Sobre la teoría de la risa de Arthur Schopenhauer

Reseña de Ana Rodríguez Quetglas (Facultad de Filosofía de la UNED) del libro: Clay Garate Monroy. Sobre la teoría de la risa de Arthur SchopenhauerUna aproximación ontológica y gnoseológica al fenómeno de la risa. 137 páginas. Publicación independiente. 2022. 

Pese a que Arthur Schopenhauer (1788-1860) no ha pasado a la historia como un filósofo precisamente risueño, su obra contiene reflexiones sobre las fuentes del humor, que en no pocas ocasiones se trata de aquel humor que tiene su origen en la desesperación: el humor como mecanismo de defensa frente a lo insoportable, que trata de minimizar o sobrellevar el sufrimiento que acompaña a todo ser humano.

La obra que reseñamos intenta, a partir de los breves textos que Schopenhauer dedica a este tema, conceptuar, clasificar y analizar el fenómeno de la risa. Empezaremos resumiendo lo que dice Schopenhauer en su obra, para seguir con el desarrollo de esta según el presente libro, describiendo en primer lugar su estructura y desgranando luego el contenido de cada capítulo.

Schopenhauer expone su teoría sobre lo irrisorio en el apartado 13 del libro primero de El mundo como voluntad y representación y en el capítulo octavo de la segunda parte de los complementos a este libro primero. En el citado apartado 13, Schopenhauer indica que, «aun cuando el saber abstracto sea el reflejo de la representación intuitiva y se basa en ella, en modo alguno resulta tan congruente con ella como para que pueda suplirla por doquier, sino que más bien nunca se corresponde del todo con dicha representación (El mundo como voluntad y representación, Vol. 1, Fondo de Cultura Económica: México, 2003, p. 145). La risa pues, dice Schopenhauer, no consiste sino en la incongruencia entre el conocimiento intuitivo y el abstracto. Dicho de otro modo, «la risa no se debe sino a la repentina percepción de una incongruencia entre un concepto y los objetos reales que habían sido pensados en algún tipo de relación gracias a dicho concepto, de suerte que la risa sólo es la expresión de tal incongruencia» (ibid., p. 146).

A veces se trata de un único objeto real que de repente se revela incongruente con el concepto, y otras veces son dos o más los objetos reales que son pensados por un concepto que sólo en parte corresponde a tales objetos. Es una subsunción paradójica y, por eso, inesperada, que se puede producir mediante palabras o hechos. Seguidamente Schopenhauer distingue ente los dos tipos de lo risible, el ingenio y la locura, que desarrollará en los complementos al libro primero. El ingenio es arbitrario y se demuestra con palabras, la locura viene impuesta desde fuera y se manifiesta con palabras o hechos. Dentro de la locura se halla la pedantería, que se caracteriza por no pasar nunca del plano conceptual, lo que supone rigidez y falta de miras, y es que «La abstracción consiste en alejarse de los detalles más nimios, pero justamente es eso lo que cuenta sobremanera en lo práctico» (ibid., p. 148). Finaliza mencionando un falso tipo de ingenio, el juego de palabras y la ambigüedad, que une, sirviéndose del azar, dos conceptos diferentes bajo una misma palabra, a diferencia del ingenio, que reúne a dos objetos reales bajo un concepto. En definitiva, para Schopenhauer lo irrisorio nunca puede quedarse, a riesgo de parecer pedante y limitado, en la mera abstracción, sino que precisa de su concreción en el mundo real. 

En el capítulo octavo de la segunda parte de los complementos al libro primero («A propósito de la teoría sobre lo irrisorio») expone con más detalle esta teoría, reiterando que el origen de lo irrisorio se halla en la incongruencia entre lo abstracto (el concepto) y lo intuitivo (el objeto real representado por el concepto). El efecto risible será mayor cuanto más marcada e inesperada sea la incongruencia. Repitiendo lo dicho en el libro primero, cuando, como a veces pasa en las ingeniosidades, la incongruencia se da entre dos conceptos, uno genérico y el otro específico, es necesario que la fantasía concrete el concepto en un objeto real, de lo contrario no se iría más allá de la abstracción y, al no poder ser esta trasladada al mundo empírico, no se produciría el efecto risible. 

En relación a los dos tipos de irrisión (el ingenio y la locura, o, utilizando otros términos, la ingeniosidad y el absurdo), en el primer caso la incongruencia viaja desde el objeto real hasta el concepto o, por otro decir, se subsume lo heterogéneo bajo el concepto más universal. Dentro de este tipo se hallan los equívocos, que con frecuencia se convierten en meros juegos de palabras. Cuando la incongruencia es tan evidente que llega a ser tosca, hablamos de ironía trivial, que se emparenta con la parodia. Así, a la incongruencia se le añade un objeto vulgar que se subsume en un elevado concepto. 

