“Sobre el olvido”, nuevo ensayo de Anna Pagés

Sobre el olvidoYa Sigmund Freud explicaba en “El olvido de los sueños” que “lo que recordamos está, en primer lugar, mutilado por la infidelidad de nuestra memoria, que parece sumamente incapaz de conservarlo y quizás ha perdido justamente el fragmento más significativo de su contenido”. Anna Pagés, doctora en Ciencias de la Educación y profesora universitaria, nos introduce a través de este magnífico ensayo en la experiencia del olvido.

 

Huir es la mejor manera de evitar habitar el mundo. Quizás una excelente manera de morir sin alcanzar el final en el que, según imaginamos, consiste el morir”, afirma la autora. Sin embargo, “el olvido como experiencia subjetiva de estupor (sorpresa de no-poder-todo) es la condición para habitar el mundo”. Como explicaba Gadamer, lo que atraviesa nuestra vida no es la historia, los meros hechos aislados, sino la historidad, es decir, las secuelas de lo sucedido en el relato de cada uno. En el presente volumen se reivindica precisamente la figura de un olvido vinculado a las secuelas de lo que no recordamos en el instante preciso de recordar otras cosas.

¿Cuál es la naturaleza del abismo que deja abierto la memoria, cuando no es capaz de recordar aquello que persigue con insistencia? Anna Pagés asegura que “no puede haber verdadero olvido sin algo intocable o inaccesible”; el problema, como nos indica, reside en la vanidad del recuerdo, que siempre cree saber demasiadas cosas de sí mismo.

En poder vivir en esta fisura, en el recoveco que separa mínima pero radicalmente la memoria del olvido, se juega en ocasiones el sentido mismo de la existencia: “olvidar de verdad implica vivir una vida posible que no se cierra en sí misma. No hay cierre del círculo en el olvido porque el olvido es una permanente apertura a ‘lo otro’ que no aparece como debería”, escribe Pagés en el epílogo de la obra.

“Abbiamo poche cose da nasconderci/ e troppe da mostrarci” (Tenemos pocas cosas que escondernos y demasiadas que mostrarnos), rezan los dos primeros versos del poema “Augurio”, de Massimo Gezzi (en su  poemario El instante despuésL’attimo dopo-). Y es que tal vez el verdadero olvido consista, como diría el filósofo ruso Vladimir Jankélévitch, en abrir la posibilidad de un decir sobre lo indecible, de mostrar lo imposible de mostrar, de indagar el fondo más recóndito de la memoria… en busca de sus propias faltas.

Hay un olvido que no es lo que parece: es la huida hacia delante. En cambio, hay un olvido que deja el dolor y la ausencia en un lugar que los aloje. Es el verdadero olvido; verdadero, no en el sentido de objetivo o de recuperable, sino porque cumple una función de verdad para cada sujeto en su vida presente (Anna Pagés).

Olvido

Pero Anna Pagés nos previene, en el quinto capítulo que titula “Olvido y filosofía”:

Olvidar no es huir, olvidar no es en ningún caso únicamente dejar atrás ni mucho menos suprimir o erradicar. Olvidar es saber que, por mucho que huyamos, por mucho que dejemos atrás o intentemos erradicarlo, algo quedó ahí enquistado, irreductible como una piedra con la que tropezamos constanemente  cuando no la dejamos “ahí donde está”. Pero ello no impide que podamos buscar el sentido de las palabras, un cierto “orden del discurso” que rodea lo intocable.

Con tal vocación, Anna Pagés aborda en Sobre el olvido una de las experiencias más cotidianas pero más profundamente interesantes del funcionamiento de nuestra psique. Más allá de planteamientos psicológicos o biológicos (a través de los que se nos podrían explicar las razones de por qué olvidamos y cuáles son los mecanismos físicos responsables de ello), la autora acomete un ameno y riguroso estudio de corte ensayístico, mediante el que desarrolla una breve genealogía filosófica del olvido que nos permita indagar en las consecuencias que, existencial o vivencialmente, puede tener en nuestra vida diaria la propia experiencia del olvido, tanto en la vertiente individual como social.

El olvido se parece a lo intraducible como una experiencia que señala la dificultad de descifrar. Al olvidar, definimos una especie de ‘vacío en el discurso’. […] El verdadero olvido supone el reconocimiento de la presencia de la pérdida como ‘lo indecible’ en lo que se dice (Anna Pagés).

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