Medea: cómo ser extranjera, mujer y sabia en un mundo patriarcal

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Medea y Jasón pintados por Waterhouse

A través de los tiempos hemos sabido, sobre todo por los trágicos como Eurípides, que Medea era una maga venida de Oriente, que ayudó a Jasón a hacerse con el legendario vellocino de oro y que, madre cruel, mató a sus dos hijos como venganza contra su marido. Así nos han presentado, por lo general y sin más, a esta heroína, pero el mito sigue siendo revisado en la actualidad, demostrando que, quizá, Medea no era esa madre cruel de la que se nos ha hablado en tantas ocasiones. En primer lugar, y antes de juzgar sus actos, recordemos el mito y algunas de sus versiones.

Originaria de la Cólquida, Medea es hija del rey Eetes y nieta del dios del Sol, Helios. Su historia comienza con la llegada de los argonautas, jóvenes valerosos capitaneados por Jasón. Enamorada de éste, Medea ayuda a los argonautas a tomar el vellocino de oro, y después huye con ellos. Para retardar la persecución del rey Eetes, Jasón desmiembra al hijo de Eetes (y hermanastro de la propia Medea), el príncipe Apsirto, quien los acechaba. Los argonautas, acompañados por Medea, llegan a Yolco. Allí, Jasón se casa con la heroína y tienen dos hijos. Medea acaba también con el rey de Yolco, Pelias, tras negarse éste a entregar el poder a Jasón. Medea consigue convencer a las hijas de Pelias para que lo despedacen, prometiendo que de este modo rejuvenecería. Otra versión de este momento asegura que Medea consigue convencer a las hijas del rey para que lo introduzcan en agua hirviendo con mágicas hierbas rejuvenecedoras, versión presentada por el trágico Sófocles en la tragedia perdida Las Rizotomas (Las Magas). A causa de este asesinato, Medea y Jasón se ven obligados a exiliarse en Corinto; gracias a Ovidio y al Canto III de su Metamorfosis conocemos esta parte del mito. Algunas de tales atrocidades no son narradas por algunos autores modernos, como en el caso de la francesa Elisabeth Porquerol (1905-2008) en su obra Jasón, que nos sitúa directamente en Corinto. Porquerol nos libra así de la visión de bárbara de la heroína. Veremos por qué.

Pero la felicidad no dura mucho, pues Jasón quiere casarse con Creúsa, hija del rey de Corinto, mas no por amor, sino para adquirir la posición de rey. Medea, para vengarse, mata a sus hijos, al rey y a Creúsa. Según otra versión del mito, la de Creófilo de Samos, son los familiares de Creón los que se encargarían de difundir esta leyenda negra. La heroína, tras los asesinatos, pide asilo al rey Egeo y parte de nuevo en exilio a Atenas, montada en un carro alado ayudada por el dios Helios, el dios del Sol, quien, por su parte, es su abuelo. De este modo aparece en la tragedia de Eurípides, Medea. Según Alain Moreau, Medea no llega directamente a Atenas, sino que hace una parada en Tebas, donde encuentra a Hércules, que se ha vuelto loco y no puede prestarle su ayuda. Medea socorre al héroe gracias a la magia, si bien este episodio es poco conocido ya que, como observamos, el objetivo de las demás versiones parece ser el de desacreditarla.

Se dice que la presencia de Medea en Atenas provocó la desgracia de la ciudad, e incluso intentó envenenar al hijo de Egeo, Teseo (Medea había sido madre de nuevo con Egeo, de avanzada edad, quien pide a Medea que emplee su hechicería para hacerle padre, unión de la cual nace Medo, frente al que Teseo se ve amenazado). De nuevo, Medea ha de huir. Según algunas versiones, termina su vida como esposa de Aquiles, en la isla de los Bienaventurados o en los Campos Elíseos.

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Maria Callas en el rodaje de “Medea” en la película de Pier Paolo Pasolini (1969)

Medea ha sido siempre considerada una figura intrigante que engendra el miedo, formando parte de una categoría de la alteridad, de lo extraño y misterioso, entre los griegos. Jean Pierre Vernant habla de manera extensa sobre este miedo a la alteridad en La mort dans les yeux. Figure de l’Autre en Grèce ancienne, lectura que recomendamos vivamente. El prototipo de Medea se convirtió desde muy pronto, para los hombres, en una suerte de idealización negativa y temible de la mujer, en una realidad incognoscible, extraña, que no se entiende y que escapa de toda comprensión. Medea es “la mujer que mata a sus hijos”. Con este acto, Medea se convierte en la bárbara, la bruja, la mujer que se rebela contra lo establecido. En resumen, ella simboliza lo Otro que se reafirma y se levanta contra la encarnación de lo estipulado, orden representado por Jasón.

Resulta interesante constatar hasta qué punto Medea se opone a lo masculino, a los griegos, a la polis, a la religión, etc. Como sucede con Helena (y su tradicional imagen de traidora y embustera), cuyo caso ya hemos analizado en otro artículo, la imagen de una Medea vil y asesina se impone frente a la de diosa benéfica, musa o mujer comprometida con su esposo, debido a los valores imperantes de los griegos: antes de la representación de Eurípides, Medea era considerada una diosa madre, no una bárbara asesina. Una percepción que cambia en el mundo griego, pues Medea proviene de Oriente, de un mundo bárbaro a ojos del mundo occidental. El bien y el mal quedan así trastocados. El estatuto de extranjera, de extraña, se mostraba ante el público griego para poder comprender la acción asesina: un crimen tan atroz (matar a sus propios hijos) no podía provenir de un conciudadano; debía ser ejecutado por una extranjera, no por una mujer griega.

