El periplo vital y filosófico de Edith Stein

Edith Stein en compañía, monumental ensayo de Jesús Moreno Sanz, profesor, poeta y director de las obras completas de María Zambrano, cuenta entre sus escritos con el que sin duda podemos catalogar como el más completo y extenso escrito sobre Edith Stein en español. En él, su autor pone de relieve —a través de dos apasionantes partes— cómo la existencia de la propia Stein, Hannah Arendt, Simone Weil y Zambrano derivan en temas y circunstancias vitales comunes: la obra pone de manifiesto, como apunta Moreno Sanz, “el carácter trágico de estas cuatro vidas filosóficas y el modo en que las cuatro pensadoras tratan de mediar en la sempiterna cuestión de las conexiones entre razón y pasión, o entre entendimiento y corazón”.

Transitamos en este libro un recorrido, al decir de su autor, caleidoscópico, no meramente lineal o anacrónico, en el que podremos asistir a la intensa y truncada vida de Edith Stein. El lector encontrará una obra no de historia, sino de historias; no de pensamientos momificados, petrificados por el paso del tiempo, sino de concepciones vitales aún vigentes que tanto pueden enseñarnos y mostrarnos. A través de la metáfora de un “corazón comprensivo”, que intenta subsumir bajo una imposible unidad las contradicciones y paradojas consustanciales a cualquier vida humana, Moreno Sanz hace confluir la existencia de estas cuatro pensadoras en sus éxitos y fracasos, en sus altos y bajos, en sus paisajes exteriores e interiores, hasta dar con el…

… carácter trágico de esas cuatro vidas filosóficas y el modo en que las cuatro pensadoras tratan de mediar en la sempiterna cuestión de las conexiones entre razón y pasión, o entre entendimiento y corazón, comenzando por nuestra parte a reflexionar sobre el significado que pudiera tener la aplicación a las cuatro de la fórmula de Hannah Arendt “una razón apasionada”, o incluso la de “razón poética” de María Zambrano.

De origen judío y discípula de Edmund Husserl, Edith Stein (1891-1942) fue consciente desde muy pronto de su vocación pedagógica. Sin embargo, a causa de las trabas que su propio maestro puso a la hora de ingresar como profesora de universidad (aseguraba que “no es una cosa apropiada para las damas”), se vio obligada a realizar su destino filosófico por cuenta propia.

Dedicó su tesis doctoral a investigar la empatía, trabajo que obtuvo la más alta calificación. En este sentido, para Stein tenemos que poner el énfasis en la comunidad, y no tanto en el constructo abstracto que denominamos “sociedad”. En Estructura de la persona humana, nuestra protagonista escribía (en franca sintonía con algunos de los párrafos más célebres de La condición humana, de Arendt) que:

Vivir en comunidad con hombres quiere decir, en buena medida, verlos actuar con ellos. Vivir entre obras del hombre quiere decir verlas aparecer y desaparecer, ser formado por ellas y ayudar a que otros se formen por ellas: la vida del hombre es vida cultural. El mundo del hombre es un mundo espiritual pluriforme, constituido por personas individuales y por comunidades […]. En él está el hombre, en él vive, dentro de él mira, en él le salen al encuentro la existencia y la condición humanas.

De forma similar que para otros autores del momento, como Sartre o Heidegger, somos seres arrojados al mundo obligados a otorgar un sentido a nuestra existencia. En Ser finito y ser eterno Edith aseguraba que “yo, a pesar de esta fugacidad, soy y soy conservado en el ser de un instante al otro; en fin, en mi ser efímero, yo abrazo un ser duradero. Yo me sé sostenido y este sostén me da calma y seguridad”. Una alusión a lo “otro” de sí mismo que se verá traducida, en última instancia, en la llamada a la Infinitud y, en última instancia, a Dios: a pesar de que el ser humano es un ser finito, “es característico de todo lo finito el hecho de que no puede ser comprendido por sí mismo, sino que remite a un primer ser que hemos de considerar infinito, o, más correctamente, al ser infinito, porque el ser infinito sólo puede ser Uno”. Una entidad a la que, a juicio de Stein, accederíamos mediante “otra vía de conocimiento”, distinta de la experiencia y la evidencia filosófica: la Revelación, o en sus palabras, “el desvelamiento de hechos parte de Dios para el hombre”. Así, comienza a desarrollar, como ella misma describe, una “metafísica positiva, que dé respuesta adecuada a la nada y a los abismos de la existencia humana”.

