Un Julián Marías profético: “Cara y cruz de la Electrónica”

Julián Marías (1914-2005) mostró clarividencia en su percepción de lo que el desarrollo de la Electrónica (así, con “E” a lo largo de la obra) supondría de cambio para nuestro modus vivendi, porque las reflexiones inspiradoras de este librito se encuadran entre el otoño de 1981 y mayo de 1982, aunque el prólogo date de febrero de 1985, y en el ejemplar que tengo entre manos se lea “acabado de imprimir el día 2 de julio de 1985”.

Fechas, todas, antediluvianas vistas desde el actual desarrollo de la Informática, que es de lo que preferentemente trata al hablar de Electrónica.

Uno de los aspectos básicos de Cara y cruz de la Electrónica es la idea de que los cambios incorporados por las nuevas tecnologías son insoslayables, siendo empeño fútil oponerse a ellos o encararlos bajo el prisma del temor. Por lo tanto lo inteligente no es su rechazo, sino “utilizar debidamente las innovaciones, señalando a la vez los riesgos que se derivan de su empleo inercial”.

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Paradójicamente, la instantaneidad y volumen de datos ofrecidos a los investigadores por la Informática actúa en contra de la pronta arribada a puerto de las conclusiones; es decir, que la “indigestión de datos, lejos de acelerarla, ralentiza la urdimbre del trabajo científico, especialmente en las ciencias humanas”. Pero lo más inquietante de esta tecnología, entonces en pañales, aunque ya presentido aquí, es la vigilancia que con su manejo espurio por grupos de poder y los propios Estados puede practicarse sobre la sociedad en general y cada individuo en particular, una especie de “control remoto de la vida humana que es capaz de ejercer el sistema de turno”.

Hablando de datos, concretamente de estadísticas, Marías advierte sobre la inconveniencia de pretender “reducir el conocimiento de las realidades humanas a términos exclusivamente cuantitativos”.

Repito: este libro nace de sus reflexiones desde el otoño de 1981 hasta mayo de 1982, apunte básico que no debemos olvidar. Nos cuenta que se le solicitó formar parte de una Comisión para el análisis científico y técnico de un Plan Nacional de Electrónica y de Informática. Él se consideraba incompetente, pero Ignacio Bayón, ministro de Industria y Energía, pensó “que mi perspectiva, por ser externa, podría ampliar el horizonte de aquellos estudios y tener en cuenta aspectos que los expertos atenidos a sus problemas propios, tienden a olvidar”.

Sí, creo que quienes están en el ombligo de cualquier cuestión carecen, precisamente por ello, de la necesaria perspectiva que sólo puede ofrecer un discreto alejamiento del objeto. Los técnicos son los obreros especializados, una especialización todo lo alta que se quiera y que les hace insustituibles para el correcto engrase de la pieza del engranaje que les compete. Conocen cada entresijo de su eslabón de la cadena, pero, y aquí está la clave, carecen de la visión de conjunto.

La misión de Marías en un asunto del que desconoce los aspectos técnicos, y es lo que se desprende de las palabras del citado ministro Bayón, consiste en dotar de un corpus humanístico al proyecto, para que la labor técnica, incomprensible para nosotros, el público general, nos llegue ennoblecida a través de la mirada de un hombre dedicado al estudio de las Ciencias Humanas.

El discípulo de Ortega muestra sus dotes de precursor, hace unos treinta y seis años, de algo que hoy conocemos:

La repercusión social y psicológica (humana, en suma) de la Electrónica es, en efecto, inmensa. Y no ha hecho más que empezar. De manera incontenible, su desarrollo va a transformar las condiciones de la vida más allá de lo que en estos momentos podemos prever.

En fin, como se habrá percatado el lector nada más leer esta cita, la palabra “profético” no está de más como parte del título de este artículo.

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Sobre su siguiente pregunta, que si esa transformación que vaticina será “para bien o para mal”, añadir desde 2018, cuando se han escrito innumerables artículos, ensayos, relatos, novelas, pronunciado millones de palabras en conferencias, foros de debate, tertulias radiofónicas y televisivas y, en fin, rodado no pocas películas, añadir, repito, que habremos de convenir en que la respuesta que se da a sí mismo es la única sensata:

En mi opinión, no cabe la duda: para bien y para mal. Depende de lo que el hombre haga el que la balanza se incline de un lado o de otro, que la Electrónica sea principalmente una maravilla o un desastre para la humanidad.

Descarta que este vehículo disponga en su palanca de cambios de marcha atrás. No se equivocó el filósofo en su diagnóstico de que “las posibilidades técnicas de la Electrónica van a ser utilizadas y de modo creciente”. Así que lo conveniente será su empleo con respeto a la intimidad y libertad humanas.

Al contrario de la energía nuclear, indisociable para nuestra memoria histórica del horror de Hiroshima y Nagasaki, y que hoy prosigue como espada de Damocles amenazante no desaparecida, como algunos creen, con el final de la URSS, “la Electrónica ha tenido un curso más libre y normal, y sus aplicaciones […] una difusión muy amplia; sus ventajas han sido desde el primer momento evidentes, y sólo en segundo plano se manifiestan algunos inconvenientes”.

Se detalla, a continuación, el contenido del libro en sus partes fundamentales, así como el resumen de cada una de ellas.