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Medea, de Frederyck Sandys (1868)

En el estudio de Alicia Esteban Santos (“Mujeres Terribles. Heroínas de la mitología griega I”, en Cuadernos de Filología Clásica), leemos que Medea muestra su naturaleza funesta varias veces: la heroína es la perversa madrastra de Teseo, una traidora, una mujer vindicativa, una bárbara, una bruja, una asesina y una mujer masculina. Pero hay otras versiones en las que la heroína tiene aspectos positivos. Según Nita Krevans (“Medea as foundation-heroine”), el nombre de Medea está en relación con la representación de la madre tierra, pues, desde su partida de la Cólquida, sus pasos hacen de ella una heroína fundadora de ciudades. De este modo, Medea engendra una topografía que no está en relación únicamente con el terror. Píndaro, en el Canto IV de las Píticas, describe a Medea profetizando la fundación de Cirene. Sin embargo, Medea siempre estará ligada a Jason, al jefe de los argonautas: unida al sesgo masculino. Si estudiamos el mito de Medea en su globalidad, todos los crímenes cometidos por la heroína se realizan para salvaguardar a su compañero. Medea, mujer, extranjera, traicionada, utilizada, se convierte así en una víctima de su propio destino.

La escritora francesa Élisabeth Porquerol (1905-2008), en su obra de teatro Jasón, atribuye otras razones para justificar el asesinato de los hijos de Medea por su propia mano, distanciándose de otras versiones del mito e incluso de la original. Según Porquerol, Medea no mata a sus hijos para vengarse de la traición amorosa de Jasón, contrariamente a la Medea de Eurípides, sino que realizaría este acto por rebelión contra la situación en la que se encuentra: Jasón quiere el trono de Corinto, Medea no desea el poder, quiere justicia. A juicio de Stefano Genetti, el espíritu que la conduce a cometer este crimen es el de la rebelión contra todo lo que encarna Jasón. Medea se convierte así en una heroína que se levanta frente ante el machismo, el racionalismo y la vida burguesa que representa el argonauta.

Además, en la versión de Porquerol, la heroína es descrita como una mujer inteligente y no como una bárbara. Por su parte, en la tradición más extendida del mito, Afrodita es la instigadora del amor por el caudillo de los argonautas. En Apolonio de Rodas, Atenea y Hera son las causantes de esta pasión. Las diosas piden a Afrodita que hable con su hijo, Amor (Eros), para herir a Medea con una de sus flechas para ayudar a Jasón. ¿Fue Medea, en este sentido, algo más que un puro instrumento?

Porquerol comprende a la perfección a la heroína, y le hace decir, después de su triple crimen:

Podéis encerrarme en la prisión más oscura […] no podréis ahogar mi voz […] Se puede matar al hombre, sólo cuentan sus actos. El mío está ahí ahora, el cual me asegura una larga resurrección. Medea comienza […] Muchos se equivocarán y harán de mi la heroína de la pasión, el símbolo de los celos […] Las verdades tienen vida propia (Élisabeth Porquerol, Jasón, Acto IV, Escena II).

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Elisabeth Porquerol en 1928

Medea explica razonablemente su acto de rebelión. Según la heroína, las verdades son más importantes que todos los errores que harán de ella una alegoría de los celos y de la pasión, así como el símbolo de la alteridad, de lo extraño, de lo desconocido y lo imprevisible. Medea no justifica su triple asesinato, pero reivindica su acto como un acto de rebelión contra la humanidad hipócrita, contra el poder masculino –encarnado en Jasón– y contra la falsa e interesada política de Estado.

Porquerol asegura que el infanticidio cometido por Medea responde a un acto de rebelión y no de venganza, haciendo probar a Jasón el peso del Destino, y asegurando, además, que tal acto es la única arma que ella cree tener para hacer sufrir a su marido. Como muestra Porquerol, Medea es una mujer cultivada y superior moralmente al argonauta. Es una mujer inteligente a la que le gustan las artes. La causa de la “locura” de Medea provendría, pues, de la traición moral del argonauta.

En su novela Medea (1996), Christa Wolf muestra otra versión sobre la heroína, remontándose a las versiones anteriores a los trágicos. En ésta, Medea no mata a sus hijos, pero es culpada por ello, al ser la maga extranjera en Corinto. La culpa, de nuevo, como estigma de lo femenino, del poder de lo extraño.

En todas estas interpretaciones, se reivindica la figura de Medea no como la que nos enseñaron, sino como lo que en realidad fue: una mujer extranjera repudiada en tierras extrañas y que todo cuanto hizo, lo hizo por amor.

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6 comentarios en “Medea: cómo ser extranjera, mujer y sabia en un mundo patriarcal

  1. Muy interesante, documentado, prolijo y a la vez asequible a los no entendidos, entre los que me encuentro.
    Echo de menos a Robert Graves, quien ofrece una visión diferente de Medea en su novela. La muestra como una víctima de los acontecimientos, arrastrada por una pasión poco natural por Jasón que la hace renunciar a sus principios y su estatus en la Cólquide. Pero agradezco este elaborado despliegue de referencias y argumentos para tratar de entender mejor al personaje, siendo hasta ahora la de Graves mi principal referencia.
    Muchas gracias, y enhorabuena.

    Le gusta a 1 persona

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