a un minuto de silencio de las autoridades, delante de los edificios de los ayuntamientos correspondientes donde se produjeron los crímenes. […] Las feministas condenan los abusos y los crímenes año tras año”, apunta Queizán, mientras que la sociedad, parece, sólo “lamenta” esa lacra.

Las novelas rosalianas cuentan con numerosas protagonistas femeninas que, incluso tras haber sufrido abusos o malos tratos, siguen cerca de los hombres que perpetran tales hechos: “una mujer que padece los efectos del abuso del patriarcado, tanto en el aspecto político como emocional”. Escribe Queizán que la obra de Rosalía “es feminista avant la lettre, y no puede entenderse de no ser leída bajo estos parámetros”. No debe despistarnos la dulzura y modestia del carácter natural de Rosalía: su osadía como escritora en los temas elegidos, siempre tratados con hondura (si bien literaria), la sitúan como una de las poetas y narradoras de la historia más concienciada con los abusos que la mujer de su tiempo (y de todo tiempo) sufría (y ha sufrido).

Venid ahora vosotras, esclavas mías, hermosas hijas del libre pensamiento, que lucháis por romper unas cadenas que sólo desata la muerte; valientes amazonas que no vaciláis en medir vuestras fuerzas con el gigante invisible que os vence… (El caballero de las botas azules).

Uno de los textos más claros a este respecto es el “Prólogo” de La hija del mar, novela en la que Rosalía lleva a cabo una tenaz y valiente reivindicación de la condición femenina, siendo ella la primera en considerarse víctima, al haber sido maltratada no pocas veces por haber elegido como oficio la escritura. También por su marido, quien envidió su capacidad y su progresivo éxito. En dicho prólogo, Rosalía se muestra tan mordaz como irónica, y en él explica que, una vez que se ha admitido que la mujer también posee alma, quizá se necesiten otros tantos años para reconocer que el sexo femenino está suficientemente dotado para escribir libros, pues “todavía no les es permitido a las mujeres escribir lo que sienten y lo que saben”.

Posible me sería añadir que mujeres como Madame Roland, cuyo genio fomentó y dirigió la Revolución francesa en sus días de gloria; Madame Staël, tan gran política como filósofa y poeta; Rosa Bonheure, la pintora de paisajes sin rival hasta ahora; Jorge Sand, la novelista profunda, la que está llamada a compartir la gloria de Balzac y Walter Scott; Santa Teresa de Jesús, ese espíritu ardiente cuya mirada penetró en los más intrincados laberintos de la teología mística; Safo, Catalina de Rusia, Juana de Arco, María Teresa de Austria y tantas otras cuyos nombres la historia, mucho más imparcial que los hombres, registra en sus páginas, protestaron eternamente contra la vulgar idea de que la mujer sólo sirve para las labores domésticas y que aquella que, obedeciendo tal vez a una fuerza irresistible, se aparta de esa vida pacífica y se lanza a las revueltas ondas de los tumultos del mundo es una mujer digna de la execración general.

Rosalía de Castro.jpgAl menos, escribe Rosalía sarcásticamente, las mujeres han podido recoger “estas migajas de libertad al pie de la mesa del rico”, del hombre, que hasta entonces ha ostentado el poder en todos los estamentos e instituciones. Pero, comenta Queizán, “Rosalía no presenta a la mujer como una víctima”, sino como “un hermoso Luzbel” que “desafía las injusticias, la subordinación a todo tipo de autoridad”, haciendo gala de un llamativo individualismo y, sobre todo, de una franca y siempre pujante libertad.

Rosalía de Castro “da la vuelta a la literatura romántica –prosigue María Xosé Queizán– y presente una mujer realista” que cuestiona y supera los prejuicios sociales, si bien, como en el caso de La hija del mar, acabe siendo en ocasiones fatalmente engañada por un impostor. La falta de libertad no sólo tiene lugar en los ámbitos creativo o vivencial, sino también, se podría decir, en el ontológico: la mujer viene al mundo encadenada, esperando órdenes. Pero, denuncia Rosalía, obviar el poder de la mujer significa obviar lo que siente, padece y sabe más de la mitad de la humanidad.

El ensayo de Queizán resulta fundamental para los amantes de la literatura de Rosalía, que descubrirán en ella nuevas perspectivas antes pasadas por alto, así como por quien desee acercarse a uno de los aspectos más ignorados de la vida y la obra de la inmortal gallega, ejemplo de sana y contenida rebeldía que, sin embargo, nunca calló la situación de la mujer en la sociedad que le tocó en suerte vivir, pues “una poetisa o escritora no puede vivir humanamente en paz sobre la tierra, puesto que además de las agitaciones de su espíritu, tiene las que levantan en torno de ella cuantos la rodean”.

¿Y qué he hecho yo para sufrir estos tormentos? Amar y esperar mucho y poseer dolores a cambio de esa esperanza. Hace hoy doce años que él me abandonó, hoy once que mi hijo ha muerto y que todo se acabó para mí; desde entonces la vida ha faltado a mi vida… (La hija del mar, V).

La obra de Rosalía, en su conjunto, es un un grito que reclama justicia para las mujeres: en el pasado, en el futuro, pero sobre todo en el presente, donde tiene lugar la acción efectiva, real. Nunca dejó de animar a las mujeres a exigir dignidad, civilización y libertad, a que sueñen, a que luchen sin miedo. Y es que, como leemos en el concentrado libro de Queizán, muchas de las protagonistas de las obras de Rosalía relatan la “experiencia femenina desde el punto de vista de su potencial y de los obstáculos que, al final, son vencidos por la reafirmación de la solidaridad” entre las propias mujeres. Un estudio actual, que recupera lo mejor (y más intenso) de la literatura de Rosalía, y que pone el poder reivindicativo de sus obras a la altura de la belleza de sus creaciones: “Rosalía parece hacer un llamamiento a las mujeres para que estén sujetas a sí mismas, sean libres e independientes y no esclavas”.

¡Oh!, ¡Señor de justicia!, ¡brazo del débil y del pobre!, ¿por qué no te alzas contra el rico y el poderoso que así oprimen a la mujer, que la cargan de grillos mucho más pesados que los de los calabozos y que ni aun la dejan quejarse de su desgracia? Infelices criaturas, seres desheredados que moráis en las desoladas montañas de mi país, mujeres hermosas y desdichadas que no conocéis más vida que la servidumbre, abandonad vuestras cumbres queridas en donde se conservan perennes los usos del feudalismo, huid de esos groseros tiranos (La hija del mar, IX).

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3 comentarios en “El feminismo de Rosalía de Castro

  1. Gracias por esa visión de luz sobre una Mujer escritora y sobre todo un auténtico ser que ha luchado por llevar a la mujer a una vida más libre y a ser ella misma.
    He estudiado literatura sin saber interpretar lo que hay en el interior de esas obras magníficas que dicen mucho sobre la lo que es una VIDA LIBRE y AUTÉNTICA..

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  2. Buenos días, amigo,
    Como en estos momentos no tengo tiempo para ahondar, te digo que me ha gustado todo: continente, contenido… e intención. Sólo añado que la esplendente cita final con la que has cerrado el artículo es tan certera como estremecedora.
    Espléndida jornada dominical para ti y tu familia.

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  3. Pingback: El feminismo de Rosalía de Castro — El vuelo de la lechuza – Arte, investigación y pensamiento latinoamericano.

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