Un ensayo incómodo: “Amor, conveniencia y eugenesia”

Mihály Zichy | Illustration to Imre Madách's "The Tragedy of Man.jpgCuando Gregorio Marañón escribe Amor, conveniencia y eugenesia se refiere al matrimonio y la prole. Desmonta la creencia popular de que la felicidad conyugal descansa en la peana del amor (mejor digamos enamoramiento). Al contrario, entendemos que el “contigo pan y cebolla” le resulta una frase insensata del refranero español, pues conduce al “esquema ideal que ha servido de argumento a tantas historias, a tantos poemas…, y de prólogo a tantas tragedias”.

El amor es superior al mero instinto, aunque a veces emplea ambas palabras como sinónimas. Advierte de que no está contra el instinto, sino contra su presencia excesiva en la elección de cónyuge para formar una familia.

Así, distinguiéndolos ahora, el amor no sería ciego, pero sí el instinto. Aquí percibimos su idea, desarrollada en tantas obras, de que el instinto no se fija en un individuo del sexo contrario, sino que la instintiva es una tendencia genérica“. Noción presente en muchas de sus páginas inmortales sobre el Don Juan, a quien llama “turista del amor”, es decir, sucedáneo del mismo, como el turista lo es del viajero.

Cita a Schopenhauer en Tres ensayos sobre la vida sexual, 1926 (el que comentamos es un añadido posterior), más veces que en el resto de sus obras completas. En la primera alusión de Amor, conveniencia y eugenesia destaca que el filósofo comparó la atracción instintiva de los sexos con la “afinidad por grupos de los cuerpos químicos”.

Poco o nada escapa al escalpelo del doctor al aplicarlo al matrimonio de amor, de instinto más exactamente. Así, en el epígrafe “El instinto, guía falaz”, afirma que el deseo se contraerá a velocidad de vértigo, pues “los matrimonios llamados por amor terminan tantas veces al terminar la luna de miel”.

Sin rodeos, escribe que “el instinto es fundamentalmente anti eugenésico”, esto es, que del matrimonio por enamoramiento, del flechazo sin más, no nace muchas veces una descendencia física y psíquicamente sana. Además, la atracción originada en el instinto tampoco desemboca en la felicidad conyugal salvo excepciones. Acude de nuevo a Schopenhauer, quien citaba en castellano: “El que casa por amores ha de vivir con dolores”.

Dice que cuando se escoge pareja pensando básicamente en una descendencia eugenésica quizá esa elección no satisfaga con plenitud el instinto. Pero cuando se elige a quien lo satisface los hijos podrían resultar enfermizos. De ahí que aunque el instinto abra camino a la paternidad, “no es razón para que la paternidad se abandone al instinto”.

Una de las supercherías que rebate Marañón es la de que “los hijos del amor son siempre inteligentes y sanos”. Cree que es una leyenda particularmente difundida en España. Aquí asoma el doctor-historiador aduciendo en defensa de su tesis los repetidos casos de hijos bastardos de reyes, más sanos de cuerpo y de espíritu que los legítimos, como don Juan de Austria, gema refulgente al lado de la opacidad de muchas descendencias legítimas.

En el epígrafe “Antieugenesia del instinto” brilla el Marañón quizá más penetrante: la bondad no es valor cotizado en el mundo del instinto, al punto de que “es, por lo común, un sentimiento extrasexual“. Continúa con que “buena parte del ascendiente de Don Juan (ascendiente directo, erótico) sobre sus víctimas depende de su cinismo”. Y concluye, guardando el sacrosanto sigilo de sus historias clínicas, hablándonos de mujeres “que vivieron largos años en la adoración de sus maridos calaveras; y que, al llegarles a éstos la hora del arrepentimiento, a la vez que ganaban la paz de su alma perdían la sugestión sobre la esposa”.

62ca68b106dc4234f28769e133fc814e.jpg

Como existe confusión con la expresión “casó por conveniencia”, aclara que hay:

Matrimonio económico: no siempre lo origina el simple deseo monetario, pues cuando una mujer escoge como cónyuge a un hombre sano y con soltura económica está buscando una prole saludable y libre de penalidades materiales. En este sentido, linda con el eugenésico.