La segunda clase de irrisión lleva al absurdo, y en el absurdo se da el camino inverso, esto es, la incongruencia va desde el concepto al objeto real. Buena muestra de ello la ofrece don Quijote, que toma conceptos de las novelas de caballería y los aplica con gran infortunio a la vida real, sembrando gran confusión. 

No siempre es necesario indicar claramente el concepto: a veces es claramente visible, observándose la incongruencia entre dos objetos reales, como la semejanza del hombre con otros animales, que mueve a la risa. 

Schopenhauer aventura que lo irrisorio nos complace porque, en el lance entre lo abstracto y lo intuido, gana este segundo, que nos resulta más cercano: el intuir es inmediato, gozoso y no requiere esfuerzo. La razón es lo contrario: aparte de requerir esfuerzo, es hacedora de temores. Cuando se muestra la incongruencia entre lo que creíamos y la realidad, surge la irritación de tener que admitir que nuestros razonamientos estaban equivocados. La broma es intencional, manifiesta esta incongruencia y, si se disfraza de seriedad, nace la ironía. Lo contrario es el humor, en el que, tras la broma, se oculta lo serio: «La ironía es objetiva, cuenta con los demás, pero el humor es subjetivo y sólo mira sobre todo al propio yo» (ibid., p. El mundo como voluntad y representación, Vol. II, p. 47).

Yendo ya al libro que aquí reseñamos, éste pretende insertar la teoría del humor en el sistema filosófico de Schopenhauer, no tratándola como un hecho aislado sino como una piedra más del edificio construido por el filósofo de Danzig. Ya Schopenhauer afirmaba que la base de su pensamiento se hallaba en su tesis doctoral, Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente, y ese es el punto de partida que toma el autor para realizar su estudio. El libro resulta conciso, claro, bien estructurado, ameno y didáctico, y prolífico en ejemplos. Se estructura en una introducción, siete capítulos (si bien se observa en el índice una errata que fusiona los capítulos quinto y sexto) y un anexo, que contiene un apunte biográfico sobre Schopenhauer. Por su contenido, se acude a la obra de Schopenhauer y, a partir de ella, se establecen dos clasificaciones de lo risible, con dos categorías y, en algunos casos, subcategorías de cada una, para después ofrecer ejemplos, cada vez más elaborados, de los casos. Partiendo de la base de que el humano es el único animal dotado del don de la risa, esta se manifiesta como una compleja operación mental que, para su desarrollo, precisa de varios factores a tener en cuenta. El autor señala las traducciones de El mundo como voluntad y representación que ha utilizado: la de Eduardo Ovejero en Editorial Aguilar y la de Pilar López de Santamaría en Trotta.

En la breve introducción, el autor se pregunta por la estructura gnoseológica de lo risible y si este responde siempre a la estructura lógica del silogismo de la primera figura, dejando claro su objetivo: encontrar el lugar que la explicación de la risa tiene en el sistema filosófico de Schopenhauer

En el primer capítulo, titulado «Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente», se mete de lleno en esta obra, en la que, partiendo del principio básico de que todo tiene una razón de ser, se usa una metodología basada en las leyes de la homogeneidad y de la especificación. De acuerdo con esta última ley, el principio de razón suficiente se manifiesta bajo cuatro formas distintas, dos de ellas relevantes para el fenómeno de la risa. Distingue, en un útil esquema, las cuatro raíces del principio, esto es: el principio del devenir, del conocer, del ser y del actuar, y los correspondientes objetos, representaciones, formas de presentación, correlatos subjetivos y necesidades correspondientes a cada raíz. Las clases de representaciones que interesan en cuanto a la teoría de la risa se refiere son dos: las intuitivas (principio de razón suficiente del devenir) y las abstractas (principio de razón suficiente del conocer). Describe las características principales de los objetos intuitivos (que se corresponden con la realidad empírica) y de los objetos abstractos (que se corresponden con los conceptos), siendo estos últimos propios del ser humano. Teniendo en cuenta que los animales no son capaces de elaborar conceptos y que la risa proviene de la contradicción entre el concepto y la realidad, tenemos la explicación de por qué los animales son incapaces de la risa. 

