Homenaje a Rocío Orsi: vida, literatura y filosofía

Rocío Orsi

Son numerosas las voces que estos últimos días se han hecho eco del temprano fallecimiento de la profesora Rocío Orsi y han querido recordarla (tanto en España, en el caso de la semblanza que Antonio Valdecantos redactó para El País, como fuera del territorio nacional, en esta nota del Instituto Superior Politécnico Sol Nascente). Yo mismo tuve la oportunidad de plantear a Rocío, hace ya algunos meses, unas breves cuestiones para la revista Filosofía Hoy. Y es que esta pensadora, que a todos cautivó con su inteligencia, cercanía y brillantez, forma parte de una generación de jóvenes filósofos que, poco a poco -y me atrevo a decir-, luchaban por una universidad distinta: democrática, plural, basada en el mérito que no establece distinciones sino por la valía del profesor en cuestión y, sobre todo, por la implicación e ilusión que debe recoger como notas características cualquier docente universitario.

Mi relación con Rocío, aunque muy ceñida a lo profesional, me dejó fuertemente marcado. Apenas una cena entre amigos y algunas palabras intercambiadas en una de sus presentaciones en La Central de Callao (Madrid) sobre su estudio y traducción de Butterfield fueron motivo suficiente para que sus gestos, su manera de estar en el mundo, su dulzura y sabiduría, aspectos que tan bien casaban en ella (“¿por qué poner a reñir el ser con el aparecer?”, me preguntó en una ocasión), hicieran honda mella en mí.

Rocío Orsi

“La filosofía es en cierto modo un género literario”

A lo largo de los meses que hemos empleado en la edición de La guillotina del poder he podido estrechar el contacto con Rocío -la mayor parte de las veces a través de innumerables y atentos correos electrónicos que dejaban constancia de cómo ni siquiera el mal trago que estaba pasando le impedían alimentar sus siempre fervientes ganas de trabajar, fomentadas por un entusiasmo muy poco común-. Aunque a continuación recomendaré la lectura de las obras que con tanto gusto he leído y estudiado, que Rocío redactó sin duda al amparo de una gracia que en su prosa le era concedida, no es el aspecto intelectual lo que más llamaba la atención en ella. Y no, desde luego, porque esta faceta le fuera extraña (impartía clases en la Universidad Carlos III de Madrid, y sus mentores pueden acreditar la extrema valía de esta pensadora que tan pronto se nos ha ido), sino porque mirar a los ojos de Rocío y trazar una conversación con ella transportaba a su interlocutor a un mundo en el que los atávicos y estúpidos ruidos de fondo que contaminan el sistema universitario no tienen lugar; a un universo en el que lo personal que puede unirnos (o separarnos) cobraba consciencia de sí mismo. Me gusta decir que Rocío era un bucle de lo anímico: un bucle en el que uno podía reencontrarse consigo mismo gracias al calor de alguien que no dudaba en darlo, en conceder a su compañero de conversación una calidez que ni con los más próximos puede experimentarse.

Rocío Orsi1Aunque muy pronto se publicará, en autoría conjunta con Andrés González López, la obra La economía a la intemperie, es en dos libros anteriores donde, a mi juicio, el trabajo de Rocío se ve recogido en toda su complejidad y esplendor. Me refiero a su traducción (inédita, que podemos disfrutar gracias a su labor) de Herbert Buttferfield y, sobre todo, a una obra que -con el tiempo, y sin lugar a dudas- se convertirá en la referencia de los estudios sobre la tragedia griega: El saber del error. Filosofía y tragedia en Sófocles. Un libro en el que Rocío nos ha enseñado a muchos (casi) todo lo que sabemos sobre el trágico inmortal, Sófocles, quien, a su vez, le ha prestado a Rocío un buen pedazo de su inmortalidad. Orsi escribe, sea una tesis doctoral, un estudio introductorio o un artículo especializado, con una familiaridad impropia de la Academia; en sus textos rastreamos un nexo inconfundible entre la literatura y la filosofía donde tiene lugar el trasiego “de las cosas humanas”, en expresión de la autora. Como Rocío apuntaba en la introducción de El saber del error,

El poeta, el novelista o […] el autor trágico no se compromete ni da respuestas sistemáticas en relación con un determinado asunto, sino que su peculiar forma de comprender el mundo se manifiesta en ese sistema polifónico que es la obra literaria. Pero en buena medida del filósofo sí esperamos que se comprometa y que sea sistemático en sus propuestas. Cuando menos, el filósofo, en una medida completamente diferente (y muy superior) a la del poeta, debe argumentar.

El compromiso de Rocío Orsi, en este sentido, que tanto se dejó ver en sus obras y en su vida, es la “tesis comprensiva sobre el bien y la virtud”, que desarrolló a partir de sus autores predilectos: Nussbaum, el propio Sófocles, Arendt, Platón, Butler y un largo etcétera. Como ha escrito Antonio Valdecantos para El País, “Rocío Orsi ha sido una filósofa de la acción en su sentido más amplio (en el correspondiente a lo que en griego se llamaba praxis y también en el de aquello que se denominó poiesis) y su muerte cruelmente temprana no le impedirá seguir ejerciendo la honda influencia que en vida ha tenido y que su obra merece”.

La memoria de Rocío está a salvo en sus libros, en sus conferencias y estudios. Pero esta memoria tangible, se diga lo que se diga, es mucho más perecedera, frágil y caduca que la que (como muy bien sabía Pericles) permanece gracias a la acción y la palabra. Y no permanecerá en balde. Quienes conocimos a Rocío no olvidaremos jamás la lección que nos dio con su dedicación a la filosofía, a investigar nuevos campos inexplorados, su sonrisa, su ilusión y su esperanza en las personas. Rocío, como ella aseguraba sobre su tan cariñosamente estudiado Sófocles, se ha convertido para muchos -entre los que me incluyo- en una “ficción” muy real, pues como la propia Rocío escribía:

… las ficciones de Sófocles crean mentiras pero, como las buenas novelas, son mentiras del mismo modo en que cualquier invención lo es, y “el poder que interviene en su creación -la imaginación- es función de la ineludible libertad del hombre”. Una libertad que, en definitiva, consiste en crear alternativas que se le impone como dada.

Gracias, Rocío.

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4 comentarios en “Homenaje a Rocío Orsi: vida, literatura y filosofía

  1. Tuve la inmensa suerte de tenerla como profesora en la uc3m y guardo como oro en paño, no solo el recuerdo de su inteligencia y su optimismo, sino un pequeño detalle material. Su libro “El saber del error…” dedicado de su puño y letra con palabras de ánimo y cariño. DEP.

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