“La librería”, de Penelope Fitzgerald

La libreríaLa historia que Penelope Fitzgerald comparte en La librería, aparentemente sencilla, se complica a cada momento con la introducción de numerosos nudos argumentales que hacen de la protagonista una auténtica forastera en su tierra, un pequeño pueblo llamado Hardborough, “una isla entre el mar y el río, que murmuraba y se plegaba sobre sí mismo en cuanto sentía que llegaban los fríos otoñales”.  Y es que la heroína de esta inolvidable novela, Florence, “tenía buen corazón, aunque eso sirve de bien poco cuando de lo que se trata es de sobrevivir”.

Desde las primeras páginas, Fitzgerald (de quien se ha dicho que es “la más privilegiada heredera de Jane Austen”), nos envuelve en una atmósfera incómoda, a caballo entre la angustia y la ilusión, que hace de Florence Greene una suerte de títere que lucha por deshacerse de unos hilos en ocasiones demasiado rígidos (representados por los convencionalismos sociales y una anquilosada tradición), aunque la fatalidad a la que sus convecinos pretenden desplazarla, con contadas excepciones, no tendrá el resultado esperado.

Si bien al principio Florence lleva con cierto recato la iniciativa de su negocio libresco, los habitantes de Hardborough acaban por enterarse y, por supuesto, comienzan a chismorrear: “-Dicen por ahí que está usted a punto de abrir una librería. Eso significa que no le importa enfrentarse a cosas inverosímiles”. En un entorno que destila espíritu pragmático, nadie entiende qué sentido puede guardar una empresa cultural que tenga por objeto la venta de libros -como no sea para conciliar el sueño-. En este contexto, el libro, al igual que la vida de la protagonista, es concebido como una rareza, como algo inverosímil que se volverá en contra de la dinámica de la vida de Hardborough.

No desvelaremos el final, aunque en esta novela quizás sea el desenlace lo menos importante. Lo auténticamente relevante es la voluntad inquebrantable de Florence por abrirse paso en un contexto que, aunque propio y conocido, le es hostil, y en cuyo camino tendrá como únicos compañeros a una inquietante niña, a un desconocido consejero y mecenas, y a un turbador poltergeist afincado en la librería.

Un verdadero homenaje a la buena literatura, a los libros y al oficio de librero que entretendrá pero, sobre todo, hará rechinar la conciencia del lector.

Un buen libro es la preciosa savia del alma de un maestro, embalsamada y atesorada intencionadamente para una vida más allá de la vida y, como tal, no hay duda de que debe ser un artículo de primera necesidad.

Palabras de Florence Greene, protagonista de La librería

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