En recuerdo de Eugenio Trías: filosofía en el límite

Eugenio TríasEn febrero de 2013 recibíamos una nefasta noticia para el contexto filosófico y cultural español. Tras las no muy lejanas despedidas de eminentes personalidades como Quintín Racionero, Carlos Castrodeza o Agustín García Calvo, le ha tocado el turno a uno de los más brillantes puntales que el genio filosófico de nuestro país ha dado en los últimos tiempos: Eugenio Trías (1942-2012).

Su obra, densa y extensa, se ha preocupado especialmente por estudiar aquellos aspectos de nuestro presente que podrían definir un nuevo método de pensamiento. Nunca se cansó de explicar que su pretensión filosófica consistía en promover un desplazamiento de los hábitos y creencias instaurados en la actualidad, los cuales configuran nuestras “rutas de pensamiento y raciocinio”, así como todas y cada una de nuestras disposiciones mentales, con el objetivo de dar a conocer su propuesta, compuesta por un triángulo muy singular. En la obra que posiblemente mejor compendia sus dictados principales (y una de las más breves), Ciudad sobre ciudad, explicaba que en el mencionado triángulo “un vértice, el que forma ángulo recto, expresa o nombra mi propuesta relativa al ser (que es la idea de ser del límite). Uno de los dos vértices agudos expresa mi propuesta relativa al sentido del ser (que es mi idea de razón, o lógos, de carácter fronterizo); y el otro vértice nombra mi propuesta relativa a la posible exposición (siempre supletoria o vicaria) de lo que excede el ser del límite“.

La razón filosófica, que yo concibo como razón fronteriza, constituye la reflexión crítica y auto-reflexiva del ámbito en el cual se puede producir significación y sentido. Tal carácter crítico se convalida si esa razón, sin situarse en una posición supernumeraria con respecto al ámbito mismo de expansión de los modos mediante los cuales se produce sentido […] sabe determinar sus propios límites.

¿En qué consiste la filosofía del límite de Eugenio Trías? Como reveló en una de sus más titánicas obras, dedicada al estudio de la historia de la música, El canto de las sirenas, y fiel a su espíritu platónico, Trías explicaba con ecos platónicos que “la filosofía posee un carácter medianero y daimónico, a mitad de trayecto entre la ignorancia y la sabiduría, aunque siempre imantada por esta”. Eugenio Trías creía firmemente en la imagen de la filosofía como una ciudad que, en nuestro camino hacia la sabiduría, funciona como un lugar donde además de tomarnos el descanso necesario para alcanzar la meta de nuestra utópica travesía, también nos aporta una conciencia muy particular de lo que, como seres humanos, estamos en disposición de conocer. “La filosofía es un arte amatoria –explicaba el filósofo barcelonés–, gobernada por éros y por philía. Su movimiento inextinguible se halla imantado por un objeto que no logra nunca alcanzar; que la rebasa y trasciende de manera intrínseca y estructural”.

Aunque al filósofo no le sea dada de antemano la facultad para alcanzar definitivamente la sabiduría, sí posee, en cambio, la capacidad de perseverar en su empeño por desligarse de la ignorancia. Si la filosofía se diferencia de otras disciplinas, es por su continua pretensión de comprender lo que entendemos por realidad, y más allá, por existencia; su vocación, “velada o expresa”, es la de “arribar a un horizonte de sentido radical en el cual se deciden cuestiones que no pueden menos que denominarse ontológicas“, es decir, que tienen que ver con el ser de las cosas, y no con su mera apariencia.

La tarea de la filosofía […] no es elucidar los enunciados y las proposiciones desde un punto de vista lógico, sino trazar, con criterio filosófico, la demarcación entre los dispositivos (de expresión lingüística o de escritura) que pueden producir significación y sentido, y la sombra de aquella en la cual el sentido y la significación topan con Límite Mayor que sólo de modo hermenéutica, y a través del recurso a símbolos, puede, según mi peculiar modo de ver, traspasarse.

Eugenio Trías

En este punto encontramos la genuina y novedosa aportación de Trías a la historia del pensamiento, su filosofía del límite. En un sentido amplio y desde los primeros presocráticos, sobre todo a partir de Parménides, se ha entendido por filosofía la investigación sobre el ser mismo (autó tó ón), definición que a lo largo del siglo XX ha dado por resultado dos caracterizaciones del concepto de razón que, a su juicio, son muy dañinas para la disciplina filosófica: por un lado, una razón “analítica” de clara orientación positivista-empirista que concibe el patrón lógico-matemático como el genuino a la hora de desarrollar cualquier estudio humano (entre ellos, la propia filosofía); por otro lado, una razón “dialéctica” que observa en el ejercicio filosófico una herramienta ideológica promovida por los intereses socioeconómicos. Frente a ambas posiciones, Trías establece una razón filosófica que denomina fronteriza, y que “constituye la reflexión crítica y auto-reflexiva” sobre nuestro pasado, presente y futuro. Así, la tarea de la filosofía no ha de ser la de dilucidar enunciados y proposiciones desde una perspectiva meramente lógica, sino hacernos ver que entre aquella buscada sabiduría y nuestra facultad de conocer damos con innumerables sobras en las que chocamos con un “Límite Mayor” que, en su opinión, sólo puede ser traspasado a través de los símbolos.

Mi pretensión filosófica consiste en promover un desplazamiento en los hábitos y creencias que configuran nuestras rutas de pensamiento y raciocinio, o nuestras disposiciones mentales. […] Pues bien, la filosofía del límite pretender ser ese tornado que zarandea las más inconmovibles creencias en las que nos hallamos cobijados.

Por tal motivo, Eugenio Trías tilda a la condición humana de fronteriza, en la medida en que se sitúa en el límite, como él explicaba, “entre el misterio y el mundo”, donde hallamos la posibilidad de dar un sentido a nuestra existencia; por eso nuestra inteligencia “se provee de símbolos para rebasar (precariamente) ese límite, y para exponer (analógica e indirectamente) lo que trasciende”. Es desde este lugar limítrofe desde el cual ha de abordarse el estudio del ser, el ser del límite, mediante el empleo e investigación de los diversos símbolos que configuran el conocimiento de los seres humanos.

Ese Límite lo es entre lo que puede decirse y lo que debe callarse; o entre lo decible y lo indecible. Pero ese limes no es sólo un Muro (de silencio) que impide todo acceso a lo inaccesible; es más bien, como sucedía en todo antiguo trazado de la ciudad que se construía […] un trazado mural que permitía aperturas, o puertas, mediante las cuales se podía promover cierto acceso a lo inaccesible. Ese acceso es, a mi modo de ver, de naturaleza simbólica.

Aunque puede que existan límites que, precisamente por su condición de infranqueables, no puedan ser rebasados sino a través del recuerdo. Un recuerdo que en esta ocasión queremos brindar a Eugenio Trías, una de las figuras más importantes de la cultura española en los últimos tiempos, cuyo trabajo –no sólo de profesor, sino también y sobre todo de maestro– horadó una nueva senda en el pensamiento que, quizás, alguien tenga el valor y la adecuada disposición de continuar.

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