La sabiduría femenina del budismo

therigatha-cb-ok.inddLa editorial Kairós publica un imprescindible volumen en el que se reúnen por primera vez en español, en traducción del poeta, traductor y crítico literario Jesús Aguado, el conjunto de poemas sapienciales conocido como therigathas: “canciones o poemas de ancianas sabias o de mujeres que se han hecho sabias o crecido en sabiduría“.

El budismo como movimiento religioso comenzó a organizarse tras la muerte del Buddha en diversas órdenes de hombres y mujeres: las monjas budistas, denominadas bhikkhunis, “llevaban una existencia austera y retirada del mundo -apunta Aguado en la breve y certera introducción- al igual que sus compañeros varones”. Aquellas excelsas féminas “compusieron poemas que contaban sus respectivos caminos espirituales” con la intención de “animar a sus oyentes a abandonarlo todo y a emprender la senda de la liberación predicada por el budismo”.

Fue entre los siglos V y VI cuando estas composiciones de carácter poético fueron definitivamente ordenadas por el erudito Dhammapala, añadiendo a cada una de ellas la biografía de sus autoras. Se conservan un total de 73 poemas, que ahora podemos disfrutar, mil quinientos años después, en el idioma de Cervantes.

Cada una de tales historias fueron aderezadas con algunos componentes míticos que ayudan a sus lectores a comprender y, más allá, a sumergirse en las verdades de las enseñanzas del Buddha. Estamos ante una obra única, ante una joya histórica y literaria, que puede ser considerada la primera antología universal de literatura femenina. Los -llamativos, a veces curiosos, pero siempre interesantes y sugerentes- testimonios recogidos en Therigatha permiten conocer con todo detalle las circunstancias en las que aquellas heroicas mujeres fueron llevadas, por una suerte de impulso interior, a seguir los dictados budistas: en sus palabras se aprecia una ambición por dejar atrás una vida que no les resultaba plena, una vida repleta de deseos por satisfacer que, lejos de situarlas en el camino hacia la verdad, las conducía por el sinuoso, largo y penoso sendero del samsara.

Libérate de aquello que te ata. / Como la luna, / libérate de Rahu [del demonio] y sus mandíbulas / oscuras y voraces. / Con una mente libre / y sin deudas ni nudos, / aprende a disfrutar de la comida / que les sobra a los otros (Mutta, “mujer libre”).

La intención de estas bhikkhunis no es otra que la de detener la rueda continua de reencarnaciones que iniciaba una y otra vez la caída en el deseo, eso que los griegos llamaron rueda de Ixión y a lo que los latinos se referían con la expresión eadem, sed aliter. Esa condena del deseo -que tan hondamente impresionó a Arthur Schopenhauer-, que lleva sin remedio al sufrimiento y a la permanente insatisfacción, es producto del desconocimiento. Resulta necesario, como indica una de estas bhikkhunis, abrirse paso con nuestra propia luz a través de “la densa ignorancia de la noche” (Punna). Una batalla que no se gana nunca definitivamente, de la que no podemos hablar como si se tratara de una conquista realizada por y para siempre: “Practica sin cesar. / No desmayes, practica. Practica hasta romper tus ataduras. / Practica hasta ser libre / del yo y sus opiniones, / de los sentidos venenosos, / de nuevos nacimientos” (Tissa).

Aplaca tus sentidos. / Renuncia a tus deseos. / Cuando apagues tus llamas, / serás por fin feliz / y libre y puro gozo (Dhira).

El encono de estas mujeres por realizar sus aspiraciones y convicciones fue titánica y admirable en muchos sentidos. Este combate se refleja, sobre todo, en términos sociales. Muchas de ellas debieron oponerse a las arraigadas y vetustas tradiciones familiares que obligaban a la mujer a convertirse en mera moneda de cambio a través del matrimonio.

Un caso paradigmático es el de Sumedha, el último de los recogidos en la magnífica traducción de Jesús Aguado, escalofriante y maravilloso por partes iguales. Sumedha fue ofrecida por sus padres en matrimonio al rajá de Varanavati; sin embargo, desde muy joven, la niña había frecuentado círculos budistas y se había convencido de lo que había escuchado: sintió tempranamente la llamada para retirarse del camino de los engañosos sentidos. Su largo poema en prosa relata el choque entre los padres y la propia Sumedha, que pone sobre la mesa las razones que no sólo le harían poseedora de la razón, sino que convirtió a sus familiares, al rajá y a su séquito dado su abnegado convencimiento.

Ahora sé que mi única responsabilidad es esforzarme en librarme de mis deseos para dejar de nacer y morir indefinidamente. Ya no me regocijaré por el mero hecho de estar viva. Ya no volveré a creer que tener algo tan insustancial como un cuerpo es una suerte. […] Pues la carnicería del samsara no tiene fin. […] Los placeres de los sentidos son impermanentes, frágiles y producen sufrimiento. […] Los placeres de los sentidos son la raíz del mal, y el sufrimiento es el fruto que produce. […] Los placeres de los sentidos decepcionan como un sueño. […] Cuando uno puede vivir en paz, ¿para qué entregarse a esos fabricantes de enemigos que son los placeres de los sentidos? […] Cualquiera que lo intente de corazón puede hacerlo. Pero para ello hay que esforzarse mucho.

Una publicación apasionante que cubre una necesidad bibliográfica fundamental; una obra inspiradora y radiante; un testimonio pausado y esencial para tiempos tan acelerados y superficiales; un conjunto de composiciones poéticas que emiten y dan vida, que regalan luz y plenitud e invitan a pensar en una redención terrena; un documento colmado de testimonios biográficos de lucha, superación y tenacidad; un libro que puede cambiar vidas o, al menos, impelernos a reflexionar sobre la nuestra.

Mi mente, que sabe que todo no es más que apariencia, no se apega a nada. […] La flecha de las pasiones ha sido definitivamente arrancada de mi existencia. Las maldades han sido barridas de mi interior. Me gusta esta casa vacía que ahora soy. Déjame disfrutar de mi soledad (Subha).

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2 comentarios en “La sabiduría femenina del budismo

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