En busca del joven Marx

El principal problema al que se enfrenta no sólo el estudio, sino también el mero recuerdo de Karl Marx, es que la tradición le ha convertido en un mero ideólogo. A pesar de que esto no sea ni mucho menos tan cierto como tanta gente cree, hay que reconocer que la ciencia en ocasiones no es –¡ni puede ser!- políticamente inocua.

El propio Marx prescinde en la redacción de El Capital de cuestiones psicológicas o culturales, explicando que la propia ley del capitalismo determina y obliga al capitalista a disfrutar de cierto lujo y ostentación.

Marx Engels

Marx y Engels

Y así es, desde luego, porque la compulsión a acumular es tal en la sociedad actual que el capitalista precisa constantemente de más y más créditos bancarios que permitan producir a cada momento cantidades a su vez más y más monstruosas, que propicien, en paralelo, un consumismo más y más voraz. Y todo ello en el contexto de una sociedad global cada vez más estratificada, en la que las desigualdades sociales son poco más que un dato estadístico.

Desde el comienzo de El Capital (en el “Prólogo” mismo, por ejemplo), Marx pone sobre la mesa que:

… aquí se trata de personas solamente en tanto son la personificación de categorías económicas, portadoras de relaciones de clase e intereses determinados. Mi punto de vista, que concibe el desarrollo de la formación económica social como un proceso histórico natural, puede, menos que ningún otro, hacer responsable al individuo de unas relaciones de las que socialmente es su criatura, por mucho que subjetivamente se alce sobre ellas.

El joven Karl MarxPero la investigación del capitalismo, a juicio de Marx, se halla expuesta –en expresión célebre– a “las furias del interés privado”, y por eso, allí donde nos ocupamos de la economía política “la investigación científica libre encuentra no sólo al mismo enemigo que en todas las demás esferas”: la hipotenusa que estudia el matemático, sin embargo, no sangra, ni sufre, ni desfallece, ni se desespera, ni pierde a su familia o a sus amigos, ni suda, ni mucho menos muere, por el hecho de ser objeto de estudio.

El estudio de David Leopold que presentamos, El joven Karl Marx. Filosofía alemana, política moderna y realización humana, supone un auténtico hito en la investigación de los escritos más tempranos del autor de El Capital. Estos pueden caracterizarse por dos notas fundamentales: son sugerentes (da la impresión, explica Leopold, de que contienen ideas que merece la pena analizar en mayor profundidad) y son opacos, su significado no es en absoluto transparente.

Gran parte de estas primeras obras fueron prontamente olvidadas incluso por su propio autor; sus contemporáneos tampoco repararnos apenas en ellas. A comienzos del siglo XX, explica el profesor Leopold, “hasta el más ferviente admirador de la obra de Marx desconocía la existencia de la inmensa mayoría de los textos que constituyen el objeto de estudio de este libro”: por ejemplo, La sagrada familia, La ideología alemana o incluso El manifiesto comunista.

El objetivo principal de esta breve historia es poner de relieve la tardía aparición de los primeros escritos. La mayor parte no se publicó hasta unos cincuenta años después de la muerte de Marx. Además, las circunstancias en las que se editaron y se distribuyeron por primera vez no eran del todo favorables. Aparecieron en una época en la que cada vez se identificaba más el marxismo con la experiencia soviética y con el corpus teórico oficial u “ortodoxo” que se articulaba en torno al régimen. El lenguaje y las inquietudes de los primeros escritos no tenían cabida en la versión autorizada el marxismo.

David Leopold, El joven Karl Marx

Una magnífica y laudable publicación de Akal, con la que consigue enganchar a un público no sólo interesado en el estudio de la obra de Marx, sino también a todos aquellos lectores que busquen una explicación sobre el funcionamiento y constitución del Estado tal y como lo conocemos en la actualidad, de la mano de un autor del que se ha hablado demasiado –aunque no siempre de manera acertada–. David Leopold nos ofrece la oportunidad de introducirnos y disfrutar desde el principio, y con buen pie, en los entresijos de la compleja producción marxiana.

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Un comentario en “En busca del joven Marx

  1. Creo que es apropiada en nuestros días la definición de la ideología como la malversación del ideal, el uso privado, particular e interesado de lo universal y trascendente; pensando, sobre todo, en lo irreconcilable de los ideales con la realidad, y en el uso interesado y despreciable de los que dicen ponerlos en práctica.

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