Habitar la oscuridad: a la sombra de la cegadora luz. Mariana Alessandri: «el misterio es absolutamente necesario»

La profesora Mariana Alessandri acaba de publicar el libro Visión nocturna: Un viaje filosófico a través de las emociones oscuras (Koan Ediciones). Le hacemos algunas preguntas sobre esta sugerente obra.

¿En qué sentido la oscuridad puede convertirse en un medio para ampliar nuestra percepción del mundo… en una cultura cegada por la luz? 

Hay muchas cosas que podemos ver en la oscuridad que no podemos ver en la luz; por ejemplo, el sufrimiento de los demás. Dice Miguel de Unamuno que podemos ver al sufrimiento mejor cuando lo sentimos nosotros, y que las almas unen en el dolor. Podemos mostrar mucha más compasión los unos con los otros cuando no nos escondemos de nuestra oscuridad.

María Zambrano escribió que en nuestros adentros hay oscuridad, y que por eso encontramos consuelo en ella…

Estoy de acuerdo, tenemos el sol y la sombra dentro de nosotros. Por eso no quiero negar ninguno de ellos. Es decir, negar la oscuridad y actuar como si pudiéramos ser soleados, o felices, siempre, no es ser honesto. Y ello provoca que luchemos contra nosotros mismos. Al contrario, hay consuelo cuando tomamos en consideración nuestro lado oscuro en vez de luchar contra él, contra nosotros mismos, lo que significa rechazarnos a nosotros mismos. Hay consuelo en no usar una máscara.  

Siempre ha existido una tensión, en la historia del pensamiento, entre lo que podemos ver y lo que queda oculto. ¿Vemos mejor, o más hondo, en la noche?

Diría que vemos diferente en la noche. Algunas cosas se ven peor, pero otras las vemos mejor. La metáfora del libro que he escrito, Visión nocturna, es que las «enfermedades mentales», como las llaman, se ven mejor debajo de una suave bombilla, y no con luces fuertes. Debajo de luces muy intensas, la ansiedad, por ejemplo, parece que no tiene nada que ofrecernos. El poeta Wendell Berry dice que si quieres conocer la oscuridad, no te llevas una linterna. Si quieres conocer la luz, por supuesto, lleva una linterna.

Me interesa conectar la anterior pregunta con la mística, con esa “oscura noche del alma” a la que se refirió Juan de la Cruz en sus poemas. ¿Es o debe ser la filosofía una disciplina “lumínica”, iluminadora, o debe respetar los límites de lo oscuro?

No sólo es cuestión de respetar los límites de lo oscuro; antes de nada, se trata de ver los límites de la luz. La luz ha sido muy dañina no sólo para la filosofía, sino también para la gente con piel oscura en el mundo. La Ilustración ha sido terrible cuando se traduce en una filosofía o en un epistemología basada en la luz como inteligencia (por ejemplo, las ciencias «demostraron» que la gente con piel oscura era más ignorante…). No pensamos suficientemente en el daño que nos hace un sol demasiado fuerte. Nos quemamos, emocionalmente, cuando no respetamos los límites del sol. Pero continuamos introduciendo esos mensajes –»tenga éxito»– dentro de nuestras casas. 

¿Hay belleza en la visión nocturna?

Sí, creo que no sólo belleza, sino también honestidad y dignidad. La ansiedad, vista en la oscuridad, es inteligencia. En la luz, en cambio, sólo es enfermedad mental. Hay conexión en la oscuridad, con uno mismo –sin máscara alguna- y con otros. Hay oportunidad de tener comunidad en la oscuridad. La visión nocturna nos ofrece una oportunidad de ver al otro de verdad, traspasando la ropa y el cuerpo hasta el alma. Cuando yo puedo decir «me siento mal» y tú me contestas «yo también» se da la posibilidad de la conexión, en comparación con cuando uno contesta «¡No digas eso! ¡Verás como todo te saldrá bien!», «¡Hay que pensar que vas a tener éxito!». Estas frases nos dividen y nos alejan a los unos de los otros. Aceptar, decir que sí, «yo también sufro»: eso nos puede unir (si no lo hacemos el duelo se convierte en una competencia).

¿Es la defensa de lo oscuro una resistencia ante los poderes constituidos que hablan, siempre, de “sacar todo a la luz” en forma de datos? ¿Caminamos hacia un totalitarismo algorítmico en el que el número no deja lugar para las zonas oscuras?

En muchos sentidos, sí. Queremos y buscamos y creemos en una certeza, relacionada con la luz, que nunca tendremos. Es tratar de controlar lo que no se puede controlar. Esto se basa en una ficción: cuantos más datos tengo, más seguro estoy. No es cierto. Eso es tratar de evitar la muerte, el lío, el desorden, y la mierda de la vida. Es una ficción. No se puede calcular una vida. Hay que vivirla, y eso incluye vomitar y tirarse pedos y aguantar la mano de tu madre mientras muere. La vida no se puede convertir en números. Nunca se escapa de la oscuridad, sólo fingimos que lo hacemos. 

¿Necesitamos del misterio, de lo no-explicado, en nuestra vida?

En inglés hay una frase («it’s a feature, not a bug», traducido como «es una característica, no un error») que me ayuda a respetar los misterios de la vida. No tenemos dolores porque algo –o alguien, yo– está roto. No estoy rota. Tenemos dolores porque somos seres humanos, y, aunque prefiero no sufrir, no tengo la opción de evitarlo, y, peor, me estoy negando cuando niego mi oscuridad, mi tristeza, mi sufrimiento. No lo tengo que buscar o invitar: el dolor viene sin consultarnos. Lo que tengo que hacer es incorporar los estados de animo sombríos a la historia de mi vida. No quiero contar una historia en que yo soy un ser roto, sino un ser vivo y, como dice Gloria Anzaldúa, «insoportablemente sensibles al mundo». El misterio es absolutamente necesario. 

Un comentario en “Habitar la oscuridad: a la sombra de la cegadora luz. Mariana Alessandri: «el misterio es absolutamente necesario»

  1. Excelente!!! No podemos conocer la luz si no conocemos la oscuridad; la una no puede existir sin la otra. Aceptar la oscuridad es aceptarnos y aceptar al otro. La «obsesión de la luz» ha dado origen a la discriminación de todo tono oscuro.

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