“Poemas de amor efébico”: pederastia y homosexualidad en la Grecia antigua

Poemas de amor efébico. Antología Palatina, libro XII. Akal: Madrid, 2011. 208 pp., 7,50 €. Edición de Ramiro González Delgado.

Eros PaelinckEn la introducción de esta interesante obra, leemos que “la pederastia fue una institución arraigada en diversos ámbitos de la sociedad griega y su rasgo definitorio fundamental era la ‘pedagogía’ del joven amado (erómenos) por parte del amante (erastés) adulto”. Ya en la filosofía griega (Platón, Sócrates o los estoicos) se evocaba una imagen idealizada de la pederastia como un impulso puro y benéfico, libre de contacto sexual.

Los epigramas recogidos en este volumen reflexionan sobre el poder de Eros y analizan diversos aspectos de la divinidad: gozo y belleza, pero también un sufrimiento que reconoce la debilidad del individuo ante su poder y las fuerzas que éste y su círculo desencadenan. El tempus fugit de la adolescencia y el disfrute inmediato o carpe diem aparecen asociados en varios de los epigramas; la exhortación al goce ante la brevedad de la existencia o, especialmente, ante la pérdida de la belleza, es un tópico literario que se remonta a épocas y civilizaciones muy antiguas. Se puede decir que la pederastia fue una relación educativa entre individuos libres que terminaría convirtiéndose en un ideal estético: la belleza del joven torna en un alto valor, y prueba de ello es que, por ejemplo, el amor que observamos en los diálogos de Platón no es más que una sublimación filosófica del eros pedagógico ateniense.

De Estratón

Me complace el muchacho de doce años; pero más deseable que éste es con mucho el de trece. El que tiene catorce es la más dulce flor de los amores, pero más encantador es el que acaba de cumplir los quince. El año decimosexto es propio de dioses. Al de diecisiete no me toca a mi buscarlo, sino a Zeus. Si alguno desea un muchacho de más edad, ya no juguetea, sino que busca “responde dándose la vuelta”.

Eros y Psique

“Eros y Psique”, Canova

El título de la Antología Palatina en su libro XII reza La musa de los muchachos, nombre de la obra de Estratón de Sardes, principal poeta de este libro que contiene poemas de amor pederástico. Sin embargo, ya nos avisa el editor en la mencionada introducción, este tema, fuera del contexto helénico de la antigüedad, puede ser malinterpretado, pues “la pederastia en la antigua Grecia no se refería al abuso sexual cometido contra un niño, sino la relación de índole sexual entre un adolescente de familia de buena posición social y un varón adulto (pedagogo, maestro, amigo del padre…)”. La pederastia fue una institución arraigada, decíamos, y en diversos filósofos y escuelas aparecía como una auténtica guía  de los jóvenes hacia la virtud por medio de la amistad.

De Alceo

Protarco es bello, pero no quiere; ya querrá luego: la edad hermosa con su antorcha apura.

De esta manera, la obra que presenta Akal supone un acercamiento al erotismo homosexual que siempre estuvo en Grecia muy condicionado culturalmente, preñado de un fuerte componente pedagógico asumido, propiciado y justificado. En El Banquete, diálogo platónico, observamos cómo en el dominio de la paideia (o educación) aristocrática, el amante (siempre superior en edad y con experiencia de la vida noble) instruye al joven amado, normalmente adolescente e inexperto. En este sentido, la mujer se halla encaminada al matrimonio y a la producción de hijos legítimos, o bien al concubinato, mientras que queda excluida del eros elevado.

Ramiro González Delgado explica que “socialmente la pederastia estaba tan bien vista por los griegos que éstos se jactaban de que fuera una institución típicamente helénica. Incluso dioses griegos como Zeus, Apolo o Dioniso la practicaron. Por eso, hemos considerado conveniente subtitular el libro XII de la Antología Palatina como ‘Poemas de amor efébico’. Efébico en griego […] es un adjetivo que describe y denomina a un adolescente físicamente muy bello y los griegos, por encima de todo, amaban la juventud y la belleza“.

De Meleagro

Alma que lloras lágrimas amargas, ¿por qué la herida de Ros ya cicatrizada de nuevo en tus entrañas se enciende? No, no, por Zeus, por Zeus, insensata, no alientes el fuego que bajo las cenizas brilla. Pronto, olvidadiza de desdichas, otra vez, si mientras le rehúyes te atrapa Eros, te maltratará como si encontrara a un fugitivo.

