De lo hostil en el ser humano

Asco, soberbia, odioPor lo general, quizás en un intento por ocultar lo que de desordenado y deleznable hay en nosotros, la tradición filosófica ha preferido centrarse en el estudio de sentimientos “positivos” (loables) como la belleza, el amor o la caridad. Sin embargo, si examinamos con detenimiento la experiencia humana, observamos cómo toda una inmensidad de emociones como el asco, la soberbia o el odio son moneda de curso corriente en el trato de unos con los otros.

Ediciones Encuentro nos presenta la traducción de una obra fundamental del filósofo húngaro Aurel Thomas Kolnai, pensador de fulgurante trayectoria que contó con numerosas amistades en la España filosófica del segundo tercio del siglo pasado, comandada por Ortega y Gasset. Aunque pertenece a un conjunto de figuras que no han tenido la suerte de pasar al primer plano cultural, Kolnai saltó definitivamente a la palestra cuando, en 1938, publica un interesante escrito sobre la incipiente Guerra Mundial: La guerra contra el Oeste.

Poco antes, a partir de la década de los años 30, redacta algunos ensayos sobre aquellos sentimientos hostiles ya mencionados cuyo estudio, normalmente, brillaba por su ausencia en el panorama filosófico de cualquier signo. Asco, soberbia, odio recoge en excelente traducción de Íngrid Vendrell Ferran tales escritos que, como un todo, configuran toda una cosmovisión vital.

Aunque Kolnai se volcó en un principio hacia el estudio del psicoanálisis, la lectura y estudio de Husserl y Max Scheler provoca en él un vuelco hacia la fenomenología. Además, en 1926, influido por las obras de Chesterton, se convierte al catolicismo, que profesará hasta el fin de sus días. Circunstancias todas ellas que harán que Kolnai repiense sus creencias y convicciones, hasta que, como nos explica Vendrell Ferran en la introducción al volumen, Kolnai, al igual que Scheler, se decide por defender “una posición realista de los valores, según la cual estos existen como realidades independientes de las personas y las cosas y están jerárquicamente ordenados”.

Un rasgo general del comportamiento soberbio consiste en aislar de algún modo al sujeto de los objetos del mundo circundante y, en especial, de sus semejantes. El sí mismo se enaltece de manera apriórica no en virtud de una comparación empírica de mi valor con el valor de los demás, sino generalmente despojando de valor a los otros.

Este libro servirá para situar en su lugar apropiado, definir e investigar fenomenológicamente el asco, la soberbia y el odio, emociones catalogadas como “feas” (repugnantes, evitables en todo caso) y que, a juicio de Kolnai, poseen un elemento común: constituyen “respuestas negativas”, “reacciones de defensa” o rechazo frente a un entorno que se nos antoja hostil. Con ello, Kolnai hace su particular acercamiento a un asunto que le preocupó durante toda su carrera: la fragilidad e imperfección humanas.

El sentimiento del asco posee una cualidad de tal manera propia, unívoca y característica, y a la vez tan difícil de aclarar por medio de conceptos […] que parece completamente adecuado a una verdadera investigación fenomenológica. […] El propósito es, pues, comprender la esencia, la significación, la intención del asco y, por así decir, las leyes que unen el mundo de sus objetos. Es lo que intentaremos hacer, al hilo de un paralelo con la angustia.

Queda fuera de toda duda la altura filosófica de esta obra de Aurel Kolnai. El propio Ortega y Gasset llegó a publicar en Revista de Occidente el ensayo sobre el asco en 1929, recogido en esta edición de Encuentro, impresionado por la calidad y hondura del texto del pensador húngaro.

Además, como se apunta en la mencionada introducción, Asco, soberbia, odio ha influido en numerosas personalidades posteriores, como Jean-Paul Sartre (La Náusea), Hermann Schmitz, William Ian Miller (Anatomy of Disgust) o el mismísimo Salvador Dalí, que en 1932 publica un artículo (“The Object as revealed in Surrealist Experiment”) en el que se hace eco de la descripción de Kolnai sobre los objetos asquerosos.

Precisamente porque el asco y la angustia son reacciones de defensa no se refieren, en su intención, ni a la existencia ajena (como en el odio o la agresividad), ni a la propia manera de ser del sujeto (como en el arrepentimiento y el pudor). Ambas se refieren a una perturbación de la propia existencia por un ser extraño.

Una reflexión muy actual y necesaria sobre emociones y sentimientos que suelen quedar ocultos, acaso por miedo a desenterrar nuestro auténtico ser, a los que Kolnai otorga una entidad propia, unívoca y característica, y nos ayuda a entender cómo a través del análisis fenomenológico pueden descubrirse valores y leyes objetivas determinables científicamente, en un campo como el axiológico en el que todo parece vago, fluctuante, subjetivo y caprichoso.

¿Quién puede decir de un modo inequívoco, qué es lo que el odiador podría acometer gustoso con su enemigo si se identificara totalmente con su odio y no tuviera en cuenta ni reflexiones morales ni consideraciones externas? ¿Se contentaría el odio con que el contrincante fuera “puesto a distancia” y fuera abatido en un campo determinado? ¿O tiene éste que ser dañado, martirizado, humillado? ¿Es su muerte el auténtico objetivo? ¿O tal vez ni siquiera la muerte sea suficiente? […] El que odia también puede calumniar o intentar borrar el recuerdo de su contrincante; puede desear para su alma la perdición eterna. Por tanto, el odio, a diferencia de un determinado miedo, un determinado asco y un determinado apetito, no tiene un objetivo claramente unívoco.

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