Y es que la vida de esta pensadora (que acabaría de forma funesta en las cámaras de gas de Auschwitz por razón de su origen judío) estuvo plagada de difíciles decisiones que, finalmente, le condujeron a convertirse al cristianismo (lo que le reportó diversos y profundos problemas con su familia), e incluso, a los cuarenta y dos años, decidió decantarse por la vida religiosa e ingresar en la orden de las carmelitas de la ciudad alemana de Colonia. Como señala de forma brillante Jesús Moreno Sanz,

Stein hace verdad lo que Monticelli trata de sintetizar como “intensificado ejercicio de los sentidos y del corazón” en una “evidencia auroral y de la noche oscura”. Evidencia que sólo puede deshacer todas las contradicciones, disolviéndolas y coagulándolas, como gusta de decir tan alquímicamente María Zambrano, en el centro del alma; en el centro, hay que decir, del más mortal vacío. Pues diríamos que, en este territorio tan trágico-místico del total desprendimiento del “yo”, en pos de sentidos nuevos, se produce esa tan veraz ironía que el poeta argentino Roberto Juarroz labró con su sencillo verso tan búdico: “en el centro del vacío hay otra fiesta”. Quizá la del alma plenamente enamorada que ha destruido su propio yo, llevándolo a disolverse y a coagularse en pura conexión con el Universo.

Edith Stein en compañía, ensayo redactado desde un declarado amor a las mujeres y a lo femenino, no consiste en un simple recorrido erudito o lineal por la vida de Arendt, Zambrano, Weil y Stein, sino en un peculiar y enjundioso ejercicio de perspectivas en el que cada una de ellas, como en un caleidoscopio, van formando figuras confluyentes en las que la filosofía es protagonista.

Un juego casi literario (desarrollado con la pluma maestra de Moreno Sanz, a quien se lee con auténtico gusto) que tiene lugar a través de los avatares vitales de Edith Stein y “la sucesión de situaciones límite y naufragios existenciales” a los que la pensadora tuvo que hacer frente. Y es que, como escribe el autor de este ensayo (pluri)biográfico, “Edith Stein se extinguió por completo a la espera de la eternidad. Pero, tras la extinción”, queda la “impronta indeleble de una insobornable vida filosófica. Con ella se acercó mucho a hacer de la filosofía misma un específico camino hacia formas muy puras de dignidad humana, de dicha y gozo en el pensamiento unido a la vida”.

Pues, como dejó dicho Edith Stein en Estructura de la persona humana, “aunque abandonado a sí mismo, el hombre no queda totalmente a merced de las fuerzas oscuras: la luz de la razón no se ha apagado en él por completo, y conserva la libertad”. Una libertad que le permite luchar sin descanso frente a la adversidad.

Los ojos del espíritu están abiertos para todo lo que en este mundo nos habla de otro mundo diferente. Por su parte, la voluntad está inclinada al bien eterno, de manera que no es fácil apartarla de él, y queda robustecida para lucha contra las fuerzas inferiores. Con todo, durante esta vida el hombre permanece sometido a la necesidad de luchar. La perspectiva del status termini, de la vida de la gloria, en la que contemplará la verdad eterna y se unirá inseparablemente a ella por el amor, se le presenta solamente como recompensa por haber luchado. Tender a este objetivo sin desviarse de él; ésta debe ser la pauta para toda su vida.

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2 comentarios en “El periplo vital y filosófico de Edith Stein

  1. La que fue monja… realmente creo que para ser buen humano, no es necesario plantearse el ser religioso. Basta comprender la confusividad del mundo y estar en ctte autoconocimiento. La existencia es parfecida a un trompo, si gira, debe girar bien, si no gira bien, sólo habrás suplido parte de tus necesidades-vida

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  2. Gran admiradora de San Juan de la Cruz, es autora de una ‘Ciencia de la Cruz’, inspirada en la obra teológica y mística de aquel. Elevada al santoral, es reconocida en ese ámbito como Santa Teresa Benedicta de la Cruz. Datos que no se pueden silenciar en la vida de una filósofa.
    Un saludo cordial
    Lino

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