“El juego de las nubes”, Goethe

Estamos acostumbrados a leer a Goethe (1749-1832) a través del Werther, el Fausto, Las afinidades electivas o el Wilhelm Meister. Sin embargo, el genio alemán fue también un gran apasionado de la ciencia, y su fascinación por ella nunca pasó desapercibida. El juego de las nubes, obra inédita hasta ahora en español, recoge sus estudios de campo sobre meteorología así como los dibujos realizados por él mismo entre los años 1820 y 1825.

Cuando Goethe escribía el Werther, por ejemplo, tenía poco más de veinte años; la publicación de esta inolvidable obra constituyó un absoluto e insólito éxito de ventas que le encumbró a la fama de la literatura universal. La influencia de las cuitas del joven Werther fue inmensa, hasta el punto de poner de moda entre los jóvenes de la época el frac azul y chaleco amarillo del protagonista de la novela, llegando incluso a provocar una oleada de suicidios.

-Amigo mío —exclamé—, el hombre es hombre, y el poco entendimiento que uno pueda tener no entra en cuenta cuando arde la pasión y le oprimen a uno los límites del ser humano. […] Pero es cierto que en el mundo lo único que hace necesario al hombre es el amor (Goethe, Los sufrimientos del joven Werther, 12 y 15 de agosto).

El juego de las nubes_437x624Al contrario, en El juego de las nubes podemos leer al Goethe más maduro, ya en la última década de su vida. Si bien a nuestro autor le interesó y mucho investigar sobre la naturaleza del amor y las relaciones personales, es seguro que no le hubiera importado formar parte de la historia del pensamiento científico.

Hay que recordar, por ejemplo, que Goethe publicó una teoría de los colores que rápidamente rebatió y matizó Arthur Schopenhauer, motivo por el que la relación entre ambos, si bien nunca fue todo lo estrecha que al segundo de ellos le hubiera gustado, comenzó a deteriorarse definitivamente.

El juego de las nubes recoge reflexiones y dibujos sobre meteorología y ciencia en general que Goethe diseñó a partir de 1820. Además, esta pequeña joya de apenas 130 páginas está ilustrada por Fernando Vicente, colaborador habitual del suplemento cultural Babelia del diario El País, donde muestra su trabajo más literario cada sábado. Estas magníficas ilustraciones de Vicente acompañan al texto donde Goethe se ocupa del estudio de las nubes y del estado de los cielos, con el objetivo de abordar lo incierto desde lo más cierto (lucha de gigantes cósmicos, antagonismo entre el bien y el mal…). Su máxima: “atenerse a lo más cierto para llegar cuanto antes, poco a poco, a lo incierto”.

Lo verdadero, lo idéntico a los dioses, no se puede reconocer jamás directamente, sólo lo vemos en su reflejo, en su modelo, en su símbolo, en manifestaciones aisladas y relacionadas con ello; nos percatamos de su existencia como de la de una vida que nos resulta incomprensible y no podemos, por tanto, renunciar al deseo de comprenderlo a pesar de todo (Goethe, El juego de las nubes, “Ensayo de meteorología”).

En cuanto a la importancia científica de los estudios de Goethe sobre meteorología –explica Isabel Hernández en el epílogo del libro– “es considerada hoy en día como relativa, si no nula. De hecho, sus hipótesis respecto de la tierra como organismo que respira y espira, así como de la pulsación regular de las fuerzas de gravedad, resultan en la actualidad arcaicas y contradictorias por eclécticas y oscuras, y ponen de manifiesto cierto desconocimiento de algunos descubrimientos de la ciencia que ya habían tenido lugar en su época. Pero, incluso a la hora de llevar a cabo sus muchos estudios de orden científico, el gran genio alemán parecía no estar demasiado dispuesto a abdicar de algunos de los principios de carácter analógico y morfológico que defendió durante toda su vida y que […] determinaron la concepción […] de su ingente obra literaria, ésta sí, aún hoy en día, de validez universal”.

Una oportunidad única de observar el cielo con los ojos de un genio…

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3 comentarios en ““El juego de las nubes”, Goethe

  1. Algún día los cuasi pretenciosos certeros disparos (presuntos certeros) de la tal Isabel Hernandez serán el simbolo de una epoca muerta dos siglos despues de Goethe, pero al tercer siglo se empezara a descubrir de lo que él hablaba y todavia algunos copiaran la actitud isabelita pero esta vez para despreciarla y calificarla de insulsa, oscura y …(qué cosa sería lo contrario de “intuitiva”).. abstracta quizas, o intelectualoide quizas o pensamiento muerto tal vez. Sin embargo Isabelita solo es el signo de estos tiempos.

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