Enrique Lihn: poesía de lucidez y crudeza

Ah, poetas, no bastaría arrodillarse bajo el látigo ni leernos, en castigo, por una eternidad los unos a los otros. En cambio estamos condenados a escribir, y a dolernos del ocio que conlleva este paseo de hormigas esta cosa de nada y para nada tan fatigosa como el álgebra o el amor frío pero lleno…