Matrimonio de rango:

  1. a) De puro linaje, entre dos nobles, para acrecentar los títulos.
  2. b) De posición social, entre un cónyuge noble y otro plebeyo; así, éste cumple su designio de “ingresar en la aristocracia de la sangre”.

Matrimonio eugenésico, aúna felicidad conyugal y “conveniencia de la salud física y espiritual de los hijos”. Pero rebaja el vino: “una modalidad que por ahora es puramente teórica”.

A pesar de prevenirnos de que no quiere ser un higienista con vocación de dique ante la fuerza desbocada del instinto, apunta: “Quien no está suficientemente sano no se debe casar“.

La pasión es secundaria, “no tarda en deshacerse como el humo”. Leamos su bella alusión mitológica: “Venus –decía paganamente Terencio– se extingue si Ceres y Baco no la acompañan”.

Quienes sabiéndose enfermos renuncian a casarse por no alumbrar una prole insana son ejemplos de honestidad. Aunque “nunca han sido los médicos, los padres, las leyes, los que los han detenido en el camino de la agresión a la descendencia“.

Se muestra favorable al certificado médico matrimonial, “casi tan esencial como lo es la bendición del sacerdote”. No obstante, su estilo liberal le hace preferir no la prohibición, sino la educación de los jóvenes, que han de comprender “que si no tienen salud no deben tener hijos, no tienen el derecho de tenerlos“.

El argumento sentimental es inadecuado. Piensa que si los hijos insanos pudieran hablar se revolverían, más que contra sus padres, quizá ignorantes, contra médicos y educadores incapaces de “advertirles el daño en nombre de una absurda y cómoda bondad”. Una cosa es cuando el amor es asunto exclusivo de dos y otra distinta cuando “se convierte en energía creadora“. Entonces, lo expresa así, “pierde su patente de corso”.

b5da93eca34610eb8e0158ee15b1f4c0--marriage-proposals-pre-raphaelite.jpg

Más: el matrimonio no consiste en arrojar irresponsablemente hijos al mundo, sino en el amor conyugal aderezado con “una prole sana y proporcionada a la capacidad fisiológica y social de los padres”.

Sorprende el lenguaje del doctor al afirmar que “es necesario echar abajo violentamente el mito de que el amor justifica todas las cosas que se cometen bajo su advocación”. Lo decimos por “violentamente”, término que nos extraña no fuera expurgado en la octava edición, 1951, de Ensayos sobre la vida sexual(así, sin “Tres”, pues son cuatro).

Terminamos anotando su discrepancia con quienes piensan que al matrimonio se debe ir como a una aventura amorosa: “Renunciemos a este equívoco romántico y dañino. Los poetas nos maldecirán. Pero la bendición de nuestros hijos nos consolará de sus maldiciones”.

Ya en su tiempo las ideas eugenésicas de Marañón causaron controversia. Entonces las críticas acerbas provinieron de los sectores más conservadores. Hoy, lo aquí expresado es automáticamente rechazado a derecha e izquierda del espectro. No obstante, la pluma del doctor fue conducida con tino y nobleza por su conocimiento de tantos niños enfermos de cuerpo y mente, con el corolario de unos índices de mortalidad infantil inadmisibles. Enérgica pero conveniente y eugenésicamente el doctor madrileño clamó en el desierto en pro de una particular planificación familiar, sabedor, quizá, de que la ñoñería-ambiente esterilizaría su plausible esfuerzo.

Anuncios

10 comentarios en “Un ensayo incómodo: “Amor, conveniencia y eugenesia”

  1. Buenas tardes,
    En el párrafo en que cito a DON JUAN DE AUSTRIA, a fuerza de reducir el número de palabras del artículo por hacerlo más llevadero, quizá no haya quedado claro esto: lo que quiero decir es que debido a que en España hubo hijos bastardos de reyes (nacidos del amor) tan vigorosos como el citado DON JUAN DE AUSTRIA, existía la creencia popular de que ésa era la NORMA. Y ésta es la leyenda, la superchería que Marañón intenta desmontar.

