Aislamiento, soledad y autoenajenación: el diagnóstico de Gadamer

gadamerEl aislamiento –dice el centenario filósofo alemán Hans-Georg Gadamer– es el abandono de la “proximidad fundamental del otro. Y matiza, esta enajenación sobrevenida, o encontrada, es la disolución o la pérdida de la esfera común que nos acoge en la vida. En otras palabras: el aislado es obligado a vivir su vida fuera del mundo. Las “comunidades fundamentales en las que estábamos nos abandonan, nos dan de lado.

Esta expulsión de lo comunitario no siempre es involuntaria. La soledad es también buscada de modo activo y consciente. Gadamer afirma que la soledad es el aislamiento que busca, y encuentra, uno mismo. Una especie de “quedarse ahí” quieto y tranquilo junto a algo. Este algo, antes que un alguien, suele ser la naturaleza, de la que esperamos una cierta simpatía, para que nos acepte a su lado a ratos sin devorarnos. Esta soledad es la que busca el filósofo, por ejemplo. Gadamer explica que en Alemania abundan lo que llama “camino del filósofo”, Philosophenweg, una zona de tránsito en la que la gente puede ir a pasear enfrascada en sus cuitas reflexivas. Hace hincapié en el camino de Heidelberg, junto al río Neckar, ciudad en la que vivió desde 1949 hasta su muerte en 2002.

Otro ejemplo de soledad voluntaria es la que acepta el poderoso, que tiene que ocultar su poder, sacarlo del tráfago cotidiano:

El poderoso está solo. Pues se debe justamente al demonio del poder el que al poderoso le sea descubierta su voluntad anticipadamente por mil caminos de la lisonja, de tal modo que los grandes poderosos fueron también siempre grandes despreciadores de los hombres.

Otro caso de soledad buscada es la soledad del sabio que abandona el mundanal ruido, porque no quiere vivir en semejante realidad.

El gran ejemplo de tal soledad es Zaratustra en el texto de Nietzsche, que continuamente busca la soledad. Lo que le hace tan solitario es el saber, un saber que lo separa de los otros y que él busca a través de toda la historia de su vida solitaria: la mirada en el hundimiento de los valores precedentes.

Una primera conclusión que extraemos de la reflexión de Gadamer es que en el aislamiento se experimenta una pérdida, se padece una expulsión de la comunidad, una singular orfandad o destierro. En la soledad, en cambio, se experimenta una renuncia, se busca salir de la comunidad de manera consciente, con la seguridad plena de que puede uno volver a reintegrarse en ella cuando quiera.

Pero ocurre algo extraño. Aunque muchos de estos argumentos nos recuerdan a Byung-Chul Han y su crítica a la sociedad positiva, hay que decir que Gadamer está escribiendo esto en 1966 (El aislamiento como síntoma de autoenajenación –conferencia dictada en Berna en 1966 y publicada en 1970–, en Elogio a la Teoría). El individuo empieza a percibir, a tomar conciencia, que en esta sociedad racionalizada y tecnificada que lo acoge, es una pieza más del entramado de eslabones y engranajes. Una pieza que puede ser intercambiada por otra. Descubre que es un ser desechable y prescindible, que es material fungible. Descubrimos que no hay monedas de dos caras. Y que la eficacia y los parabienes que ofrecen la Ciencia y la Tecnología al servicio del Estado Social del Bienestar, lleva una cruz bastante pesada. Hemos de añadir una nueva categoría a los dos anteriores: la autoenajenación.

Si este aislamiento fuera impuesto por la violencia de un señor, o si fuera el mandato de un poder opresor, podríamos combatirlo con cierta resistencia. Esta autoenajenación se encauza en nuestra sociedad por medio de las presiones. Gadamer reconoce la existencia de cuatro formas de presión social, de las que no podemos sustraernos.

La “presión de la repetición” es la monótona reiteración de hacer lo habitual, es la opresión a la que nos somete la costumbre. La “presión del consumo” es la fuerza que nos arrastra ante las puertas de los centros comerciales para dejar allí nuestro tiempo y nuestro dinero adquiriendo bienes materiales. La “presión de la opinión pública” es un empuje que se vehiculiza por los medios de comunicación de masas y que hace uniforme los pensamientos corrientes de las personas. Finalmente, la “presión del sufrimiento” es la resistencia al dolor y al padecimiento, el profundo rechazo a seguir sufriendo la descarnada experiencia de la realidad.

Estas presiones terminan provocando un acomodamiento en las personas, que tienen que decidir en qué gastan sus energías vitales y reflexivas: si en seguir la corriente por donde puedan o en declararle la guerra a la existencia y rebelarse contra las presiones. Es normal, dirá Gadamer, que en cada época los jóvenes terminen rebelándose contra la “acomodación de los viejos”.

¿Puede el alma humana hacerse dueña de sus conflictos y tensiones, y evitar su autodestrucción? ¿Es el destino de este mundo caer irremisiblemente en la autoenajenación? Gadamer –siendo como es un filósofo clásico– cree encontrar una salida a este asunto en el antiquísimo concepto griego de amistad: la φιλία.

La amistad de basa en el sentimiento de solidaridad. Uno no debe dejarse seducir por el sonido de la palabra amistad, y pensar que aquí se le promete la belleza de inspirados estados vitales que se remontan a un pasado remoto. La verdad es que es lo contrario. La vida común humana no podrá fundamentarse sobre otra base sino sobre las solidaridades válidas. Es por ello que la pérdida de toda solidaridad significa el sufrimiento del aislamiento, y a la inversa, la solidaridad presupone siempre que lo que los griegos llamaron amistad con uno mismo y también con aquello que […] desarrolla el aprecio a la soledad y hace posible la capacidad del poder-estar-solo.

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2 comentarios en “Aislamiento, soledad y autoenajenación: el diagnóstico de Gadamer

  1. Hola Javier.

    Es la primera vez que te comento; ¿alguna vez tenía que ser la primera, no?

    Bueno, bromas aparte. Me parece, compañero, que has hecho un gran articulo de este filosofo que desconocía y, que gracias a tu bondad de exponer tu trabajo, ahora conozco.

    Te felicito. Un abrazo, te sigo leyendo.

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  2. Excelente artículo sobre este tema tabú para la sociedad.

    Y a la vez tan contradictorio. Nadie quisiera ver a sus hijos o amigos vivir en soledad, pero efectivamente, el sabio, el asceta, el filósofo… la reclaman para sí como herramienta de comprensión.

    Le gusta a 1 persona

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