I. Ampliación de posibilidades: tras afirmar la “inevitabilidad de las técnicas electrónicas”, Marías pasa a comentar algunas de ellas:

  • A. Información: todo lo encuadrado bajo este epígrafe, desde simples datos hasta cualquier noticia. Los libros, diarios revistas, legajos, etc., que antes ocupaban extensos rimeros y necesitaban abundante personal “son retenidos, conservados y archivados en un espacio mínimo, que tiende a reducirse con cada nueva ‘generación’ de computadores más perfectos”. Aconsejo a los lectores que consulten los términos “nanociencia” y “nanotecnología”.
  • B. Memoria: nos indica Marías otra característica basal distintiva, que separa el mundo digital del tradicional de papel: “El almacenamiento de información era inerte. […] La memoria conseguida mediante las técnicas electrónicas consigue la disponibilidad total de la información acumulada, que es efectiva”.
  • C) Comunicación personal: en este epígrafe recuerda, o informa a quienes no lo sepan, de la progresión geométrica de las novedades técnicas desde las tres últimas décadas del XIX, tras milenios de progresión aritmética; incluso, estancada y hasta en retroceso en siglos obscuros. Por ello dice que “hasta muy entrado el siglo XIX, no había más formas de presencia humana irreal que el retrato y la carta“. Luego, el teléfono, muy poquitos durante mucho tiempo. La radio. El receptor transistor que, libre de cableado, “acompaña […] con la eliminación consiguiente de la soledad, y se puede lograr comunicación y presencia humana en el campo, mientras se labra la tierra o se guardan los rebaños, en el mar o hasta en una isla desierta”. Y después, ya, la televisión, que aúna imagen, sonido y movimiento.
  • D) Dilatación del mundo accesible: se maravilla Marías de la posibilidad de “estar” en cualquier parte de la Tierra, la facultad de comunicarnos aun fuera de ella, allá donde haya presencia humana (astronautas). Pero resulta que lo que la técnica permite no siempre lo consiente la política: “hay países cerrados, en clausura voluntaria, […] hay restricciones impuestas a la comunicación telefónica o telegráfica, a la retransmisión televisiva, a la circulación de noticias, al correo, etc.”. Así que la técnica, para asegurar la “ecumenicidad” de la intercomunicación, ha de ir de la mano de un régimen de libertades, idea recurrente en Marías.
  • F) Ahorro de esfuerzo: tras señalar que “tal vez sea el aspecto más visible y espectacular de la Electrónica”, reflexiona sobre el miedo al desempleo que surge ante toda novedad. Pero nos tranquiliza, argumentando que la menor cantidad de trabajadores precisos para “cada operación” es ampliamente compensada por la mano de obra que demanda la multiplicación del “número de operaciones”.

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II. Limitaciones y riesgos:

Aquí Marías nos advierte con la contundencia que le manan a estas palabras: 

… la potencia de la Electrónica, si se la maneja con imprudencia, más aún si se la usa como instrumento de manipulación y dominio, puede producir daños de incalculable gravedad. Es menester revisar, aunque sea de manera muy somera, las tentaciones […] en que pueden caer los que se sirven de las técnicas electrónicas.

  • A. Automatización del saber: aquí nos previene ante un peligro ya preexistente, pero que la Electrónica reduplica: la subordinación del saber a los datos o, si se prefiere, confundir ambas realidades. Así que los datos “son elementos para el saber, es decir, para saber a qué atenernos. Los datos aislados o simplemente acumulados no son saber”. Este nace del ensamblaje inteligente de aquéllos. No veo en Marías la idea del Frankenstein insumiso a su creador, dispuesto a actuar por cuenta propia. Porque afirma sin ambages que el instrumento no sabe nada. Y, en relación con lo que voy señalando, piensa que “el descenso del pensamiento en nuestra época es aterrador en todas las disciplinas”, de un lado porque “pensar es un ejercicio particularmente difícil y que requiere gran esfuerzo”, y del otro porque son precisamente las nuevas tecnologías las que posibilitan una actividad “intelectual” sin pensamiento. Ese último entrecomillado no lo es tanto por ser cita como por indicar la ironía con que emplea el autor la palabra.
  • B. La existencia de insondables “bancos de datos”, además actualizables, posibilita la redacción “y publicación de estudios de apariencia intelectual compuestos de tablas y cuadros, de innumerables datos cuya única función es quedar impresos sobre el papel, sin una sola idea y, por lo tanto, no permiten entender aquello de que se trata”. Lo sé por experiencias de tristonas lecturas.
  • C. Tendencia de la cuantificación: este nuevo punto está ligado al anterior. No niega Marías la validez de lo cuantitativo, pero como auxiliar de lo substantivo. Y si el escudero deviene en señor en no pocos estudios, lo que tenemos es “una ilusión de conocimiento que enmascara una profunda ignorancia de lo que realmente importa”.
  • D. Propensión a simplificar las cosas: aquí entra la que voy a llamar disposición irrefrenable a establecer todo tipo de exámenes en formato de test, es decir, dando solamente la opción de responder con un “sí” o un “no” a asuntos que requieren hilvanar al menos una breve redacción. Marías nos dice que la cuestión no es nueva, pero que la Electrónica (Informática) la facilita en grado sumo. Así que, sin negar que haya cierto tipo de preguntas susceptibles de ser respondidas con el monosílabo afirmativo o negativo, otras muchas no pueden encajar en ese esquema. Es tajante cuando dice que “se obliga a la realidad a mentir, porque a esto equivale contestar ‘sí’ o ‘no’ cuando la respuesta no puede ser ni una ni otra”. Pemítaseme una observación personal: asiento, por haber sido víctima en ocasiones de pruebas de ese carácter.
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