El segundo capítulo lo conforma un breve resumen de El mundo como voluntad y representación, señalando la estructura de la obra (cuatro libros, sobre teoría del conocimiento, ontología, estética y ética, más el apéndice sobre la crítica a la filosofía kantiana), clarificando la ubicación de la consideración de Schopenhauer sobre la risa (en el libro primero), y estableciendo las nociones de representación y voluntad. 

Tras ello, se entra, en el capítulo tercero, en el fondo del asunto, esto es, el esquema de la teoría de la risa, que pretende fusionar lo escrito por Schopenhauer sobre la risa en el apartado 13 del libro primero de El mundo como voluntad y representación y lo escrito en el capítulo octavo de la segunda parte de los complementos al libro primero. 

Antes de hablar de las dos formas de clasificar el fenómeno risible, según la dirección del proceso de conocimiento y según la forma en que se expresa el fenómeno, el autor plasma una serie de consideraciones generales sobre la risa, que remiten a lo dicho por Schopenhauer y que hemos expuesto anteriormente. Así, la risa radica en la incongruencia entre el concepto y el objeto real al que se refiere dicho concepto. Cuanto mayor sea la incongruencia y más inesperada resulte, mayor será el efecto de la risa. Cuestión aparte es el chiste, en el que la incongruencia se da entre dos conceptos, pero la risa convierte al concepto en un representante intuitivo para que pueda darse la incongruencia necesaria entre la cosa y el concepto. La risa nos causa placer porque muestra la insuficiencia de la razón. Por el contrario, la correspondencia entre el objeto y el concepto es el epítome de la seriedad. La risa, en relación a los efectos que causa sobre nosotros, puede ser burlona, al mostrarnos los límites de nuestra razón, o puede ser amarga, como expresión de la desesperanza (y esa, apuntamos, es la risa realmente propia del pesimismo filosófico, el reír para no llorar que puede confundirse fácilmente con la irreverencia e incluso con la crueldad). Tras ello, se exponen las dos clasificaciones posibles de lo risible: la primera según la dirección del proceso de conocimiento y la segunda según la forma en que se manifiesta el fenómeno risible. 

La primera clasificación se realiza según la dirección del proceso de conocimiento, esto es, si se va de lo intuitivo a lo abstracto o viceversa. En el primer caso, en el que se produce el paso desde lo intuitivo hasta lo abstracto, nos hallamos con la agudeza/ingeniosidad. Se trata de un proceso voluntario, dentro del cual podemos distinguir las agudezas de una sola palabra, los juegos de palabras (y entre ellos los equívocos), la ironía vulgar y, en esta, la parodia. En el segundo caso, que supone el proceso inverso, es decir, el paso de lo abstracto (el concepto) al objeto, nos hallamos con el absurdo (o disparate), que en la práctica toma la forma de la excentricidad. Este es un proceso involuntario que normalmente se manifiesta en actos, y en él se hallan la pedantería y, además, la asociación de ideas, distinguiéndose entre el absurdo propio y el ajeno.

La segunda clasificación de lo risible, según la forma en que se expresa el fenómeno risible, puede consistir en la ironía (cuando la broma se esconde tras la seriedad, y es objetiva) o el humor (cuando la seriedad se oculta tras la broma, y es subjetivo). Como subtipos del humor hallamos el cuento obsceno y lo cómico.

Como un caso aparte se encuentra el arte del bufón y del payaso, que disfraza el ingenio de extravagancia, unificando distintos objetos en un único concepto y, a partir de este, mostrando la diversidad de objetos, provocando la risa. El cuarto capítulo de la obra intenta ejemplificar el esquema de la teoría de la risa con casos concretos y actuales, mostrando ejemplos de los distintos fenómenos de lo risible según ambas clasificaciones, esto es, ejemplos de agudeza y absurdo, y de ironía y humor, utilizando para ello ilustraciones sencillas. En el capítulo quinto se estudian treinta ejemplos de lo risible dados por Schopenhauer, para comprobar si se corresponden con (según lo dicho por el filósofo alemán en los complementos al libro primero) un silogismo de la primera figura. En los distintos casos de agudeza, yendo de lo intuitivo a lo abstracto, se sigue el silogismo de premisa mayor -premisa menor-conclusión. En cambio, en otros casos, se trata de simples juegos de palabras, como cuando se refiere a un burdel como una «discreta morada de los placeres tranquilos». Un ejemplo de silogismo, por citar alguno de los muchos que contiene el libro, consistiría en premisa mayor (la tumba de un médico se encuentra cerca de la tumba de sus pacientes), premisa menor (un héroe está rodeado de sus víctimas), y conclusión (el médico, como héroe, está rodeado de sus pacientes-víctimas, a los que debería salvar la vida y no matar). No toda risa se reduce a un silogismo de la primera figura, como el caso de juego de palabras o la coincidencia de fonemas. El camino inverso se recorre con el absurdo, del concepto a lo concreto. En el ejemplo de don Quijote, tenemos una premisa mayor (todos los oprimidos deben ser liberados), una premisa menor (los galeotes son presos, esto es, oprimidos), y una conclusión: los galeotes son liberados.

