El manga de la “Divina Comedia”

La Divina Comedia. El mangaLa Divina Comedia. El manga, Dante Alighieri. Herder, 2011, 200 pp., 9,80 €.

Tras el éxito arrollador de Así habló Zaratustra. El manga, Herder se embarca en una aventura de similares características –aunque en esta ocasión da un salto de la filosofía a la literatura, siempre con el objetivo de acercar a todo tipo de público de una manera agradable y entretenida las obras universales de la historia de las letras, sin perder por ello su encanto natural–.

Y sea casualidad o no, el hecho es que esta publicación viene que ni pintada para complementar el manga del Zaratustra; aquellos lectores que hayan parado sus ojos en el cómic que adaptaba la inmortal obra de Nietzsche, donde su protagonista –como es bien sabido, sea o no a través de tópicos– trata de derribar los convencionalismos morales sostenidos de manera tradicional, Herder nos sorprende con lo que podríamos denominar en cierta manera su antítesis: la Divina Comedia de Dante se presenta como el intento de hacer ver a sus conciudadanos que, más allá de cualquier relativismo, existe una operación que es propia de toda la humanidad que estamos obligados a actualizar mediante nuestros actos, el entendimiento sano. En contraste con Nietzsche, Dante defiende una regeneración política que ha de llevarse a cabo a través de la poesía (del lenguaje que todos hablan, de la lengua vernácula), reactivando el interés por lo común. La libertad es el mayor don que nos ha sido concedido: la operación propia de la humanidad ha de ser la de salvarnos o destruirnos.

En una carta dirigida a Cangrande della Scala, Dante explica de este modo el cometido de su Divina Comedia:

El asunto de toda la obra, en sentido literal, es simplemente el estado de las almas después de la muerte, pues todo el desarrollo de la obra gira alrededor de este tema. Pero, si consideramos la obra en su aspecto alegórico, el tema es el hombre sometido, por los méritos y deméritos de su libre albedrío, a la justicia del premio y del castigo.

De tal manera que Dante, lejos de intentar moralizar a través del miedo que su obra pudiera inspirar en sus lectores, nos abre al espacio de lo político, evidenciando la existencia de ciertos malversadores de la ciudad: hay pecados que constituyen delitos más allá del bien y del mal individual, y que por tanto contribuyen a la destrucción del espacio común que todos compartimos.

Así lo vemos, por ejemplo, en un conocido pasaje de la Divina Comedia (retratado magníficamente en el manga que presentamos, instantes antes de la ascensión al paraíso) en el que Dante y su acompañante por el averno y el purgatorio, el poeta Virgilio, encuentran a un difunto papa de la Iglesia que se halla penando por su falta: haber sucumbido a la seducción del poder, la vanagloria y la perfidia. El en otro tiempo sumo pontífice explica con estas palabras su pecado, acompañado de imágenes realmente reveladoras: “No había un trono más elevado que ambicionar. El mundo entero se arrodillaba ante mí”.

Los peldaños más bajos del infierno que dibuja Dante terminan con la caracterización de los falseadores, es decir, pecadores eminentemente políticos; así, el paraíso constituye una ciudad ideal sobre todo en términos comunicativos, en el que se da un acuerdo de todos sus habitantes: todos comparten un proyecto común, una armonía. Se da pues un acuerdo entre aquellos que han realizado acciones justas desde el punto de vista no de una religión en concreto, sino en consonancia a los dictados del entendimiento común del que todos somos poseedores. No podemos achacar la responsabilidad del mal al cielo: hemos de tener en cuenta el hecho de nuestra libertad.

DanteEn definitiva, la Divina Comedia propicia un reencuentro entre Dios y los hombres (muy al contrario de lo que Nietzsche presentaba en su Zaratustra), que deben a Aquél su inteligencia. Cada sujeto está dotado de una capacidad para dirigirse a Dios, para desear su reencuentro con Él, cuyo mejor medio será actuar correctamente como ciudadano. La ciudad no procede, al modo en que la vislumbraron otros filósofos y literatos, de un pacto, sino que constituye un modo de vida que se tiene en común, que no se reduce al espacio doméstico de la casa, sino que o se lleva a cabo en público o acaba por destruirse.

La Divina Comedia, y lo vemos muy bien reflejado a lo largo de todo el manga con clarividentes ilustraciones, se esfuerza por llegar a la nobleza, pero para ello se precisa (precisamente) de la comedia, de lo humilde, de lo conocido por todos, ya que la operación del entendimiento precisa de una multitud en constante relación. El infierno de Dante se halla poblado fundamentalmente de aquellos que han pretendido acabar con esta convivencia en concordia y diálogo, usurpándola y viciándola de diversos modos.

La Divina Comedia. El manga nos acerca de forma veraz a las palabras de Dante, que trazó en esta obra no sólo un experimento literario-poético, sino también político (debemos recordar que nuestro autor fue expulsado de su ciudad, Florencia, por las turbulentas relaciones que mantuvo con las autoridades eclesiásticas vigentes en especial con el papa Bonifacio VIII).

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