    Le gusta a 2 personas

    • Buenas tardes,
      No. El ideal que se aúnen amor (instinto), conveniencia económico-social y conveniencia puramente eugenésica, pero llevando las riendas esta última.
      Por otro lado, he escrito un COMENTARIO para aclarar el asunto de DON JUAN DE AUSTRIA, ya que creo que se puede entender mal, por la cantidad de palabras que he tenido que reducir PARA HACER LLEVADERA LA LECTURA DEL ARTÍCULO.
      Saludos

      Me gusta

  2. Kaixo, aspaldiko! ¡Hola, cuánto tiempo, Alicia!
    Bien, pues si te has planteado los fundamentos teóricos quizá tengas tu opinión. La mía, creo que se nota en el artículo, es favorable a este Marañón joven entonces y por lo tanto atrevido. En un trabajo de poco más de mil palabras han de quedar muchas cosas sin decir. En cuanto a la relación no meramente conyugal, sino a la prole, lo que pasaba hace aproximadamente un siglo en España (de esa época toma sus datos de mortalidad infantil) se parece a lo de hoy de África sólo en el aspecto de la altísima natalidad, pero se diferencia en que ahora incluso en ese continente flagelado la mortalidad es menor, por los grandes avances médicos, y de ahí lo que escribí en “El cóctel del diez”: explosión demográfica como causa principal de la actual presión migratoria que soporta España.
    Te doy un dato aplastante: una familia de 10 hijos perdía entonces en nuestro país cinco o seis antes de llegar a la adolescencia o juventud.
    Por otro lado, me causó cierto enojo no expresarme bien en lo relativo a DON JUAN DE AUSTRIA, por los sucesivos recortes que hube de hacer al trabajo, pero ya veo que has leído mi COMENTARIO.
    En fin, sigo de vacaciones en mi blog personal, iniciadas el 15 de este agosto.
    Oye, si casi he escrito un nuevo artículo para responderte. Me voy.
    Gracias y saludos cordiales

    Me gusta

  3. Quien escribe esto…sera Dr…sera famoso…pero del matrimonio, la familia y los humanos, le falta lo más sabroso, que consiste en que cada cual tiene su mundo, tiene su espacio, y si sabe a su manera saberlo sabe lo que hace según lo que más le place.

    Me gusta

  4. Hola, Julio. No sabía que colaborabas aquí, enhorabuena. Un artículo excelente. Solo quiero exponer mis dudas – mi disconformidad – con parte del planteamiento de Marañón.
    Para empezar, según tu exposición Marañón achaca a Schopenhauer lo contrario de lo que éste mantiene. Pues el alemán afirma que el enamoramiento de una pareja (el flechazo) es la manifestación de la voluntad que busca encarnarse en un nuevo ser lo más perfecto posible (pura eugenesia), instintivamente, por supuesto. Así que eso de que “el instinto es fundamentalmente anti eugenésico” es radicalmente antischopenhaueriano. Otra cosa es que funcione a los efectos de la sociedad matrimonial, que para eso sí que es mucho mejor el matrimonio “de conveniencia”.
    Pero es que, aun prescindiendo de la opinión del filósofo alemán, es evidente que si el instinto (lo único que ha funcionado durante milenios) fuese en realidad antigenésico, la raza humana se habría extinguido hace muchísimo tiempo.
    No puedo entender cómo un doctor Marañón ha podido tener y defender una idea como esa.
    Un saludo.

    Me gusta

    • Buenos días, Antonio,
      Ayer me olvidé del ordenador tarde y noche; y hoy, desde muy temprano, he estado con unas tareas pendientes. Tu interesante comentario exige una respuesta que no puedo darte en estos momentos, pues quiero repasar “Parábolas y aforismos” y además reflexionar, cosa para la que no dispongo de tiempo, como digo, ahora mismo.
      Saludos cordiales

      Le gusta a 1 persona

¿Algo que decir?

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s