Poemas de amor efébico_485x772Así, este libro XII es la colección más amplia conservada de epigramas dedicados a la pederastia, término con el que en la Grecia antigua se hacía referencia a la relación de índole sexual más arriba explicitada y que socialmente era totalmente aceptada. Los poemas contenidos en esta obra ineludible para los interesados en conocer las costumbres de aquel tiempo, abarcan un gran segmento tanto espacial (de la Grecia de Asia Menor a la Roma helenizada) como temporal (del siglo VI a.C. al II d.C.), por lo que ya algunos autores no sienten el componente educativo de la pederastia, presente en sus orígenes, y escriben epigramas abiertamente homosexuales.

Los breves poemas muestran la adoración por la belleza masculina, los desengaños amorosos y la exhortación a los jóvenes a que aprovechen su esplendor juvenil antes de que les salga el vello, pues este hecho supone el ocaso de la belleza y el fin de la condición de erómenos (adolescente de familia de buena posición social). La pederastia y la pasión amorosa se conjugan en algunos casos con temas pornográficos que reflejan una sociedad urbana, tolerante y hedonista en la que el placer sexual no estaba vetado.

Una obra única para acercarse a la homosexualidad en la Grecia antigua. Los griegos, como ningún otro pueblo, elevaron al máximo rango moral y social la pederastia, que se convirtió en toda una institución, sobre todo bajo el dictamen de Solón. En Atenas el muchacho que entraba en relación con un adulto aprendía las virtudes y los deberes del ciudadano:

… era de muy buen gusto y de alto valor ético que un erastés (así se le consideraba a partir de los veinticinco años), con su reglamentaria barba en pico, se encaprichase de un erómenos o efebo, que según la legalidad vigente había de estar entre los doce y dieciocho años. El mayor se hacía cargo de la educación y de la orientación en la vida del joven y, entre tanto, intercambiarían ambos amor y goces carnales como hitos de paso preparatorios para la edad adulta.

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3 comentarios en ““Poemas de amor efébico”: pederastia y homosexualidad en la Grecia antigua

  1. La costumbre es solo una cuestión de moda. Por eso el término “buenas costumbres” es relativo y subjetivo. Con la llegada del sexonegativismo del cristianismo oficial, la pederastia se convierte en pecaminosa y repudiable…aunque no en lo interno de la Iglesia, eso lo sabemos.

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  2. Por favor, dejemos de difundir la mentira de que la pederastia griega era una relación de carácter homoerótico, porque no es cierto. Era una institución de carácter educativo, como hoy pueda ser el colegio, sólo que en lugar de preparar a los niños para ser guerreros, lo hacemos para ser trabajadores. Decir que la relación pederástica griega era de carácter sexual es como decir que los colegios modernos son burdeles para niños.

    De hecho, toda la bibliografía que váis a encontrar aseverando esa burrada es posterior al siglo XIX. Los griegos documentaron bien su historia y su cultura, pero no existe ningún documento de la época que atestigue que la pederastia fuera de carácter sexual. En cambio, existen documentos de la época que atestiguan que el sexo entre varones no era una conducta bien vista. El mismo Platón dice en sus “Leyes”: “Cuando el varón se une con la mujer para procrear, el placer experimentado se supone debido a la Naturaleza, pero es contrario a la Naturaleza cuando un varón se aparea con un varón, o una mujer con una mujer, y aquellos culpables de tales enormidades están impulsados por su esclavitud al placer. Todos censuramos a los cretenses por haber inventado el mito de Ganímedes” y “Podríamos forzar una de dos en las prácticas amatorias: o que nadie ose tocar ninguna persona nacida de los nobles y libres excepto el marido a su propia esposa, ni a sembrar ninguna semilla profana o bastarda en concubinato, ni, contra la Naturaleza, semilla estéril en varones. O deberíamos extirpar totalmente el amor por varones”.
    Demóstenes especifica que aquellos que los homosexuales ““no tendrán el derecho a hablar ni a presentar un caso ante un juzgado”. El orador Esquines, nos relata en su “Contra Timarco” las leyes de Solón, en las que la homosexualidad se llega a penalizar con la ejecución… Las “perlas” homófobas en diversos autores griegos de la época clásica son incontables, lo cuál lleva a pensar que no era precismanete una sociedad permisiva con la homosexualidad. Por supuesto, no hablamos del lesbianismo, pues, salvo algunas excepciones, la mujer griega, en comparación a la Europa de nuestros días, era poco más que un cero a la izquierda.

    Así que:
    1) “Pederastia” no significaba “sexo con menores”
    2) Los griegos no negaron la homosexualidad, pero de ahí a que fuera generalizada en el ejército y bien vista va un abismo. El mito de la permisividad con la homosexualidad en la antigua Grecia es como el de la democracia: nunca existió.

    De hecho, y a pesar de todo lo bueno que nos legaron los antiguos griegos, lo cierto es que para nosotros hoy Atenas sería lo más parecido a un sistema fascista, así que, por favor, dejemos de inventar la historia.

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