Estudiados los ejemplos dados por Schopenhauer, se aplica la teoría a casos actuales que incluyen no sólo el texto escrito sino también lo auditivo (como exagerar el sonido de las articulaciones para enfatizar las gesticulaciones de los personajes), lo visual (el cine mudo, el audiovisual en movimiento, el humor gráfico con o sin texto) y lo auditivo /visual. En este punto se mezclan casos de ingenio y de absurdo.

Dentro de un apartado de este punto hallamos el siempre peculiar caso del chiste, en el que, habiendo no una contradicción entre el objeto y el concepto, sino entre dos conceptos, la imaginación debe crear el objeto, como cuando el ciego pregunta al paralítico: «¿Cómo anda usted?», y el paralítico responde al ciego: «Como usted ve». Otro caso peculiar es el de la metáfora, en la cual se observa una contradicción entre la significación de la palabra que hace referencia al concepto abstracto y la significación de la palabra que se refiere a un objeto intuitivo, obteniéndose una sensación agradable. 

En el capítulo sexto se refiere a la segunda clasificación, que comprende la ironía y el humor. En el caso de la ironía, en los ejemplos dados por Schopenhauer sólo figura el diálogo entre Sócrates e Hipias, añadiendo el autor otros ejemplos propios. En cuanto al humor, sigue el mismo esquema, mostrando el ejemplo de Schopenhauer del diálogo entre Hamlet, Ofelia y Polonio, y adicionando otros ejemplos de su propia cosecha. En el capítulo séptimo y último hallamos las conclusiones sobre la incongruencia dada por los diversos significados del concepto según el contexto. La incongruencia pondría en jaque el principio ontológico de contradicción, según el cual ningún objeto puede ser y no ser a la vez. Así pues, lo ilógico, el desafío a la razón, tal como dice Schopenhauer, sería risible. Al mismo tiempo, discute el autor la reducción que Schopenhauer hace, de todo lo irrisorio, a un silogismo de la primera figura, con una premisa mayor indiscutible y una premisa menor inesperada, que lleva a una conclusión que provoca la risa (sobre la afirmación schopenhaueriana del silogismo de la primera figura, véase ibid., p. 96.). Cierra el libro, como hemos dicho, un anexo que contiene una escueta biografía sobre Schopenhauer. 

En conclusión, se trata de una obra que intenta, y consigue, transmitir de forma muy estructurada y articulada la visión de lo irrisorio, con representativas ilustraciones a modo de ejemplo que lograrán satisfacer a los lectores interesados en esta faceta del autor alemán, al que tan pocas veces se relaciona con la risa, presupuesta su fama de máximo representante del pesimismo filosófico. 

9 comentarios en “Sobre la teoría de la risa de Arthur Schopenhauer

  1. Su gran obra es El mundo como voluntad y representación.

    Adecuado punto de partida, y también Parerga y Paralipómena, que consiste en retazos de temas diversos y no está mal para ir intercalando con la lectura de su obra magna.

    Me gusta

    • Gracias.

      E el prólogo a la primera edición de » El mundo como voluntad y representación.» indica el filósofo

      La segunda exigencia es esta: que antes que el libro se lea la introducción a él, si bien esta no se encuentra en el libro mismo sino que ha aparecido cinco años antes bajo el título Sobre la cuádruple raíz del principio de razón suficiente: un tratado filosófico. — No es en absoluto posible comprender el presente escrito sin conocer esa introducción y propedéutica, y el contenido de aquel tratado está tan supuesto aquí como si se hallara en el libro.

      ¿Esto es así? ¿es necesario ese libro «prólogo»?

      Le gusta a 1 persona

  2. Sin duda ayuda, pero se puede leer con posterioridad. La introducción a la filosofía de Schopenhauer, como a la de cualquier otro filósofo, es paulatina, y el orden lo puede decidir el mismo lector. Las respuestas y, lo que es más importante (y desesperante, si uno no cuenta de entrada con ello), las preguntas sin respuesta (o con una respuesta que no convence al lector), las acabará encontrando por una u otra vía.

    Le gusta a 1 persona

Replica a luna Cancelar la respuesta