Custodiar el silencio: vigías de la atención
Cuando era pequeño, observaba con extrema curiosidad a mis abuelos murcianos, Pepe y Soledad, sentados al pie de la cama, recién despiertos. No se levantaban sin haber rezado un rosario. Yo los miraba, curioseando, desde el umbral de la puerta, y los escuchaba, porque ambos bisbiseaban sus oraciones para no perder la concentración. Por entonces,…
