Los peligros de la razón: ascenso al poder de Hitler en Alemania

el-mito-de-hitler-9788498924138Para los interesados en el estudio de la historia, la sociología, la psicología y la filosofía, el ascenso de Hitler al poder en la Alemania de los años treinta constituye un episodio especialmente interesante, un auténtico paradigma del siglo XX.

En su prolija y muy recomendable biografía de carácter estructuralista, Ian Kershaw menciona varios factores en los que hemos de poner nuestra atención a la hora de analizar los sucesos acaecidos en los momentos previos a la instauración de la Alemania nazi: un caudillaje centrado en una misión ideológica de regeneración nacional (que permitiera al país germano recuperar su prestigio tras el tratado de Versalles) y purificación de la raza, una sociedad con suficiente fe en un líder como para seguir sus objetivos (lo que sin duda recuerda al concepto de “caudillaje carismático” de Max Weber) y, finalmente, una administración fuertemente burocratizada y competente, capaz de planificar y ejecutar una “nueva” política.

En este sentido, en palabras de Kershaw, la dictadura de Hitler “encendió, sobre todo, una señal de aviso que aún arde luminosamente: mostró cómo una sociedad moderna, avanzada y culta puede hundirse con gran rapidez en una barbarie que culmina en una guerra ideológica, una conquista de una rapacidad y una brutalidad difícilmente imaginables y un genocidio como el mundo no había presenciado nunca anteriormente”. Pero, y es lo más reseñable, Kershaw estima –con cierto aire frankfurtiano– que aquellos acontecimientos mostraron de lo que somos capaces, la crisis de la edad moderna y el saldo arrojado por el progreso de la razón.

Hace mucho tiempo que se menosprecia y ridiculiza el poder carismático, pero parece tener hondas raíces y se convierte en un estímulo potente cuando se dan las condiciones psicológicas y sociales adecuadas. El poder caristmático del caudillo no es un mero fantasma: nadie puede dudar que hay millones de individuos que creen en él.

Franz Neumann, Escuela de Frankfurt, 1942

En su Crítica de la razón instrumental (1947), Horkheimer expresaba la convicción de que la razón corría el riesgo inminente de presenciar su propia autodestrucción, debido a una enfermedad que portaba en su mismo corazón: un afán incontrolable de dominio, de imposición. Por otro lado, el establecimiento de una conciencia global ha constituido el declive de la capacidad que nos hace únicos; la subjetivización y formalización de la razón han dado como resultado la aceptación de un nuevo método de evaluar la realidad: el precio de mercado. Lo genuino se ha situado, por inercia, en un estadio inferior, se ha cosificado, y camina hacia la mera utilidad.

Hitler

Esta suerte de mecanicismo valorativo deriva, colateralmente, en un antropocentrismo inevitable e ineficaz; la voluntad humana, en busca de la mera satisfacción, desestima todo proyecto firme y categórico de considerar en sí mismo como valioso lo que constituye un fin definitivo, un término de llegada. Este último movimiento –la llegada– supondría la rendición del pragmatismo, y por tanto, la destrucción de la razón instrumental en este sentido. El régimen autocrático impuesto por la productividad queda, así, reducido a un relativismo resbaladizo, demasiado perspectivista. Es el triunfo de la mayoría, de lo gregario frente a lo individual e inédito: los fines han sido desposeídos de su fundamento racional y se ha impuesto, por tanto, la tiranía del interés masivo del pueblo.

Ahora bien, en relación a la Alemania de Hitler, y a ojos de Horkheimer, ¿quién es el configurador de este mundo, qué o quién ejerce como demiurgo en la sociedad de yoes? Buscamos instituir un super-yo social, una razón objetiva que dicte ciertas ideas eternas de las que valernos como fines. La pregunta por la racionalidad de tales fines ha quedado absorbida y eclipsada por la cuestión sobre la validez y adecuación de los medios a un plan de acción determinado. El pragmatismo sólo calcula, dirime las posibilidades existentes, y las traduce en fines mediatizados. En una palabra: Horkheimer entiende que la razón de su tiempo se halla sumida en una profunda crisis; aquella se inscribe en un proceso que mediatiza los fines: se trata de su automaquinización, servida por los intereses de la autoconservación plácida y práctica del impulso arrollador de la masa.

Si algo muestra el ejemplo de Alemania, a juicio de Élisabeth Roudinesco, quien se apoya en Horkheimer y Adorno para trazar las líneas principales de uno de los capítulos de su obra Nuestro lado oscuro, es que los ideales del progreso pueden llegar a invertirse muy fácilmente hasta desembocar en una autodestrucción radical de la razón. El nazismo inventó, para Roudinesco, un modo de criminalidad que “pervirtió no solo la razón de Estado sino, en mayor medida todavía, la pulsión criminal en sí, puesto que en semejante configuración el crimen se comete en nombre de una norma racionalizada y no en cuanto expresión de una transgresión o de una pulsión no domesticada”. Es decir: no es que los crímenes nazis se llevaran a cabo bajo capa de irracionalismo, sino más bien sobre la base de un concepto de razón que produce peligrosas certezas sobre lo catalogable como “racional”, una nueva concepción del hombre, regenerado por la ciencia, por la razón y por autosuperación.

A partir de la lectura de los trabajos de Lorenz, Primo Levi sostenía que Auschwitz era a todas luces el resultado de una inversión de la razón. No obstante, convertía este sistema en el síntoma de un despertar de los instintos más asesinos en el hombre. La apariencia modesta y banal de los genocidas, decía en sustancia, concuerda plenamente con la racionalidad anónima y ciega de las grandes instituciones modernas.

Roudinesco, Nuestro lado oscuro

En paralelo, hoy asistimos a una crisis de motivaciones políticas y sociales –propiciadas por la también crisis económica– que bien podrían asemejarse a las que acaecieron en aquella Alemania indefensa del período inmediatamente posterior a la primera guerra mundial, y en este sentido, sería muy ventajoso examinar la tendencia actual de la masa a “acaudillarse” bajo el mandato de un líder de tendencia positivista que dictara lo que hay o no hay que hacer en nombre de la racionalidad. Peligro, si cabe, aún más ominoso, cuando tal racionalidad es dictada por el devenir de los mercados financieros mundiales.

Anuncios

¡Deja un comentario!

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s