Una guía para empezar con Schopenhauer: “Parábolas y aforismos”

Filosofía y literatura han sido y son dos de los estandartes clásicos de las Humanidades. En ocasiones, si bien rara y honrosamente, ambas disciplinas se han concitado en la obra de un mismo autor (Thoreau, Borges, Mann, Emerson, Philipp MainlÄnder…) o autora (Virginia Woolf, Sylvia Plath, Madame de Staël, Rosalía de Castro, Alejandra Pizarnik, Juana Inés de la Cruz…), dando como resultado una atractiva y honda mezcla en la que la tenacidad y análisis de la filosofía y lo bello y activo de la literatura afrontan, de la mano, la posible solución de un común e inaplazable imperativo: escrutar la naturaleza de lo humano

Sabido es que la cáustica y agridulce pluma de Arthur Schopenhauer (1788-1860) permaneció muy bien afilada durante toda su carrera como filósofo. Desde muy joven, tras los envidiables viajes que realizó con sus padres durante su infancia y adolescencia, cobró consciencia de que deseaba dedicar todos sus esfuerzos intelectuales a reflexionar sobre cuanto había observado, poniendo su punto de atención en el dolor y el sufrimiento, al parece irreversibles y consustanciales a los asuntos humanos. Quizá fuera un jactancioso demonio, y no un omnipotente y bondadoso dios, quien estuviera detrás de esta pesada broma a la que llamamos mundo. Quizá no existiera justificación racional para tanto despropósito, para tantas y tan plurales escenas onerosas, que producen el escarnio anímico de cualquier espíritu mínimamente sensible. Quizá, en fin, no hubiera manera de sostener la convicción –tan antigua, tan optimista– de que un orden se esconde tras el caos más aterrador. 

Parábolas y aforismos
Arthur Schopenhauer
Selección, introducción y traducción de Carlos Javier González Serrano
Alianza Editorial, 2018, 176 páginas, 9,50 euros

El arma más contundente con la que cuenta la filosofía es, así, el asombro, la perplejidad, la capacidad para mantener los ojos, y el alma, en pasmo. El pesimismo no es una pose, no es un rumoroso silbido que se deja escuchar en las tardes de inquietud o en la oscuridad de la noche, sino la –rebelde, activa e inquisitiva– actitud necesaria para hacer frente a una existencia que en lo general resulta hostil y, en lo particular, dolorosa. Los breves instantes de felicidad no son más que sueños agradables e ilusorios en medio de una larga y terrible pesadilla. 

Ahora bien: lejos de lo que suele afirmarse equivocadamente, la filosofía de Schopenhauer no pretende crear una pléyade de compungidos sufridores. Más bien al contrario. Parábolas y aforismos, amena y fundamental recopilación de algunos de los fragmentos más incisivos y literarios de Schopenhauer, muestra cómo el pesimismo puede contener una faceta extrañamente redentora. Si algo permite la filosofía, escribía un joven Schopenhauer en 1814, es el valor de no guardarse ninguna pregunta en el corazón. Este ahínco y valentía es lo que hace al filósofo, afirmación que tendría muy en cuenta uno de los lectores más aventajados del pensador de Danzig, Friedrich Nietzsche, cuando recordaba que cuando echamos un vistazo al abismo, también el abismo nos observa a nosotros. El filósofo debe asemejarse, escribía Schopenhauer a Goethe en 1815, al Edipo de la tragedia de Sófocles, “quien, en busca del esclarecimiento de su terrible destino, no dejó de investigar aun cuando presentía que lo más horrible podía sobrevenirle” a causa de sus pesquisas. 

Si, además, la filosofía se alía con la mejor de las formas estilísticas, con la literatura, incluso con la poesía, entonces la fuerza emocional de un aforismo, de un pensamiento o de una disquisición cualquiera, siempre que sean claramente expresados, puede dar como resultado una nueva configuración del mundo. Porque crear mundo es verlo con ojos nuevos, reinterpretarlo en su pluriforme verdad. Es este el caso de Schopenhauer, en quien la más contundente y bella expresión se une a los más intrincados razonamientos sobre el funcionamiento del mundo. Es la suya una filosofía literaria, una literatura filosófica: una manera no sólo de investigar el mundo, sino también y sobre todo de narrarlo.

A través de cinco aspectos bien diferenciados que constituyen, sin embargo y a la vez, la unidad de la experiencia humana (“Vida y muerte”, “Sabiduría de vida”, “Antropología y sociedad”, “Sufrimiento y desamparo” y “Filosofía, arte y naturaleza”), Parábolas y aforismos acerca la obra de Arthur Schopenhauer, uno de los filósofos más originales e influyentes de la historia de la filosofía, a nuevos y curiosos lectores; por otro lado, la edición presenta algunos aforismos inéditos en español, además de anotaciones curiosas y quizá desconocidas, que atraerán igualmente a sus lectores más asiduos. La introducción, “Pesimismo que redime”, a cargo de Carlos Javier González Serrano (especialista en la obra del filósofo), incide en la necesidad de interpretar la obra schopenhaueriana no como la de un irredento e insoportable pesimista, misántropo y misógino, sino como la de un ser humano que, enfrascado en la inexorable necesidad de conocer los vericuetos del mundo, fue poco a poco desengañándose de la propia vida, mientras invitaba, también, a sus lectores a que abandonaran toda esperanza de alcanzar una definitiva felicidad.

La dulce recompensa que se extrae de la lectura de esta selección, y de las obras de Schopenhauer en general, es la de –en palabras de la poeta Anne Sexton– haberse “atrevido a vivir” sin haber sucumbido a abandonar la existencia. Y es que, quizá, el valor de la vida no consista sino en saber perseverar sin desear, provistos de un conocimiento certero de la realidad que nos advierta de que este mundo no es sino la escena de un gran teatro en el que cada marioneta interpreta su fugaz pero necesario papel.

Los seres humanos que luchan por una vida feliz, brillante y larga en vez de por una vida virtuosa son como insensatos actores que siempre desean representar deslumbrantes, largos y victoriosos papeles, porque no comprenden que el asunto no consiste en quécuánto interpretan, sino en cómo lo hacen (1813-1814). 

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